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Escapar de la
Matriz Copyright © 2000 Richard K. Moore Como se
publicó en Whole Earth Magazine, (#101), Verano 2000.
La
intención de la trama es metafórica, y el paralelo que atrajo mi atención
tiene que ver con la realidad política. Este artículo presenta una
perspectiva singular sobre lo que está pasando en el mundo -y cómo las cosas
llegaron a ser de este modo- en esta era de globalización. Desde esa
perspectiva de la píldora roja, la realidad de los medios de comunicación y
del consenso cotidiano general -como la Matriz en la película- aparecen como
una ilusión colectiva inventada. Como Neo, yo no sabía qué estaba buscando al
comenzar mi investigación, pero sabía que lo que me estaban diciendo no tenía
sentido. Leí numerosas historias y biografías y observando las conexiones
entre ellas, empecé a desarrollar mis propias teorías sobre los orígenes de
diversos sucesos históricos. Me encontré esencialmente de acuerdo con
escritores como Noam Chomsky
y Michael Parenti, pero también percibí importantes
características comunes que otros parecen haber pasado por alto. Cuando
empecé a seguir las fuerzas históricas, e interpretar los sucesos de nuestros
días desde una perspectiva histórica comencé a ver una recurrente dinámica en
operación, muy diferente de lo que proclamaban las declaraciones oficiales.
Después de todo, tales declaraciones son fanfarria de relaciones públicas,
utilizada por políticos que quieren atraer a los votantes. La mayoría
esperamos esa retórica de los políticos, y tomamos lo que dicen como algo
adornado. Pero a medida que fui enfocando mi propia
visón de la realidad actual, eso de "algo adornado" ya no resultó
una descripción adecuada. Comencé a ver que esa realidad del consenso general
-generada por la retórica oficial y amplificado por los medios de
comunicación- presenta muy escasa relación con la realidad real. "La
matriz" era una metáfora para la que me encontraba listo. En la
realidad del consenso general (la perspectiva de la píldora azul) la
"izquierda" y la "derecha" son los dos extremos del
espectro político. La política es un tira-y-afloja entre facciones en
competencia, desarrollado por los partidos políticos y los representantes
elegidos. La sociedad es llevada de aquí para allá dentro del espectro
político, según los intereses del partido que haya ganado la última elección.
La izquierda y la derecha son, por consiguiente, enemigos políticos. Cada
lado está convencido de que sabe cómo mejorar la sociedad; cada uno cree que
el otro disfruta de una influencia desmedida; y lo reprocha por el
estancamiento político que al parecer impide a la sociedad enfrentar
eficazmente sus problemas. Esta
perspectiva del proceso político, y de los roles de la izquierda y la
derecha, está muy lejos de la realidad. Es una ilusión colectiva inventada. Morpheus le dice a Neo que la Matriz es "el mundo que fue plantado ante sus ojos para
esconderle la verdad... Mientras exista la Matriz, la humanidad no puede ser
libre." La
realidad del consenso político es precisamente tal matriz. Después echaremos
una mirada fresca al papel de la izquierda y la derecha, y a la política
nacional, pero primero debemos desarrollar nuestra perspectiva histórica de
píldora roja. He tenido que condensar los argumentos a lo más esencial; por
favor vea las citas al final del documento original (en inglés), para
tratamientos más completos de temas particulares. Desde
los tiempos de Colón hasta 1945, los asuntos mundiales estuvieron dominados
principalmente por la competencia entre las naciones Occidentales
[principalmente Europa Occidental, a la que se le suma después los Estados
Unidos] pretendiendo demarcar sus esferas de influencia, controlar las rutas
marinas, y explotar los imperios coloniales. Cada poder Occidental se
convirtió en el centro de una economía imperialista cuya periferia era
manejada para beneficio de la nación centro. El poderío militar determinaba
la extensión de un imperio; se iniciaba una guerra cuando una nación centro
sentía que tenía poder suficiente para extender su periferia a costa de una
competidora. Se mantenía atrasadas a las economías y
sociedades de la periferia para mantener a sus poblaciones bajo control,
proporcionando mano de obra barata, y garantizar mercados para los productos
generados en el centro. El imperialismo no sólo despojó a la periferia de sus
riquezas sino que además de su capacidad de desarrollar sus propias
sociedades, culturas, y economías de una manera natural para beneficio local.
