El Enemigo como Sistema
Coronel John
A. Warden III, USAF
Desde el
comienzo, éramos una raza de gatos diferentes. Volamos a través del aire en
tanto que otros caminaban por la superficie. - General Carl A. Spaatz
LAS PALABRAS DE SPAATZ constituyen una descripción
acertada de los actuales hombres del aire, del mismo modo como lo fueron hace
medio siglo. Con ligeras modificaciones, también son aplicables a la guerra
estratégica porque ésta es un ejemplar diferente de guerra como la que hemos
conocido a lo largo de la historia.
No es fácil entender
porqué necesitamos despojarnos de muchas de nuestras ideas sobre la guerra. Más
todavía, llevarlo adelante requiere pensar de arriba a abajo pensar desde las
imágenes más grandes hasta las pequeñas antes que hacer una revisión total del
pensamiento que nos presta tan buenos servicios cuando trabajamos con los
problemas tácticos.
Básicamente hay dos modos de pensar inductiva y deductivamente. El primero,
requiere la reunión de muchos hechos pequeños para ver si se puede hacer algo
con ellos. El segundo, parte de principios generales, de los cuales se puede
llegar a conocer los detalles. El primero es táctico, el segundo es
estratégico. En
Los arquitectos se aproximan al problema examinando de arriba a abajo el lugar
donde la gente va a vivir. Primero, imaginan un pueblo con sus zonas para
escuelas, casas y centros de negocios. Cuando tienen todo el plano en su mente,
comienzan a pensar sobre la clase de edificios que irán en cada área. Deciden
sobre el estilo de hogar que creen respondería las necesidades de los probables
residentes. Diseñan una casa partiendo de ideas generales sobre el espacio y el
aspecto. Ya al final del proceso, pueden especificar la clase de ladrillos y la
cantidad que será utilizada. Cada paso progresa desde lo mayor a menor hasta
que finalmente alcanzan ese nivel de detalle en el que pueden confiar en otros
para seguir la obra.
Piense en como los albañiles encararían el problema. En función de su
entrenamiento, comenzarían con la idea de apilar ladrillos, pero no tendrían
manera de saber cómo integrarlos con otros materiales, o cómo se vincularía una
casa con otra, o cómo se dividiría el pueblo. En otras palabras, no se puede
construir un centro poblado comenzando de abajo hacia arriba.
Lo mismo sucede al proyectar una campaña. Si se comienza pensando en los
ladrillos que están en el campo enemigo, es improbable que se elabore un plan
coherente. Por el contrario, si nos aproximamos partiendo de grandes ideas
acerca de los objetivos y de la naturaleza del enemigo, hay una buena
oportunidad de desarrollar algo que valga la pena.
No podemos pensar
estratégicamente si iniciamos el proceso elaborador considerando aviones
aislados, salidas o armas o hasta todas las fuerzas militares adversarias. En
lugar de eso, debemos poner atención en el enemigo como un todo, luego sobre
nuestros objetivos, y posteriormente en lo que puede suceder a ese oponente antes
de que nuestros objetivos se conviertan en sus objetivos. Cuando todo esto esté
rigurosamente completo, podemos comenzar a pensar en cómo llegar a producir los
efectos deseados sobre el adversario las armas, los sistemas de lanzamiento, y
otros medios que utilizaremos.
Como estrategas y especialistas operacionales, debemos desembarazarnos de ideas
en las que la característica central de la guerra es el choque de fuerzas
militares.
En la guerra
estratégica, ese choque puede llegar a tener lugar, pero no siempre es
necesario y normalmente debería ser evitado, y casi siempre es un medio para
llegar a un fin, no un fin en sí mismo.
Si vamos a reflexionar estratégicamente, debemos hacerlo respecto al enemigo
cómo un sistema compuesto de numerosos subsistemas. Pensando sobre nuestro
adversario como si fuera un sistema, nos da una oportunidad superior de
forzarlo o inducirlo a que haga de nuestros objetivos sus objetivos, empeñando
así un menor esfuerzo con oportunidades máximas de éxito.
Finalmente, como estrategas del siglo XX, debemos demistificar
considerablemente la guerra. Napoleón y Clausewitz estaban en lo cierto cuando
hablaban de desacuerdos, confusión y moral. Pero eso era cierto en una época
cuando las comunicaciones prácticamente no existían, las armas tenían poco más
alcance y precisión que las de las legiones romanas, la mayoría de las
maniobras se hacían a paso de hombre, las batallas eran ganadas o perdidas en
función de los resultados de decenas de millares de encuentros prácticamente personales
entre soldados que podían verse entre sí a medida que disparaban, y la guerra
estaba mayormente reducida al choque de hombres o buques en lugares limitados
en tiempo y espacio.
Bajo estas circunstancias, la moral estaba respecto a lo material en una
relación de tres a uno. En realidad, lo físico estaba ampliamente relacionado
con el soldado individual y era casi imposible aislar lo intangible, como
moral, desavenencias y confusión, de lo puramente material. Actualmente, la
situación es significativa mente distinta; el combatiente individual se ha
convertido en el director de cosas importantes como tanques, aeronaves, piezas
de artillería, y buques. Los soldados dependen de esos materiales, para dar
cumplimiento a su misión. Desprovistos de ellos, su aptitud para afectar al
adversario es casi nula. No está claro si la ecuación se ha modificado como
para hacer que la relación de lo material respecto a lo moral sea de tres a
uno. Parece más probable que los dos términos sean por lo menos equivalentes. El
advenimiento del poder aéreo y las armas de precisión han hecho posible la
destrucción del aspecto material del enemigo. Esto no quiere decir que la
moral, las desavenencias y la confusión hayan desaparecido totalmente. Es como
decir que ahora podemos ponerlos en una categoría diferente, separados de lo
material. En consecuencia, podemos pensar en términos Generales sobre la guerra
en forma de una ecuación: (Material) x (Moral) = Resultado
En el mundo de hoy, los entes estratégicos, sean estos un estado industrial o
una organización guerrillera, dependen considerablemente de los medios
materiales. Si el término material de la ecuación pudiera ser reducido a casi
cero, la mejor moral del mundo no llegaría a elevar el valor del resultado de
un modo importante. Observando esa ecuación, nos sorprende que el aspecto
material del enemigo sea en teoría perfectamente conocida y predecible. Por el
contrario, en una situación particular, el factor moral el aspecto humano está
más allá del ámbito de lo predecible, porque los hombres son muy diferentes
entre sí. Por eso nuestros esfuerzos de guerra estarán dirigidos
preferentemente hacia el factor material.
