El G300:
Los Dueños del Mundo son los creadores del
Tratado de Kyoto
El más gigantesco saqueo de recursos
naturales en la historia de la humanidad
Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Fundación Argentina de Ecología Científica
Este trabajo es una recopilación de datos que son de dominio público, aunque su difusión es muy limitada. Se han extractado grandes partes de libros y artículos publicados a lo largo de los años, cuyas referencias se dan al pie de cada capítulo. Sin embargo, la obra básica sobre el tema, en lengua Española, es el libro de Santiago Roque Alonso, "Cómo Funciona Realmente el Mundo", publicado en Argentina por la Editorial Segunda Independencia ©, en junio de 2000. Aconsejo y aliento a los lectores a adquirir esta obra extraordinaria en librerías, o pedir informes a editorialsi@patriaargentina.org, o a editorialsi@uolsinectis.com.ar.
Primera Parte:
Introducción
Ordenando las piezas
Las Siete Hermanas
Complots y conspiraciones
Guerras y Dinero-Mandrake
Dinastías de Banqueros
Segunda
Parte:
El Club de los 1001
La Familia Bronfman y la ADL
Terrorismo Internacional
El Círculo de la Droga
Hong Kong, Gran Bretaña, y China Comunista
Tercera
Parte:
El Informe “Iron Mountain”
El Movimiento Ecologista
Hay Que “Podar” la Población
El Genocidio de Ruanda
Los Parques Nacionales – Vedados al Hombre
El memorando NSSM-200
Maurice Strong y el Fin del Mundo
Conclusiones
Introducción
Como
se demostrará en el informe, el Grupo de los 300, o G300 (así llamado por mí a
falta de un nombre oficial más apropiado), es un grupo compuesto por alrededor
de 300 a 400 personas que se conocen entre ellas personalmente, y determinan
mediante su enorme poder económico y financiero, sus influencias políticas a
través de funcionarios/empleados y agentes ubicados en posiciones clave, de los
más importantes gobiernos del mundo, cuáles serán las políticas económicas,
financieras y sociales que se implementarán cada año en el mundo.
Su
poder alcanza a infiltrar todos los servicios secretos y agencias de seguridad
del planeta, y los gobiernos o personajes que resultan molestos o
inconvenientes a sus planes son eliminados de la manera más eficiente. Este
grupo es el responsable del uso del movimiento ecologista como herramienta
geopolítica para consolidar el nuevo status colonial al que han sometido a los
países menos desarrollados. Su esquema básico de operaciones es la conformación
de un cártel de bancos, entre los que se incluyen a diversos bancos Centrales
del mundo. No hay poder económico o financiero que se les pueda oponer. Este
grupo tiene la facultad de “crear dinero
de la nada” (o el llamado dinero “Mandrake”) y corromper a cualquier
persona que sea necesario.
Dado
que sus miembros están imbuidos de la eugenésica y racista filosofía
maltusiana, el principal enemigo que reconocen es la población en crecimiento
en los países del Tercer Mundo. Entre sus acciones más notables para eliminar a
este enemigo, se cuentan las campañas y subsiguientes prohibiciones de
productos que eran “demasiado útiles a la
humanidad” y facilitaban su crecimiento, como el DDT, los CFC, diversas
sustancias químicas fundamentales para el desarrollo industrial y la salubridad
pública y finalmente el diseño y puesta en práctica del Protocolo de Kyoto
tendiente a la reducción de la actividad industrial y comercial mundial.
Walter
Rathenau, Canciller de la República de Weimar, escribió un artículo publicado
el 24 de diciembre de 1921 en el Wiener Press, donde realizaba un sorprendente
e indiscreto comentario que terminaría costándole la vida seis meses más tarde:
“Solamente 300 hombres, cada uno de los
cuales conoce personalmente a los otros, gobiernan Europa de facto. Ellos
eligen a sus sucesores entre los miembros de su propio entorno. Esos hombres
tienen en sus manos el poder para impedir o terminar con cualquier estado de
cosas que consideren irracional.” [[1]]
En
abril de 1922 Rathenau firmó el Tratado de Rapallo, por el cual Rusia perdonaba
a Alemania los pagos de reparación de guerra a cambio de tecnología industrial.
Inglaterra protestó airadamente porque el tratado había sido elaborado a sus
espaldas y preveía el desarrollo de los campos petrolíferos de Bakú, sin
intervención Británica, lo que
favorecería enormemente a Alemania y perjudicaría de manera especial al grupo
de 300 hombres que Rathenau denunciaba, y que otros analistas conocen como el
“Comité de los 300”.
Walter
Rathenau fue asesinado misteriosamente en junio de 1922, dos meses después de
firmado el tratado con Rusia y seis meses después de haber osado mencionar
públicamente la existencia del misterioso grupo. Los asesinos de Rathenau
fueron arrestados de inmediato pero, de manera significativa, la policía
anunció más tarde que se habían “suicidado”, de modo que los móviles del
asesinato y sus instigadores permanecerán para siempre en el misterio. A partir
de este suceso se perdió toda posibilidad de recuperación económica para
Alemania y se inició de inmediato el declinar del valor del Marco alemán: en
diciembre de 1922 el marco cotizaba 7592 por Dólar, y en enero de 1923 Alemania
declaró en cesación de pago. Para noviembre de 1923, el Dólar cotizaba a 50
millones de Marcos. El G300 había desencadenado la mayor hiperinflación de la
historia.