La
fuerza directriz del imperialismo Occidental, desde cuando Isabel comisionó a
Colón en su primer viaje empresarial, siempre ha sido la búsqueda de
rendimientos económicos. La retórica del imperio acerca de las guerras, sin
embargo, ha sido típicamente sobre otras cosas - la Carga del Hombre Blanco,
llevar la verdadera religión a los paganos, el Destino Manifiesto, derrotar
el Peligro Amarillo o a los Hunos, buscar el lebensraum, o hacer al mundo
seguro para la democracia. Cualquier motivación era inventada para la guerra
o el imperio, con tal de tranquilizar la conciencia colectiva de la población
de esos tiempos. Las mentiras propagandistas de ayer fueron registradas y se
convirtieron en la historia de consenso - el tejido de la matriz. Mientras
los costos territoriales del imperio (flotas, administraciones coloniales,
etc.) eran sobrellevados por los contribuyentes Occidentales en general, las
ganancias del imperialismo eran disfrutadas principalmente por corporaciones
privadas e inversionistas. El gobierno y las élites
corporativas eran socios en el negocio del imperialismo: los imperios le
daban poder y prestigio a los líderes gubernamentales, y poder y riqueza a
los líderes corporativos. Las corporaciones ejecutaban el negocio real del
imperio mientras los líderes gubernamentales inventaban nobles excusas para
las guerras que fueran necesarias para mantener el negocio en operación. La
realidad de la matriz se refería al patriotismo, honor nacional, y causas
heroicas; la verdadera realidad estaba totalmente en otro plano: el de la
economía. La industrialización, que empieza hacia finales de los 1700s, creó
una demanda por nuevos mercados y el aumento de las materias primas; ambas
demandas estimularon una acelerada expansión imperial. Los inversionistas
adinerados amasaron fortunas armando operaciones industriales y comerciales
en gran escala, produciendo la aparición de una influyente élite capitalista. Como
toda élite, los capitalistas usaron su riqueza e
influencias para promover sus propios intereses por todos los medios
posibles. Y los intereses del capitalismo siempre se reducen al crecimiento
económico; los inversionistas deben cosechar más que lo que siembran o el
sistema entero se atasca chirreando. Así,
capitalismo, industrialización, nacionalismo, guerra, imperialismo -y la
matriz- co-evolucionaron. La producción
industrializada de armamentos proporcionó la fuerza para la guerra moderna, y
el capitalismo proporcionó el apetito para usar esa fuerza. Los
líderes gubernamentales desarrollaron las políticas necesarias para expandir
el imperio mientras creaban una retórica de matriz, alrededor del
nacionalismo, para justificar esas políticas. El crecimiento capitalista
dependía del imperio, que a su vez dependía de una nación centro fuerte y
estable para defenderlo. Los intereses nacionales y los intereses
capitalistas estaban indisolublemente unidos - o así pareció por más de dos
siglos.
1945
será recordado como el año en que terminó la Segunda Guerra Mundial y se
rompió el núcleo atómico. Pero 1945 marcó, también, otra fisión memorable -
la rotura del vínculo entre intereses nacionales y capitalistas. Después de
cada guerra anterior, y en muchos casos luego de grandes devastaciones, las
naciones europeas se habían recompuesto y vuelto a su competencia por
desarrollar sus imperios. Pero después de la Segunda Guerra Mundial, se
estableció una Pax Estadounidense. La bandera de
los EEUU comenzó a administrar todas las periferias occidentales a favor del
capitalismo en general, impidiendo que las potencias comunistas interfirieran
en el juego. Las
potencias capitalistas ya no necesitaron pelear por dominios de inversión, y
se reemplazó el imperialismo competitivo por el imperialismo colectivo (vea
columna lateral). Las oportunidades de desarrollo del capital ya no
estuvieron ligadas al poderío militar de las naciones, excepto por el poder
de los EEUU. En su Matando la
esperanza: intervenciones de los EEUU y la CIA desde la Segunda Guerra
Mundial, William Blum describe cientos de
significativas intervenciones encubiertas y abiertas, mostrando cómo los EEUU
desarrollaron su rol de administración imperial.