En la guerra estratégica, los objetivos son la clave del éxito. Cuando vamos al
combate contra un estado o cualquier ente estratégico,1 debemos (o deberíamos)
tener objetivos, y esos objetivos, para ser útiles, deben ir mucho más allá de
simplemente batir al adversario o destruir sus fuerzas militares. (En verdad,
lo segundo puede ser precisamente lo que no queremos hacer; recuerde, la guerra
en el nivel estratégico no es lo mismo que en el táctico donde casi por
definición se requiere la derrota de las fuerzas tácticas del oponente.)
Después de todo, no vamos a la guerra meramente para sostener un buen combate; más
bien lo hacemos para alcanzar algo de valor político para nuestra organización.
Eso que nosotros queremos lograr puede ser tan extremo como el aniquilamiento
del estado o su colonización. En el polo opuesto, simplemente podemos desear
que el adversario no nos aniquile. Entre medio hay una enorme variedad de
alternativas, algunas de las cuales pueden ser las siguientes: en
En el nivel estratégico, logramos nuestros objetivos provocando cambios a una o
más partes del sistema material del enemigo, hasta que este decida adoptar
nuestros objetivos, o que nosotros les hagamos materialmente imposible su
oposición a los nuestros. A lo último le denominamos parálisis estratégica. Qué
parte del sistema adversario atacaremos (con una variedad de armas que van
desde los explosivos hasta virus informáticos no letales), dependerá de cuáles
sean nuestros objetivos, cuánto quiere resistir el oponente a nuestros
esfuerzos, cuán capaz es, y cuánto poder somos capaces de aplicar material,
moral y políticamente.
Un buen punto para comenzar el examen del sistema enemigo es el centro. Por
definición, todo sistema tiene algún tipo de núcleo orgánico. El núcleo de un
átomo controla las órbitas de los electrones del mismo modo que el sol controla
el movimiento de los planetas. En el mundo biológico, cada organismo tiene un
elemento director que va desde el complejo cerebro humano hasta el núcleo de
una ameba.
Un ente estratégico un
estado, una organización de negocios, una estructura terrorista posee elementos
tanto materiales como biológicos, pero el corazón de todo este sistema y de
cada subsistema es un ser humano que lo conduce y le da sentido. Aquellos que
los dirigen son líderes, sean del país en conjunto o de una parte. Son aquellos
de los cuales depende el funcionamiento de cada subsistema, y los que deciden
que el ente estratégico adopte o no adopte un conjunto distinto de objetivos.
Ellos, los dirigentes, constituyen el centro estratégico, y en una guerra
estratégica deben ser el blanco figurativo, y a veces literal, de cada una de
nuestras acciones.
El modelo de los cinco anillos
Para conseguir que el concepto de un sistema enemigo sea útil y comprensible,
tenemos que elaborar un modelo simplificado. Todos usamos modelos diariamente y
todos comprendemos que no reflejan la realidad. No obstante, nos proporcionan
un cuadro comprensible de un fenómeno complejo de modo que podemos utilizarlo.
Los mejores modelos en el nivel estratégico son aquellos que nos dan la imagen
más simple de una amplia situación. Como necesitamos más información, ampliamos
porciones de nuestro modelo de modo de poder observar más detalladamente los
detalles. Sin embargo, es importante que al construir nuestro modelo y usarlo
siempre, comencemos por lo mayor y continuemos hacia lo menor. El modelo que
constituye una buena aproximación al mundo real es el de los cinco anillos.
Aparentemente describe a la mayoría de los sistemas con una precisión aceptable
y es fácilmente expandible para obtener mayores detalles en la medida que se
requieran. Pensar sobre algo tan grande como un estado es dificultoso, de modo
que iniciemos nuestro examen de los cinco anillos recurriendo a algo más
familiar para nosotros nuestros propios cuerpos (tabla 1).
Tabla 1:Sistemas
Cuerpo
Liderazgo
Cerebro
-Ojos
-Nervios
Elementos-Orgánicos-Esenciales
Alimentos-y-oxígeno
Infraestructura
Vasos-sanguíneos,
huesos,músculos
Población
Células
Mecanismos
de combate
Leucocitos -
En el mismo centro el
núcleo estratégico personal está el cerebro. El cuerpo puede existir sin un
cerebro actuante, pero en tales circunstancias el cuerpo ya no es un ser
humano, o un ente estratégico. (Una entidad estratégica es algo que puede
funcionar por sí misma, y es libre y capaz de tomar decisiones sobre donde se
dirigirá y qué hará.) El cerebro proporciona la conducción y dirección al
cuerpo como un todo y a cada una de sus partes. El, y solamente él es
absolutamente esencial en el sentido de que no puede ser sustituido, y sin él
al cuerpo, aunque técnicamente vivo, no puede seguir operando a un nivel
estratégico. Junto con el cerebro estén los directores que le permiten reunir y
diseminar información interna y externamente. Los ojos y otros órganos entran
dentro de esta categoría.
Todos los sistemas parecen requerir ciertos elementos orgánicos esenciales
normal mente algún tipo de ingreso energético y las propiedades para convertirlo
en otra forma. Para los seres humanos, los elementos esenciales son alimentos y
oxígeno. A continuación y en orden de prioridad están aquellos órganos que
denominamos vitales, como el corazón, los pulmones, y el hígado aquellos que
trasforman o trasportan los nutrientes y el aire en donde el cuerpo pueda
usarlos. Sin esos órganos esenciales,2 el cerebro no puede desarrollar su
función estratégica, y sin el cerebro, esos órganos carecen del control que
precisan para proveer un apoyo integrado.
Nótese aquí que una
máquina puede sustituir a todos los órganos vitales; por el contrario, no hay
mecanismo que pueda hacerse cargo de las funciones estratégicas del cerebro.
Podríamos preguntarnos porqué los órganos vitales no son más importantes o
similares que el cerebro. La razón es que sin la función integradora y
directriz del cerebro, estos órganos nada significan. En sentido opuesto,
teóricamente el cerebro puede ser conservado vivo y en comunicación con el
mundo externo a través de alguna forma de sistema de apoyo a la vida. Bajo
estas circunstancias, todavía sería una persona y aún sería capaz de
influenciar al mundo exterior. Un corazón sin cerebro, por otro lado, es una
bomba muy cara y compleja, sin sentido o aptitud, para actuar o alterar algo.
A continuación pueden considerarse los huesos, los vasos sanguíneos, y los
músculos. Esta infraestructura es importante, pero aquí la tenemos en
abundancia y el cuerpo es capaz de ocuparse de ella.
Siguiendo el examen del cuerpo, podemos observar decenas de millones de células
que llevan alimentos y oxígeno por todo el cuerpo. También son importantes,
aunque podemos perder una moderada porción de ellas y aún sobrevivir.
De este modo, hemos identificado un sistema completo, un cuerpo que puede hacer
cualquier cosa para lo cual haya sido preparado. En un mundo perfecto, no
necesitaría nada más. Desafortunadamente, el mundo no lo es; más bien, está
repleto de desagradables parásitos y virus que atacan al cuerpo en cuanto
pueden. El cuerpo se auto defiende con células especiales protectoras, tales
como las blancas de la sangre. Ellas constituyen el quinto y última parte de
nuestro modelo universal de sistema.
En la medida que reflexionamos sobre cuerpos humanos, lo hacemos en términos de
sistemas; aunque podemos adjudicar varios niveles de importancia a las partes
del cuerpo, ellas realmente constituyen un sistema. Si cualquier elemento del
sistema deja de funcionar, tendrá un efecto de más o menos importancia sobre el
resto del cuerpo. Es interesante notar que, cada parte del cuerpo es a su vez
un sistema. Por ejemplo, el corazón cuenta con un mecanismo de control interno,
aprovecha la energía que le llega, posee una red interna de vasos, tiene
millones de células para hacer el trabajo debido, y cuenta con sus propias
células protectoras especializadas. De ese modo tenemos un ente estratégico o
sistema el cuerpo el que a su vez está compuesto por muchos subsistemas, cada
uno de los cuales tiende a reproducir la entidad total en función del modo como
están organizados.
En el otro extremo del espectro está el sistema solar. El sol es parecido al
cerebro. Está ubicado en el centro y su gravedad mantiene a los planetas en
órbitas ordenadas. Su esencia orgánica es el proceso de fusión que entrega
calor a todo el sistema solar y conserva al sol con dimensiones y masa
apropiadas. Envía su calor y gravedad por medio de la infraestructura espacial
y las órbitas planetarias. Los planetas mismos son similares a las células del
cuerpo o a la gente de un estado. La única cosa que no tiene el sistema es el
quinto componente que lo protegería de ataques externos. Los sistemas
inorgánicos, a diferencia de los orgánicos, carecen de aptitud para
auto-defenderse.
Si algún grupo quisiera destruir el sistema solar, podría hacerlo atacando y
destruyendo cada planeta o simplemente podría destruir el sol (o colocar un
escudo antigravedad en torno a él si quisiera conservarlo con otros
propósitos). Con el sol ausente o bloqueada su gravedad, todos los planetas se
desplazarían hacia el espacio exterior y el sistema solar pasaría a la
historia. Es interesante notar que el efecto de la destrucción del sol sobre la
tierra no se manifestaría hasta dentro de nueve minutos y podría continuar
alguna suerte de vida sobre la superficie durante algún tiempo después.
(Debemos siempre asumir una demora entre los eventos estratégicos y los
subsiguientes efectos tácticos.) La tierra sería irrelevante si el sol, su
centro estratégico su cerebro desapareciese.
Entre el cuerpo y el sistema solar existen artefactos humanos grandes y
complejos como una gran red eléctrica. Tal red eléctrica consiste en un control
central, cuenta con elementos orgánicos esenciales para recibir energía y
convertirla en electricidad, dispone de una estructura de líneas de transmisión,
está dotada con personal que la mantiene en funcionamiento, y tiene personal de
mantenimiento para repararla cuando sufre desperfectos.
Habiendo observado diferentes sistemas con los que tenemos una cierta
familiaridad, advertimos una similitud que se revela en todos ellos. El modelo
que se despliega ante nosotros y que parece describir una cantidad razonable de
diferentes sistemas, tiene cuatro componentes básicos: un liderazgo o dirección
centralizada, elementos orgánicos esenciales, infraestructura, y población.
Suplementariamente, todo sistema orgánico parece contar con un quinto
componente que lo protege de los ataques exteriores o la degradación general.
En otras palabras, tenemos un modelo simple que sirve de mapa para ayudarnos a
interpretar procesos muy complejos.