En los
años de la posguerra, la realidad de la matriz se alejó aun más de la
realidad real. En el mundo de la matriz de posguerra, se había abandonado el
imperialismo, y se estaba "democratizando" el mundo; en el mundo
real, el imperialismo se había organizado mejor haciéndose más eficiente. En
el mundo de la matriz, los EEUU "restablecían el orden", o
"acudían en ayuda" de naciones que estaban siendo
"desestabilizadas por la influencia Soviética"; en el mundo real,
la periferia estaba siendo reprimida y explotada sistemáticamente. En el
mundo de la matriz, los beneficios iban hacia la periferia, en la forma de
innumerables programas de ayuda; en el mundo real, se estaba extrayendo una
inmensa riqueza desde la periferia. Crecientes
fallas en la matriz no fueron advertidas por la mayoría de la gente en
Occidente, pues los años de posguerra trajeron niveles sin precedentes de
prosperidad occidental y progreso social. La
retórica aseguraba que el progreso llegaría a todos, y los occidentales
podían verlo materializándose en sus propios pueblos y ciudades. El Occidente
se convirtió en el núcleo colectivo de un imperio global, y el desarrollo
explotador condujo a la prosperidad de las poblaciones occidentales, a tiempo
que generaba inmensas riquezas para las corporaciones, los bancos y los
acaudalados inversionistas de capital.
La
agenda paralela de explotación del Tercer Mundo y prosperidad Occidental
funcionó eficientemente por las dos primeras décadas de posguerra. Pero en
los 60s, grandes números de occidentales, particularmente los jóvenes y bien
educados, comenzaron a notar fallas en la matriz. En Vietnam, el imperialismo
estaba demasiado desnudo como para enmascararlo como algo distinto. Una gran
ruptura apareció en la conciencia pública de EEUU, a medida que millones
protestaban contra la guerra y por los derechos civiles, rompiendo el
consenso inventado en los 50s y delatando la realidad de la explotación y
represión tanto interna como hacia fuera. Surgió
el movimiento ambientalista, desafiando incluso la explotación del mundo
natural. En Europa, 1968 se unió a 1848 como un hito de protesta popular. Estos
desarrollos perturbaron a los planificadores de la élite.
Se estaba desafiando la estabilidad del régimen de posguerra desde el
interior del núcleo - y la fórmula de prosperidad occidental ya no
garantizaba la pasividad pública. Un informe publicado en 1975, el Informe de
la Comisión Trilateral sobre Gobernabilidad de las Democracias, permite
vislumbrar la manera de pensar de los círculos de élite.
Alan Wolfe discute este informe en el aclarador Trilateralismo,
de Holly Sklar. Wolfe discute el análisis presentado por el profesor Samuel
P. Huntington, de Harvard,
presentado en la sección del informe titulada "La Crisis de la
Democracia". Huntington es un bien articulado
promotor de los giros de política de élite y
contribuye artículos centrales a publicaciones como Foreign
Affairs, del Consejo de Relaciones Exteriores. Huntington nos dice que las sociedades democráticas "no
pueden funcionar", sino con una ciudadanía "pasiva". El
"levantamiento democrático de los 60s", representaba un
"exceso de democracia", que debía ser reducido si los gobiernos
había de llevar adelante sus políticas nacionales e internacionales
tradicionales. La idea de Huntington sobre
"políticas tradicionales" queda clara en un pasaje del informe: "Si EEUU fue gobernado por alguien durante las
décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial, fue por el Presidente con el
apoyo y cooperación de individuos clave y grupos en la oficina ejecutiva, la
burocracia federal, el Congreso y los más importantes bancos, firmas de
abogados, fundaciones y medios de comunicación, que constituyen "La
Institucionalidad" (the Establishment)
del sector privado." En
estas pocas palabras, Huntington revela que la
democracia electoral tiene muy poca relación con cómo se gobierna los EEUU, y
resume el tipo de personas incluidas en la comunidad de planificación de élite. ¿Alguien necesita teorías de conspiraciones cuando
las maquinaciones de élite están claramente
descritas en documentos públicos como éste? Además
de no proveer pasividad popular, el modelo de prosperidad para las poblaciones
occidentales mostraba otra falencia, relacionada con el éxito económico de
Japón. Bajo el paraguas de la Pax Estadounidense,
Japón había sido conseguido industrializarse y convertirse en contrincante
imperial - la prohibición del rearme japonés se había tornado irrelevante.