Si tuviéramos que partir de abajo hacia arriba para comprender algo, así como
un sistema eléctrico, tendríamos que ser expertos en electricidad,
computadoras, mecanismos, materiales y muchas otras cosas. A menos que eso
fuera nuestro trabajo permanente probablemente nunca llegaríamos a saber como
funcionan las cosas. Y los sistemas eléctricos son únicamente uno entre un
número infinito de sistemas de interés para el pensador estratégico y el
planificador de guerra. Puesto que posiblemente no podamos conocer alguno de
esos sistemas en forma detallada, podemos presentarlos de un modo que nos
permitan lograr suficiente aptitud como para trabajar con ellos en el mundo
real y debemos encargarnos de ellos porque constituyen nuestra esencia y la de
nuestros enemigos.
Una vez construido el modelo, podemos buscar semejanzas adicionales que se
apliquen a los sistemas en general. Una de gran importancia es la aparente
aplicabilidad de la segunda ley de la termodinámica. Esta ley natural nos
informa que el movimiento inexorable de las cosas pasa de un estado de orden a
otro de desorden. Nuestros hogares ofrecen buenos ejemplos de la vigencia de
esta segunda ley.3 Todos sabemos que poner la casa en orden demanda una gran
energía y aún más para controlar el proceso de desorden. Sabemos que nuestros
hogares están en un estado constante de deterioro, desde la tendencia de las
ropas y los libros a emigrar de armarios y repisas, y desordenar la casa, hasta
la herrumbre de las cañerías y el escamado de la pintura. Cuanto más complejo
sea un sistema, el mantenimiento tenderá a ser más precario y muy probablemente
la inyección de energía en los sitios equivocados acelerará el movimiento
natural hacia el desorden y hasta el caos.
Puede ser útil para algunos pensar que esos subsistemas orbitan como los
electrones; si los electrones se desplazan sobre distintas órbitas o
desaparecen completamente, el átomo cambia su naturaleza.
Veamos ahora como nuestros modelos son aplicables a entidades estratégicas,
como un estado o un cartel de la droga, y cómo podemos aprovecharlos para
desarrollar planes de campaña. Sin embargo, antes de continuar es imperativo
comprender que la guerra estratégica puede no tener nada que ver con las
fuerzas militares enemigas.
La guerra estratégica procura forzar al estado enemigo u organización para que
haga lo que usted desea. En última instancia, aun puede llegar a ser una guerra
para destruir al estado u organización. Sin embargo, nuestro objetivo es la
totalidad del sistema, no sus fuerzas militares. Si operamos apropiada mente
sobre el sistema, sus fuerzas militares quedarán como un apéndice inútil, sin
el apoyo de la conducción, los elementos orgánicos vitales, la infraestructura,
o la población. Esto no quiere decir que no tengamos que pensar cómo derrotar
directamente a las fuerzas militares adversarias. Verdaderamente habrá
ocasiones en que esa derrota sea el único camino hacia los centros estratégicos
que protegen; en otras ocasiones, podemos no tener lo suficiente como para
atacar a esos centros. Sin embargo, en estos casos también debemos comprender
que las fuerzas militares enemigas son un sistema que está bien descrito por el
modelo de los cinco anillos. La clave del éxito es recordar que los
especialistas estratégicos y operacionales parten de los entes mayores, o sea
el sistema enemigo, y luego se abren camino hacia los detalles pequeños a
medida que sea requerido.
Los cinco
anillos en la guerra estratégica
El concepto del centro
de gravedad es sencillo como tal, pero dificultoso de operar por la
probabilidad de que en alguna oportunidad exista más de un centro, y que éste
tenga un determinado efecto sobre los otros. También es importante notar que en
algunos casos los centros de gravedad solamente están relacionados
indirectamente con la aptitud enemiga para desarrollar operaciones militares
reales. Por ejemplo, un centro de gravedad estratégico para la mayoría de los
estados que han sobrepasado la etapa agraria es un sistema de generación de
energía eléctrica. Sin energía eléctrica, la producción de bienes para usos
civiles y militares, la distribución de alimentos y otros elementos vitales,
las comunicaciones civiles y militares, y la vida en general se torna de lo
difícil a lo imposible. A menos que los intereses comprometidos en la guerra
sean mucho más grandes, la mayoría de los estados harán las concesiones
deseadas cuando su sistema de generación de energía sea suficientemente
presionado o realmente destruido. Si ellos no reclaman la paz, la pérdida del
potencial eléctrico tendrá un efecto devastador sobre sus bases estratégicas,
lo cual a su vez hará que la prosecución y el apoyo a la guerra sea
extraordinariamente difícil especialmente si el sistema energético se corta
rápidamente en días, antes que en meses o años. Obsérvese que la destrucción
del sistema puede tener un escaso efecto a corto plazo en el frente si este
existiere.
Cada estado y cada organización militar tendrán un conjunto exclusivo de
centros de gravedad o vulnerabilidades. Sin embargo, nuestro modelo de los
cinco anillos nos proporciona un buen punto de partida. Nos informa cuáles son
los interrogantes detallados a formular, y sugiere una prioridad para las
preguntas y las operaciones desde las más vitales en el centro hasta las menos
esenciales en el exterior. Esos centros de gravedad, que también son anillos de
vulnerabilidad, son absolutamente críticos para el funcionamiento de un estado.
El más crítico es el anillo del comando porque se refiere a la estructura de
comando enemigo, sea que haya un civil a la cabeza del gobierno o un comandante
militar dirigiendo a una flota, porque es el único elemento adversario que
puede hacer concesiones, adoptar las más complejas decisiones para mantener a
un estado con una orientación particular, o que puede dirigir a un país en la
guerra. En realidad, las guerras se han combatido a lo largo de la historia
para cambiar la estructura (o la mentalidad de) de comando para derrocar al
príncipe, literal o figurativamente o, en otras palabras, para inducir a la
estructura de conducción a hacer concesiones o impedir su ejercicio.