Con el estándar de vida japonés más bajo, los productores japoneses pudieron
rebajar los precios internacionales y quitarle
mercado a los productores occidentales. El
capital occidental necesitaba una manera de hacerse más competitivo en los
mercados mundiales y la prosperidad occidental obstaculizaba el camino. Los
estrategas de la élite, como mostraba Huntington, eran perfectamente capaces de comprender
estas consideraciones, y los requisitos del desarrollo corporativo creaban
una fuerte motivación para hacer los ajustes necesarios - tanto en la
realidad como en la retórica. Si se
podía sacrificar la prosperidad popular, había muchas maneras obvias de hacer
más competitivo al capital occidental. Se podía mudar la producción a otros
países con menores salarios, dejando subir el desempleo en casa. Se podía
atacar los sindicatos y forzar la reducción de salarios, y empujar a la gente
a empleos temporales y de jornada parcial, sin beneficios sociales. Se podía
eliminar las regulaciones sobre las corporaciones, reducir los impuestos
corporativos y de ganancias de capital, y deducir del presupuesto de
servicios públicos la disminución de ingresos fiscales. Se
podía privatizar las infraestructuras públicas, reducir los servicios para reducir
costos, y entonces explotarlas con fáciles ganancias mientras se las dejaba
deteriorarse por abandono. Estos
son precisamente los programas y políticas lanzados durante los años de Reagan y Thatcher en EEUU y
Gran Bretaña. Representan un proyecto sistemático de crecimiento corporativo
a costa de la prosperidad y bienestar populares. Tal agenda real podría haber
sido impopular, así es que se fabricó una realidad de matriz correspondiente,
para consumo público. La realidad de la matriz usó términos reales como
"desregulación", "reducción de impuestos", y
"privatización", pero en torno de ellos se tejió una mitología
económica. La
antigua y fracasada doctrina de laissez-faire de los 1800s fue reintroducida
con la ayuda de la escuela de economía de Chicago de Milton Friedman, y "menos gobierno" apareció como el
orgulloso lema moderno en EEUU y Gran Bretaña. Fueron razonables regulaciones
las que reestablecieron la estabilidad financiera después de la Gran
Depresión, y rompieron monopolios anti-competitivos
como el Rockefeller Trust
y AT&T. Pero en
la nueva realidad de la matriz, se consideraba como interferencia burocrática
a todas las regulaciones. Reagan y Thatcher declamaban las virtudes del individualismo y
prometían "sacar el gobierno de las espaldas de la gente". La
insinuación era que los individuos comunes tendrían más dinero y libertad,
pero en realidad los mayores beneficios irían hacia las corporaciones e
inversionistas acaudalados. El
término académico para la economía de laissez-faire es "liberalismo
económico", de modo que la revolución de Reagan
y Thatcher ha sido llamada la "revolución
neoliberal". Esta produjo un cambio radical en la realidad real al
volver a la filosofía económica que condujo a los talleres masivos,
corrupción y monopolios de magnates ladrones en el siglo diecinueve. Produjo
un cambio igualmente radical en la realidad de la matriz - una inversión
completa de la actitud con que se vio al gobierno. Las
políticas de gobierno siempre habían sido criticadas por los medios de
comunicación, pero la institución del gobierno siempre había sido respetada -
reflejando el vínculo tradicional entre nacionalismo y capitalismo. Con Reagan tuvimos un Presidente en ejercicio, diciéndonos
que el gobierno mismo era cosa mala. Muchos de nosotros podríamos haber
estado de acuerdo, pero tal sentimiento nunca antes había encontrado el favor
oficial. Pronto los pueblos norteamericano y británico estaban comenzando a
aplaudir la destrucción de las instituciones democráticas que, justamente, eran
su única esperanza de participación en el proceso político.
El
vínculo esencial entre nacionalismo y capitalismo se rompió en 1945, pero le
tomó tiempo a los planificadores de la élite
reconocer esta nueva condición y comenzar a alinear al sistema mundial con
esta situación. El estado nación Occidental fuerte había sido el baluarte del
capitalismo durante siglos, y las políticas iniciales de posguerra estuvieron
basadas en el supuesto de que así sería indefinidamente. El sistema
financiero Bretton Woods
(el FMI, Banco Mundial, y un sistema de tipos de cambio fijos entre las
principales monedas) se fijaron para estabilizar las economías nacionales, y
se incentivó la prosperidad popular para proporcionar estabilidad política. El
neoliberalismo en los EEUU y Gran Bretaña representaron la primera ruptura
seria con esta estructura de la política - y trajo las primeras señales
visibles de la fisura de la ligazón entre el capital y la nación. El
proyecto neoliberal era económicamente provechoso en los EEUU y Gran Bretaña,
y el público aceptó la mitología económica de la matriz. Entretanto, la
economía global integrada dio lugar a una nueva generación de corporaciones
transnacionales, y los líderes corporativos empezaron a comprender que el
crecimiento corporativo no dependía de los estado-nación
fuertes como centros. De hecho, las naciones Occidentales -con sus
leyes medioambientales, las medidas de protección del consumidor, y otras
formas "interferencia" reguladora- eran una carga sobre el
crecimiento corporativo. Habiendo
sido probado con éxito en la práctica, en las dos "democracias" más
viejas, el proyecto neoliberal se movió hacia la fase global. El sistema Bretton Woods de tasas de
cambio fijas se debilitó, y el sistema financiero internacional se volvió
desestabilizador, en lugar de estabilizador, para las economías nacionales.