La captura o muerte del
jefe de un estado a menudo ha sido decisiva. En los tiempos modernos, sin
embargo, se ha hecho muy difícil pero no imposible capturar o matar al elemento
de comando. Al mismo tiempo, las comunicaciones de comando se han hecho más
importantes que nunca y por lo tanto son vulnerables al ataque. Cuando estas
comunicaciones sufren un daño elevado, como aconteció en Iraq, la conducción
tiene grandes dificultades para administrar los esfuerzos de guerra; en el caso
de un régimen impopular, la falta de comunicaciones no solamente dificulta el
mantenimiento de la moral nacional en un nivel adecuadamente alto, sino que
además facilita la rebelión de los disidentes.
Cuando el centro de conducción no puede ser amenazado directamente, la tarea
consistirá en aplicar suficiente presión indirecta hasta que ese elemento
director racionalmente concluya que es preferible hacer concesiones, perciba
que otras acciones son imposibles, o que materialmente sea desprovisto de la
aptitud para continuar en un rumbo determinado, o para seguir combatiendo. El
elemento de comando normalmente llegará a esa conclusión como consecuencia del
grado de destrucción logrado sobre los anillos que lo rodean. Ante la falta de
una respuesta racional de parte del elemento director enemigo, es posible
dejarlo impotente imponer la parálisis estratégica destruyendo uno o más de los
anillos estratégicos externos o centros de gravedad.
El siguiente anillo más crítico contiene los elementos orgánicos esenciales.
Tales elementos son aquellos procesos y facilidades sin los cuales el estado o
la organización no se pueden mantener. No necesariamente están directamente
relacionados con el combate; en muchos casos, la industria vinculada con la
guerra puede no ser muy importante respecto a la industria bélica. Por ejemplo,
consideremos el efecto que tendría sobre un cartel de droga la detención de la
producción. Así como nada sucedería instantáneamente en la tierra si
desapareciera el sol, el cartel no se esfumaría inmediatamente. No obstante,
queda totalmente claro que el sistema tendría que cambiar dramáticamente o
perecer.
A nivel de estado, el aumento del tamaño de las ciudades en todo el mundo y la
necesidad de los derivados de la electricidad y el petróleo para mantener su
funciona miento, han puesto en la mayoría de los países a esos dos productos en
la categoría de los vitales. Si los elementos orgánicos esenciales ya sean
generados internamente o importados son destruidos, la vida se hace difícil y
el estado queda incapacitado para emplear armamento moderno y debe hacer
grandes concesiones, como puede ser renunciar a la realización de operaciones
ofensivas fuera de sus propias fronteras. Según sea el tamaño del estado y la
importancia que le adjudica a sus objetivos, aun los daños menores a las
industrias vitales pueden inducir al elemento de conducción a hacer
concesiones. Las concesiones pueden realizarse porque el daño a los elementos
orgánicos esenciales:
a. conduce al colapso del sistema.
b. hace materialmente dificultoso o imposible mantener una determinada política
o combatir.
c. tiene repercusiones políticas o económicas internas que hace muy costoso
sostenerlas.
El número de objetivos relativos a elementos orgánicos vitales, aun en un gran
estado, es razonablemente pequeño, y cada uno de los blancos dentro de los
subsistemas, como la producción de energía y la refinación de petróleo, son
frágiles.4
El tercer anillo más crítico es el de la infraestructura. Contiene el sistema
de trasporte del estado adversario el sistema que moviliza las mercaderías
civiles y militares y los servicios en torno de toda el área de operaciones del
estado. Incluye líneas ferroviarias, aerolíneas, carreteras, puentes,
aeropuertos, puertos, y una cantidad de otros sistemas análogos. Involucra a la
mayoría de la industria del país porque no entra en la categoría de los
elementos orgánicos esenciales. Tanto para fines militares como civiles, es
necesario mover mercaderías, servicios, e información de un punto a otro. Si
ese desplazamiento se hace imposible, el sistema estatal rápidamente disminuye
su dinamismo y por lo tanto su aptitud para resistir las imposiciones de su enemigo.
En comparación con los sistemas de elementos orgánicos vitales, hay una mayor
disponibilidad infraestructural y más duplicaciones; por consiguiente se
requerirá un esfuerzo superior para hacer daño suficiente como para lograr un
determinado efecto.
El cuarto anillo más crítico es la población. Dejando de lado las objeciones
morales, es difícil atacar directamente a la población. Hay demasiados blancos
y, en muchos casos, especialmente en un estado policial, la población puede
absorber un grave sufrimiento antes de que se vuelva contra su propio gobierno.
El ataque indirecto sobre la población, como Vietnam del Norte lo hizo contra
EEUU, puede ser especialmente efectivo si el país objetivo tiene un interés
relativamente bajo en el resultado de la guerra. Como lo demostraron los
norvietnamitas, es absolutamente posible generar condiciones que conduzcan a la
población civil de un oponente a pedir al gobierno que modifique las políticas
estatales. Los norvietnamitas cumplieron este propósito elevando el nivel de
bajas militares americanas más allá de lo que el pueblo estadounidense podía
tolerar. Casi con seguridad se pueden emprender acciones que induzcan a
cualquier población civil enemiga a ofrecer algún grado de resistencia a las
políticas gubernamentales propias. Es complicado determinar qué acciones pueden
ser por cuanto los humanos son muy impredecibles. Como parte de un esfuerzo
total para alterar el sistema enemigo, puede que valga la pena efectuar una
aproximación indirecta a la población; no obstante, no habría que contar con
eso.
Los primeros teóricos aeronáuticos como Giulio Douhet pensaron que la guerra
podía ser ganada infligiendo una cantidad tal de bajas a la población civil que
se quebraría la moral con la consiguiente capitulación. Por supuesto,
históricamente estaba bien fundamentado; normalmente, las ciudades sitiadas se
habían rendido cuando el dolor y el sufrimiento había sido demasiado grande
para que lo admitiera la población civil. Sin embargo, muchos han argumentado
que el bombardeo de Gran Bretaña y Alemania en
Que la moral no se haya derrumbado en Gran Bretaña y Alemania, no es prueba de
que una acción distinta no condujese a diferentes resultados en diferentes
lugares y oportunidades. Por ejemplo, los terroríficos ataques de Iraq contra
Irán ciertamente afectaron la moral civil y casi con seguridad indujeron al
gobierno iraní a negociar un armisticio con Iraq. Nuevamente, permítannos
reiterar que los ataques directos contra civiles son moralmente reprochables y
militarmente difíciles. Pero eso no impide que alguien lo intente contra
nosotros o alguno de nuestros amigos. Es algo que ha existido desde tiempo
inmemorial y no es probable que desaparezca en el futuro cercano.
El último anillo contiene a las fuerzas militares desplegadas por el estado.
Aunque tendemos a pensar que las fuerzas militares constituyen lo esencial en
una guerra, en realidad son medios para lograr un fin. Esto es, su función
exclusiva es defender a sus propios anillos interiores o amenazar los de un
adversario. Naturalmente, un estado puede ser inducido a hacer concesiones
reduciendo a sus fuerzas de campaña y si todas sus fuerzas desplegadas son
destruidas, puede tener que hacer la concesión final, simplemente porque el
elemento comando sabe que los anillos internos se han hecho indefendibles y
pasibles de ser destruidos.
Considerar que las fuerzas de campaña son medios para un fin y no son
necesariamente importantes en sí mismas, no es un punto de vista tradicional en
gran medida porque la mayoría de los escritos y pensamientos clásicos sobre la
forma de hacer la guerra fueron desarrollados por militares continentales que
no tenían otra opción que confrontar a los ejércitos enemigos. Pero ahora la
moderna tecnología hace viables nuevas y políticamente poderosas opciones, que
en realidad ubican a las fuerzas de campaña en la categoría de medios y no de
fines.
En la mayoría de los casos, todos los anillos existen en el orden presentado,
pero puede no que sea posible alcanzar con medios militares a más de uno o dos
de los externos. Hacia fines de 1943, por ejemplo, en
Es imperativo recordar que todas las
acciones deben apuntar contra la mente del comando enemigo o contra su sistema
como una entidad. Por lo tanto, no se realiza un ataque prioritario contra
la industria o la infraestructura por el efecto que puede tener o no sobre las
fuerzas desplegadas. Más bien, es emprendido por su efecto directo sobre el
sistema enemigo, incluyendo las consecuencias sobre los dirigentes nacionales y
los comandantes que deben evaluar el costo de reconstrucción, el efecto sobre
la posición económica del estado en el período de la posguerra, la consecuencia
política interna sobre la propia supervivencia, y si vale la pena continuar la
guerra en relación con la ganancia potencial a obtener. La esencia de la guerra
es presionar sobre el más interno de los anillos estratégicos del oponente: su
estructura de comando. Las fuerzas militares son medios para lograr un fin.
Tanto en la defensa como en la ofensa, es
inútil batallar contra las fuerzas militares enemigas cuando pueden ser
sobrepasadas por la estrategia o la tecnología.
Necesitamos agregar algo más acerca de los cinco anillos. Están en el orden
presentado por varias razones: la más importante está en el medio (en
Aunque previamente discutimos la idea que la guerra estratégica es diferente a
nuestro popular punto de vista sobre este conflicto, es un concepto complicado
de interpretar por lo que motivaría un análisis complementario. Podemos volver
al mítico, aunque lógicamente plausible antiguo mundo, donde todos los hombres
vivían en paz. Vivieron en paz hasta que un grupo decidió que deseaba algo que
poseía una comunidad vecina y resolvió apropiarse de ese elemento. Por
supuesto, esa cosa por definición se encuentra dentro de los cuatro anillos más
internos; tal vez eran alimentos, una parte de la infraestructura, o
probablemente era la gente misma.
Aquella primera guerra ciertamente fue exitosa por cuanto no había un quinto
anillo que defendiera a los otros cuatro internos (a pesar de la falta de un
choque entre fuerzas armadas, proporcionalmente fue más guerra que las que le
siguieron.) Sin embargo, la comunidad atacada remedió rápidamente la situación
y creó una fuerza, el quinto anillo, para defender a los cuatro interiores.
Nuestro enfoque es simple: la guerra estratégica apareció primero, y fue
solamente después de la extensa difusión del quinto anillo relativo a las
fuerzas militares cuando comenzamos a pensar en una guerra como el choque de
esas fuerzas. Por supuesto, la lógica dice que el propósito de la guerra,
siempre que sea algo más que un espectáculo secundario, es hacer alguna cosa a
los anillos internos del enemigo, o evitar que éste haga algo contra los
nuestros. Si este es el caso, entonces nuestro planeamiento debería estar
claramente basado en afectar o defender los anillos internos en la más temprana
y menos costosa oportunidad. Solamente deberíamos aceptar una batalla clásica
si no tuviéramos otra elección.
Antes de continuar, debemos preguntarnos si existen estados u organizaciones
que no tengan los cinco anillos o centros de gravedad. Nuestra respuesta básica
es no, sencillamente porque nuestros cinco anillos son únicamente un modelo del
mundo real sobre sistemas construidos en torno de formas de vida de cualquier
tipo. Por otra parte, la relativa importancia de los cuatro anillos externos
(el de la conducción es necesariamente siempre el de mayor importancia) ha
cambiado con el tiempo. Complementariamente, la vulnerabilidad de los anillos
varía nítidamente de un sistema social y un período histórico a otro.