Se lanzó el proyecto de comercio libre radical, llevando eventualmente a la
Organización Mundial de Comercio (OMC). La fisura que había empezado en 1945
se estaba manifestando finalmente como un cambio explosivo en el sistema
mundial. El
objetivo de los tratados neoliberales de libre comercio es levantar todos los
controles políticos sobre el intercambio y comercio interno y externo. Las
corporaciones tienen rienda libre para maximizar sus ganancias, sin
considerar las consecuencias medioambientales y riesgos de seguridad. En
lugar de que los gobiernos regulen a las corporaciones, la OMC ahora fija las
reglas del juego para los gobiernos, diciéndoles qué tipo de carne deben
importar, si pueden o no prohibir el asbesto, y qué aditivos deben permitir
en productos del petróleo. Hasta ahora, en cada ocasión en que se ha pedido a
la OMC revisar una regulación de salud, seguridad, o medioambiental, ésta ha
sido eliminada. La
mayoría del mundo se ha convertido en una periferia; el centro imperial se ha
reducido a la élite capitalista misma, representada
por su gobierno mundial burocrático, no representativo, de la OMC. La carga
de un imperialismo acelerado recae más dura fuera del Oeste, donde el FMI usa
los préstamos como una palanca por forzar a las naciones deudoras, como
Ruanda y Corea del Sur, a aceptar paquetes de "reformas" suicidas.
En los 1800s, se empleó el genocidio para despejar América del Norte y
Australia de sus poblaciones nativas y crear espacio para el crecimiento. Hoy, un
programa similar de genocidio ha sido lanzado, al parecer, contra el África
al sur del Sahara. El FMI destruye las economías, la CIA entrena milicias y
agita los conflictos tribales, y el Oeste vende armas a todos lados. El
hambre y las guerras civiles genocidas son el resultado predecible e
inevitable. Entretanto,
el SIDA se esparce desenfrenado mientras la OMC y el gobierno de los EEUU
utilizan leyes de intercambio para impedir que las medicinas lleguen a las
víctimas. Como en
el pasado, será necesaria la fuerza militar Occidental para controlar la
periferia no-Occidental y hacer ajustes al orden político local cuando lo
consideren necesario los planificadores de la élite.
El Pentágono continúa proporcionando la principal fuerza policial, con la
OTAN jugando un papel cada vez mayor. El resentimiento contra el Oeste y
contra el neoliberalismo está creciendo en el Tercer Mundo, y se espera que
la frecuencia de las intervenciones militares aumente. Todo esto debe hacerse
aceptable a las mentes Occidentales, agregando una nueva dimensión a la
matriz. En la
realidad de la matriz actual, se llama al Oeste "la comunidad
internacional," cuyo objetivo es servir a las causas
"humanitarias". Bill Clinton
lo explicitó con su "Doctrina Clinton" en
que (como lo citó el Washington Post) prometió solemnemente, "Si alguien persigue gente inocente e intenta
matarlos en masa debido a su raza, su origen étnico o su religión y está en
nuestras capacidades detenerlo, lo detendremos." Este
tejido de la matriz es, de hecho muy eficaz: ¿quién se opone a prevención del
genocidio? Sólo fuera de la matriz puede uno percatarse de que ese genocidio
es causado por el Oeste en primer lugar, que los peores casos de genocidio
continúan, que la "ayuda" normalmente empeora las cosas (como en
los Balcanes), y que la hábil doctrina de Clinton
le permite intervenir cuándo y dónde él decida. Dado
que los dictadores y la agitación de las rivalidades étnicas son herramientas
normales en el manejo la periferia, un presidente norteamericano siempre
puede encontrar "gente inocente" dondequiera que los planes de la élite requieran una intervención. En la
realidad de la matriz, la globalización no es un proyecto sino el resultado
inevitable de las beneficiosas fuerzas del mercado. En el genocidio en
África, el Oeste no tiene culpa alguna, sino que se debe a antiguas
rivalidades tribales. Cada medida exigida por la globalización es llamada
"reforma" (la palabra nunca se usa con ironía). "Democracia"
y "reforma" frecuentemente se usan juntas, dejando siempre la sutil
impresión que una tiene algo que ver con la otra. Se presenta la ilusión de
que todos los botes económicos están subiendo, y si el suyo no, debe ser por
su propia falla: usted no es suficientemente "competitivo". Los
fracasos económicos se explican como "ajustes temporales", o bien
se culpa a la víctima (como en Corea del Sur o Rusia) por no ser
suficientemente neoliberal. Se hace
referencia a la "confianza de los inversionistas" con el mismo
temor y reverencia que sociedades anteriores podrían haber expresado hacia la
"voluntad de los dioses". La
calidad de vida occidental continúa decayendo, mientras la OMC establece
precedentes legales que aseguren que su autoridad no será desafiada cuando
sus decisiones se vuelvan más draconianas. Las cosas se pondrán mucho peores
en el Oeste; esto fue anticipado en los círculos de élite
cuando el proyecto neoliberal estaba todavía en sus inicios, como se ilustra
en "La Crisis de Democracia", de Samuel Huntington,
el informe discutido más arriba.