Por ejemplo, cuando Guillermo el Conquistador desarrolló su plan de campaña
para la conquista de Inglaterra, no habría identificado elementos orgánicos
vitales, infraestructura, o la población como centros de gravedad contra los
cuales podía esperar operar con resultados decisivos. Su blanco tuvo que ser el
anillo central el mismo rey Haroldo. No tenía ni el tiempo ni los recursos para
ocuparse de la población, infraestructura, y elementos orgánicos esenciales.
Consecuentemente, apuntó directamente a Haroldo, quien estaba protegido por el
quinto anillo de su ejército (en aquel tiempo histórico, el conductor y el
ejército eran frecuentemente uno y el mismo.) Cuando Haroldo cayó debido a una
flecha de trayectoria elevada, Guillermo pudo cumplir su objetivo estratégico.
Hoy el problema es más difícil porque raramente se puede operar directa y
exitosamente contra un solo líder de la organización. Por ello, será
normalmente necesario atacar a varios de los anillos internos.
La utilidad del modelo de los cinco anillos puede quedar algo disminuida en
circunstancias cuando un pueblo entero se levanta para desarrollar una batalla
defensiva contra un invasor. Si el pueblo está suficientemente motivado, puede
ser capaz de combatir durante un extenso período empleando recursos que están a
su alcance. Esto sucede ocasionalmente cuando el invasor es tan terrible que el
pueblo no avizora esperanza alguna si se rinde. Cuando el pueblo combate hasta
el final, lo hacen como individuos y, en esencia, cada persona se convierte en
un ente estratégico. En tanto que esto es posible para la defensa, no lo es
para la ofensiva. Es un caso especial, y definitivamente no debe ser confundido
con las ideas maoístas del combate de guerrillas en el cual la organización
guerrillera está bien descrita por los cinco anillos.
Hasta este punto hemos analizado los centros de gravedad estratégicos, porque
son partes principales del sistema enemigo. Idealmente, un comandante atacará
los centros de gravedad lo más próximo posible al anillo de conducción. Sin
embargo, puede verse forzado a operar contra las fuerzas militares adversarias
desplegadas, ya que no puede llegar a los centros estratégicos sin neutralizar
primero las defensas enemigas, porque ellas están amenazando sus propios
centros de gravedad estratégicos u operacionales, o porque sus superiores
políticos no le permiten atacar esos centros estratégicos. En estos casos, debe
encarar a las fuerzas militares del oponente como un sistema y avanzar con el
mismo análisis que hizo cuando se ocupó del enemigo como un todo. ¿Qué se debe
hacer cuando por cualquier razón es preciso enfrentar a las fuerzas militares
enemigas?
Los centros de gravedad existen no solamente en el nivel estratégico, sino en
el operacional y en verdad son muy similares. En el nivel operacional, el
objetivo es todavía inducir al comandante del nivel operacional adversario a
realizar concesiones tales como una retirada, una rendición, o renunciar a la
ofensiva. Como la estructura de conducción estatal, el comandante operacional
tiene anillos de vulnerabilidad o centros de gravedad que lo rodean. En
realidad, cada elemento mayor de su comando tendrá también similares centros de
gravedad.
En el nivel operacional, el primer anillo o centro de gravedad es el comandante
mismo. Es el objetivo de las operaciones, sea directa o indirectamente, porque
es quien decidirá si se concede alguna cosa al enemigo. Su sistema central de
comando, control y comunicaciones está dentro de su anillo central; sin aptitud
para coleccionar información y emitir órdenes a sus subordinados, el comandante
y su comando está en peligro. Sin embargo, en el nivel estratégico, la
probabilidad de capturar físicamente o paralizar el anillo de comando es
relativamente pequeña; así, puede ser necesario tener que recurrir a los
anillos operacionales o centros de gravedad que rodean al comandante del nivel
operacional.
El siguiente anillo operacional es el de los elementos orgánicos esenciales
(que en el nivel operacional puede ser catalogado como la logística) porque
contiene lo esencial para el combate las municiones, el combustible y las
provisiones sin los cuales una guerra moderna no puede ser continuada. Una
revisión elemental de la historia revela rápidamente la horrenda estrechez que
los comandantes operacionales han encontrado cuando su anillo logístico es
atacado por el enemigo. En verdad, la guerra en los siglos XVII y XVIII era
ampliamente planeada en torno al aislamiento del comandante de su anillo
logístico. La experiencia de ambos bandos en
Para movilizar el material que existe en el anillo de los elementos orgánicos
vitales es necesario contar con una infraestructura y fuerzas militares
desplegadas y esa infraestructura es el tercer anillo operacional. Consiste en
caminos, aerovías, rutas marítimas, vías ferroviarias, líneas de
comunicaciones, oleoductos, y miríadas de otras facilidades para apoyar a las
fuerzas de campaña.
Ninguno de los tres anillos interiores funcionarían sin personal, y ese
personal de apoyo integra el cuarto anillo operacional. Como la población en el
cuarto anillo estratégico, este personal ofrece blancos muy difíciles y muy
raramente serán aptos para el ataque directo.
El quinto y último anillo del comandante operacional es el de las fuerzas de
campaña aviones, buques y tropas. El quinto anillo es el más duro de reducir,
simplemente porque ha sido diseñado para ser así. Por regla general, una
campaña que enfoca el quinto anillo (sea por elección o por que no hay otra
alternativa) es probable que sea la más larga y sangrienta para ambas partes.
No obstante, a veces es apropiado concentrarse contra el quinto anillo, y a
veces es necesario reducirlo en alguna medida, de modo de alcanzar los anillos
operacionales o estratégicos internos.
Ataque
paralelo
El requerimiento más
importante del ataque estratégico es comprender el sistema adversario. Una vez
interpretado, el siguiente problema es cómo reducirlo a un nivel deseado o como
paralizarlo si así se requiere. El ataque paralelo será preferentemente el modo
de hacerlo, a menos que exista alguna razón convincente para prolongar la
guerra.
Los Estados tienen un pequeño número de objetivos estratégicos vitales
alrededor de unos pocos cientos con un promedio de tal vez diez puntos a
apuntar por cada blanco vital. Estos objetivos tienden a ser pequeños, muy
caros, tienen pocos reemplazos, y son complicados de reparar. Si se ataca en
paralelo a un significativo porcentaje, el daño se hace insuperable. En
contraste con este tipo de acción, el ataque en serie solamente puede cubrir
uno o dos objetivos diarios (o aún más separados). El enemigo puede aliviar los
efectos de un ataque en serie dispersando los blancos a lo largo del tiempo,
incrementando las defensas de aquellos que probablemente sean atacados,
concentrando sus recursos para reparar el daño de los objetivos sencillos, y
emprendiendo contra ofensivas. El ataque paralelo lo priva de la capacidad para
responder con eficacia, y cuanto más
grande sea el porcentaje de los objetivos batidos en un solo ataque, menos
posible será la respuesta. En el pasado, el ataque paralelo no fue viable
en una escala apreciable porque el comandante tenía que concentrar sus fuerzas
a fin ser más fuerte contra una sola parte vulnerable de las fuerzas enemigas.
Si lo lograba, podía volver a concentrarse y atacar otro punto de las defensas
adversarias. El proceso de concentración y reconcentración era habitualmente
lento y el enemigo lo trataba de evitar a toda costa. Este proceso, fue mejor
interpretado cuando fue designado ataque en serie, permitía maniobrar y contra
maniobrar, atacar y contraatacar, y desplazarse y descansar. También dio lugar
al fenómeno conocido en las campañas como el punto culminante el punto en el
que la campaña está en un cuasi equilibrio y donde el esfuerzo correcto de cada
parte puede tener un significativo efecto. Todas nuestras reflexiones sobre la
guerra están basadas en los efectos en serie, en altas y bajas. Pero la
capacidad de ejecutar una forma de guerra en paralelo hace que este concepto
sea obsoleto.
La tecnología ha hecho posible el ataque casi simultáneo sobre cada nivel de
vulnerabilidad estratégica y operacional enemigo. Este procedimiento paralelo
de guerra, contrariamente a la antigua forma en serie, hace muy real lo que
Clausewitz denominaba el estilo ideal de guerra, o sea el lanzamiento de
incursiones en cualquier parte al mismo tiempo. Para Clausewitz, lo ideal era
una sombra platónica sobre la parte trasera de la pared de la gruta, que nunca
sería conocida por los mortales. La sombra se ha materializado y nada volverá a
ser igual otra vez.
Conclusión
La guerra estratégica proporciona la solución más positiva de los conflictos.
Sin embargo, para ejecutarla correctamente debemos invertir nuestro método
normal de pensar; debemos hacerlo partiendo de lo mayor a lo menor, desde
arriba hacia abajo. Debemos pensar en término de sistemas; nosotros y nuestros
adversarios son sistemas y subsistemas con dependencias mutuas. Nuestro
objetivo casi siempre involucrará el hacer alguna cosa para reducir la
efectividad del sistema total; si se prefiere, hacerlo más afín con la idea de
que queremos formar parte de él. Al mismo tiempo, tenemos que desarrollar
acciones para asegurarnos que el enemigo no ejecute daños inaceptables a
nuestro sistema o a alguno de sus subsistemas.
No tenemos que iniciar nuestra reflexión sobre la guerra con sus instrumentos
con los aviones, tanques, buques y quienes los tripulan. Estas herramientas son
importantes y tienen su lugar, pero no pueden ser nuestro punto de salida, ni
podemos permitirnos el verlos como la esencia del conflicto. El combate no es lo vital de la guerra, ni
aun una parte deseable de ella. La esencia real es hacer lo necesario para que
el enemigo acepte a nuestros objetivos como los propios.
Notas
1. Los entes estratégicos constituyen realmente nuestra materia, donde una
nación-Estado es un tipo de entidad estratégica. Una entidad estratégica es una
organización que puede operar autónomamente; esto es, se auto-conduce y se
auto- mantiene. Un estado es un ente estratégico como la mafia o una
organización comercial como General Motors. Por el contrario, ni un ejército ni
una fuerza aérea son entidades estratégicas, porque no se auto-mantienen ni se
auto-dirigen. Es una importante distinción en sí misma. Sin embargo, lo de
mayor importancia aquí es que nuestro análisis sobre centros estratégicos y
formas estratégicas de hacer la guerra es aplicable a una organización
guerrillera de igual modo que a un moderno estado industrial.
2. Aquellos que están familiarizados con el modelo de los cinco anillos, usado
para desarrollar el plan de la campaña aérea inicial en
3. Mi agradecimiento a Stephen Hawking y su
libro A Brief History of Time: From the Big Bang to Black Holes (New York:
Bantam Books, 1988).
4. Superficialmente, los ataques aliados a la industria alemana en
5. Bastante más de una tercera parte del trasporte alemán utilizado en la
ofensiva contra los soviéticos en 1941 era de tracción animal. De igual modo,
los abastecimientos requeridos para mantener en la ofensiva a todo el Tercer
Ejército de Patton en 1944, apenas sería suficiente para apoyar a un cuerpo
actual. La proliferación de los vehículos a motor, equipos de comunicaciones, y
doctrina que demanda altos ritmos de fuego, tal vez ha creado más problemas de
los que ha resuelto para un ejército ofensivo.
Biografía
El Coronel John A.
Warden III (USAFA; MA, Texas Tech University) es el comandante de