El
manejo de las sociedades descontentas Los años de posguerra, sobre todo en
los Estados Unidos, estuvo caracterizados por la
política del consenso general. La mayoría de la gente compartió un
entendimiento común acerca de cómo funcionaba la sociedad, y generalmente
aprobaban cómo iban las cosas. La prosperidad era real y la versión de la
realidad según la matriz era tranquilizadora. La mayoría de la gente la
creía. Esas
creencias se volvieron un consenso general compartido, y el gobierno pudo
llevar a cabo sus planes como estaba pensado, "respondiendo" al
deseo público programado. La
"democracia excesiva" de los 1960s y 1970s, atacó este consenso
compartido desde abajo, y los proyectistas neoliberales decidieron desde
arriba que ese consenso general continuado no valía la pena. Aceptaron que
algunos sectores de la sociedad seguirían dudando de varias partes de la
matriz. Se debía esperar activismo y protestas. Se necesitaría nuevos medios
de control social para enfrentar los movimientos activistas y el creciente
descontento, a medida que el neoliberalismo apretara gradualmente los
tornillos económicos. Tales medios
de control fueron identificados y, desde entonces, han sido implementados,
principalmente en los Estados Unidos. De muchas maneras EEUU fija el ritmo de
la globalización; a menudo se puede ver allí las innovaciones antes de que
ocurran en otras partes. Esto es particularmente cierto en el caso de las
técnicas de control social. El
medio más obvio de control social, en una sociedad descontenta, es una fuerza
policíaca fuerte, sem.-militarizada. La mayor parte
de la periferia ha sido manejada por tales medios por siglos. Esto era obvio
a los proyectistas de la élite en el Oeste, se lo
adoptó como política, y ya ha sido llevado a cabo en su mayor parte. Los
ghettos urbanos y suburbanos -donde se encuentran actualmente más
concentradas las adversas consecuencias del neoliberalismo- se han convertido
en territorios literalmente ocupados, donde las palizas policiales y los
tiroteos injustificados son comunes. Para
que el control policial reforzado pudiera mantener el mando en condiciones de
agitación de masas, los proyectistas de la élite
comprendieron también que gran parte de los Derechos Civiles deberían ser
neutralizados. (Esto no debiera sorprender, dado que los autores de los
Derechos Civiles acababan de pasar por una revolución y estaban buscando asegurar
que las generaciones futuras tuvieran los medios para organizarse y derrocar
a cualquier gobierno opresivo futuro.) El proyecto de la neutralización de
los derechos ha sido implementado en su mayor parte, como lo ejemplifican las
batidas armadas a media noche, la ultrajante práctica de búsqueda-e-incautamiento, leyes anticonspirativas
groseramente amplias, invasión masiva de la privacidad, encarcelamientos
masivos, y la aparición del trabajo esclavo en prisión [vea "KGB-ing America", Tony Serra, Whole Earth, Winter, 1998]. Se ha
cruzado el Rubicón (río del norte de Italia que cruzó César, en 49 AC,
comenzando una guerra civil contra Pompeya, N. del
T.) - las técnicas de represión por mucho tiempo comunes en la periferia del
imperio están siendo importadas al centro. En la
matriz, el género de las películas de cine o TV de drama policial ha servido
para crear una realidad en la que los "derechos" son un chiste, los
acusados son despreciables antisociales, y ningún delincuente es jamás
llevado ante la justicia hasta que algún noble policía o fiscal tuerza las
reglas un poquito. Los funcionarios gubernamentales respaldan este modo de
operar declarando "guerras" al crimen y las drogas; los nobles
policías están librando una guerra allí afuera en las calles-y no se puede
ganar una guerra sin usar los trucos sucios del enemigo. La CIA
juega su papel manejando el comercio internacional de la droga y asegurándose
de que los narcotraficantes de los ghettos estén bien provistos. De esta
manera, la opinión pública norteamericana ha sido llevada a aceptar los
medios de su propia eliminación. Los
mecanismos del estado policial están dispuestos. Serán usados cuando sea
necesario - como vemos en los ghettos y en las crecientes poblaciones
penales, como vimos en las calles de Seattle y
Washington D.C. durante las recientes protestas anti-OMC, y como se sugiere en decretos ejecutivos que le
permiten al presidente suspender la Constitución y declarar la ley marcial
cuando quiera que él lo juzgue necesario. Pero la
fuerza bruta es sólo la última línea de defensa para el régimen de la élite. Los planificadores neoliberales introdujeron
defensas más sutiles en la matriz; una mirada a éstas nos traerá de vuelta a
nuestra discusión sobre la izquierda y la derecha. Dividir
para gobernar es uno de los más antiguos medios de control de masas -
práctica estándar desde, al menos, el Imperio Romano. Esto se aplica al nivel
del capitalismo moderno, donde cada pequeña nación compite con las otras por
inversiones de capital. Dentro
de las sociedades, funciona de la siguiente manera: si cada grupo social es
convencido de que algún otro grupo es la causa de su descontento, la energía
del pueblo se gastará en luchas intergrupales. El régimen se puede mantener a
un lado, interviniendo encubiertamente para agitar las cosas, o para
conducirlas en la dirección deseada. De esta manera, se puede neutralizar el
descontento y se puede reservar las fuerzas para casos excepcionales. En los
prósperos años de posguerra, la política de consenso sirvió para manejar a la
población. Bajo el
neoliberalismo, el faccionalismo programado ha
constituido la primera línea de defensa - la versión de la matriz de dividir
para gobernar. La
conducción encubierta de varios movimientos sociales se ha establecido como
uno de los medios más eficientes para programar facciones y agitarlas unas
contra otras. Los
movimientos religiosos fundamentalistas han sido particularmente útiles. Han
sido usados no sólo dentro de los EEUU, sino también para acrecentar las
divisiones en el Medio Oriente y para otros propósitos a través del imperio.
La energía colectiva y dedicación de los "verdaderos creyentes" los
convierte en potentes armas políticas que los dirigentes de los movimientos
pueden apuntar rápidamente a donde sea necesario. En los EEUU,
esta arma ha sido usada para promover la censura en la Internet, para atacar
los movimientos de mujeres, para apoyar legislación represiva, y, en general,
para fomentar las fuerzas de lo que en la matriz se llama "la derecha".
En la
matriz, las diversas facciones creen que es la competencia entre ellas lo que
determina la agenda política de la sociedad. Los políticos desean votos, así
es que las facciones mayores y mejores debieran tener la mayor influencia, y
sus agendas debieran recibir la mayor atención política. En la realidad, hay
sólo una agenda políticamente significativa en estos días: la maximización
del crecimiento del capital a través del desmantelamiento de la sociedad, la
implementación continua del neoliberalismo, y la administración imperial. La
retórica liberal de Clinton y sus juegos con la
atención de salud y derechos de homosexuales no son resultado de presiones
liberales. Son, más bien, los medios para vender a Clinton
a los votantes liberales para que continúe con los negocios de verdad: pasar
al NAFTA a través del Congreso, promover la OMC, cediendo las ondas de radio
públicas, justificar intervenciones militares, etc. Los
asuntos de genuina importancia nunca son discutidos en la política
eleccionaria - esta es una inconsistencia mayor de la matriz, para los que
tengan ojos para ver.
La
Matriz no puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Bajo la ofensiva de
la globalización, las fallas se están poniendo cada vez más difíciles de
ocultar - como hace poco, con la Guerra de Vietnam, las protestas anti-sistema de noviembre en Seattle,
las más grandes en décadas, apuntaron directamente contra la globalización y
la OMC. Y aun más importante, en Seattle se vio la
convergencia de facciones que la matriz había programado que lucharan entre
sí, como los activistas ecológicos de tendencia izquierdista y los
sindicalistas socialmente conservadores. Seattle representó la punta de un iceberg. Un movimiento de
masa contra la globalización y el régimen de la élite
está listo para encender, como un fuego de matorral
en un día seco y ardiente. El régimen ha estado esperando tal movimiento y
tiene una variedad de defensas a su disposición, incluyendo aquéllas que usó
eficazmente contra los movimientos de los años sesenta y setenta. Para
sobrepasar lo que parece desigualdades aplastantes, el movimiento se debe
escapar completamente de la matriz, y debe arrastrar al resto de sociedad con
él. Mientras
exista la matriz, la humanidad no puede ser libre. Se debe enfrentar toda la
verdad: la globalización es tiranía centralizada; el capitalismo ha durado
más allá de su fecha de expiración; la "democracia" de la matriz es
el régimen de la élite; y las "fuerzas del
mercado" son imperialismo. La izquierda y la derecha sólo son enemigos
en la matriz. En la realidad estamos todos juntos en esto, y cada uno de
nosotros tiene una contribución que hacer por un mundo mejor. Marx se puede haber equivocado como visionario social, pero
reveló la naturaleza del capitalismo. Que no está basado en la productividad
o beneficio social, sino en la búsqueda del crecimiento del capital
explotando todo lo que encuentre en su camino. El
trabajo de los planificadores de la élite es crear
nuevos espacios donde crezca el capital. El imperialismo competitivo
proporcionó crecimiento por siglos; el imperialismo colectivo fue inventado
cuando se necesitó todavía más crecimiento; y luego apareció el
neoliberalismo. Como un cáncer, el capitalismo consume a su huésped y jamás está
satisfecho. Los recursos del capital deben crecer siempre, cada vez más, para
siempre - hasta la muerte del huésped o la superación del capitalismo. La
matriz presenta al capitalismo como equivalente a libre empresa, y define al
estado-socialista-centralmente-planificado como la única alternativa al
capitalismo. En la realidad, el capitalismo no fue gran cosa hasta la
Ilustración y la Revolución Industrial de los tardíos 1700s - y ciertamente
no podemos caracterizar todas las sociedades anteriores como socialistas. La
libre empresa, la propiedad privada, el comercio, la banca, el intercambio
internacional, la especialización económica - todos habían existido por
milenios antes del capitalismo. El capitalismo se arroga el mérito por la
prosperidad moderna, pero el mérito estaría mejor dado a los desarrollos en
ciencia y tecnología [no puedo evitarlo: discutible distinción: está hablando
de organización de la producción y distribución, ¡no del desarrollo de los
medios de producción!, N. del T.]. Antes
del capitalismo, las naciones Occidentales fueron regidas generalmente por
las clases aristocráticas. La actitud aristocrática respecto de la riqueza
estaba enfocada hacia su manejo y mantención. En el
capitalismo, la atención está siempre sobre el crecimiento y desarrollo; lo
que sea que se tenga no es sino la semilla para construir una fortuna todavía
mayor. De hecho, hay infinitas alternativas al capitalismo, y diferentes
sociedades pueden escoger sistemas diferentes, una vez que sean libres para
hacerlo. Como lo puso Morpheus: "Fuera de la matriz todo es posible, y no hay
ningún límite." La
matriz define "democracia" como la competencia de los partidos
políticos, porque éste es un juego que las élites
adineradas por mucho tiempo han aprendido a corromper y manipular. Incluso en
los días de la República romana se entendía bien las técnicas. La democracia
del mundo real sólo es posible si el pueblo mismo participa estableciendo el
rumbo de la sociedad. Un funcionario elegido sólo puede representar de verdad
al electorado después de que ese electorado haya elaborado sus posiciones
-desde lo local a lo global- sobre los problemas vigentes. Para
que esto ocurra, se debe armonizar los intereses de las diversas facciones
sociales a través de la interacción y la discusión. La colaboración, no la
competencia, es lo que lleva a la armoniazación
eficaz. Para
alcanzar el éxito, el movimiento por terminar con el régimen de la élite y establecer sociedades habitables deberá
desarrollar un proceso democrático, y usar ese proceso para desarrollar un
programa de reformas de consenso que armonice los intereses de su base
social. Para ser políticamente exitoso, necesitará extenderse a todos los
sectores de la sociedad y convertirse en un movimiento mayoritario. De esta
manera, el proceso democrático del movimiento puede convertirse en el proceso
democrático de una sociedad civil empoderada de
nuevo. No existe actualmente ninguna teoría adecuada de la democracia, aunque
hay mucho por aprender de la historia y de la teoría. El movimiento deberá
desarrollar un proceso democrático a medida que avance, y ese objetivo debe
ser perseguido tan activamente como la victoria misma. De otro modo, alguna
nueva tiranía reemplazará eventualmente a la vieja. No es izquierda o derecha. Es arriba y abajo.
Aquí estamos todos aquí abajo luchando, mientras la élite
Corporativa ¡están todos allá arriba pasándolo de lo más bien!.. |