La
semejanza de este asesinato con otros asesinatos políticos famosos es
impactante. John Kennedy, Indira Ghandi, Olof Palme, cuyos autores
intelectuales permanecen en el anonimato, indica que no es necesario tener una
imaginación afiebrada para relacionarlos con un poder oculto en las sombras, al
que se puede identificar genéricamente como el G300. Las personas molestas, que
hacen declaraciones inoportunas, proponen políticas inconvenientes para el
grupo, son peligrosas y deben ser eliminadas. La eliminación de estas personas
son “medidas profilácticas” necesarias para la supervivencia de un especial
modo de vida de unas pocas personas que se han apoderado virtualmente del
mundo.
En
esa línea de eliminación de personas peligrosas se recuerdan otros casos
resonantes como los misteriosos “accidentes” de aviación del presidente de
Panamá, General Omar Torrijos, el del presidente de la entonces petrolera
estatal Argentina YPF (hoy finalmente en manos privadas europeas), Estenssoro,
cuando se negociaban arreglos comerciales que dejaban afuera del negocio a las
famosas “Siete Hermanas” del petróleo, el cartel petrolero que hasta hoy maneja
los precios y las políticas petroleras del mundo, por más que la OPEC pretenda
ignorarlo.
Son
estas Siete Hermanas quienes parecen estar ligadas a la muerte “accidental” (en
otro avión) de Enrico Mattei, presidente de AGIP italiana, quien había
negociado exitosamente un tratado petrolero y gasífero con Irán, demasiado
favorable para la recuperación económica de Italia y altamente desfavorable
para el cartel de las Siete Hermanas. Su fin era previsible después de negociar
con Rusia la provisión de petróleo de la región de Bakú, pagadero con tubos de
acero italianos que permitirían a los soviéticos construir el gasoducto hasta
Europa Central y amenazar el monopolio de las Siete Hermanas en la región. Para
ello se construyó una acería en el norte de Italia, pero en 1962, un mes
después de entrar la fábrica en servicio, Enrico Mattei murió en un accidente
de aviación sospechoso por demás, cuando planeaba reunirse con John Kennedy
para llevar adelante negocios relativos al petróleo de los Estados Unidos –el
que las Siete Hermanas consideran de su propiedad exclusiva.
¿Quiénes
son las Siete Hermanas? Terminada la Primera Guerra Mundial, las compañías
petroleras americanas de Rockefeller y las inglesas forcejeaban para apoderarse
del control del negocio del petróleo mundial. En poco tiempo se dieron cuenta
de lo poco conveniente que era luchar entre sí y se decidieron a facilitarse
las cosas. Enviaron representantes a una reunión que se realizó en Achnacarry,
Escocia, para formar un cartel petrolero en beneficio mutuo. En 1928 se llega
al secreto “Convenio Achnacarry“que dejaba delimitado el reparto del mercado y
las regiones de poder de cada uno de los integrantes del cartel. Las siete
principales compañías integrantes del cartel, conocidas como las Siete
Hermanas, eran la Esso (Standard Oil de New Jersey), Mobil (Standard Oil de New
York), Gulf Oil, Texaco, Chevron (Standard Oil de California), y las dos
compañías inglesas Royal Dutch Shell y la Anglo Iranian Oil Co., (más tarde la
British Petroleum, o BP).
Pecaríamos
de ingenuos si atribuyésemos estos (y otros) accidentes de aviación a la
fatalidad o a un pobre mantenimiento mecánico. Tampoco es aventurado pensar que
el “Resumen
para Hacedores de Políticas”[*] del IPCC está redactado para consumo
de los 300 personajes que se han apropiado del mundo. No para orientarles y
permitirles tomar decisiones, sino como un mero placer visual al contemplar
cómo sus planes van tomando forma, lentamente al principio, y más aceleradamente
hacia el final. Después de todo, lo que hace y dice el IPCC no es nada más que
seguir las instrucciones sumamente precisas del G300, a través de la muy
aceitada cadena de mando que ha establecido a lo largo de los años.
Muchos
se preguntarán si en realidad existe este grupo de gente que actúa muy
discretamente desde las sombras, con total libertad y sobre todo con absoluta
impunidad, o si esta no es más que “otra de las tantas historias” de complots y
conspiraciones que pertenecen más al mundo de la ficción literaria de Ian
Fleming o John LeCarré que a la vida real. De un rápido repaso de la historia
del mundo se puede comprobar de manera fehaciente e incontrovertible que la
única manera en que el mundo ha sido conducido hasta hoy ha sido a través de
conspiraciones, complots y asociaciones ilícitas de toda clase y calaña, desde
pequeñas sectas religiosas a las masónicas más renombradas, desde sociedades
teosóficas, filosóficas, eugenésicas, esotéricas, astrológicas, satánicas;
grupos filosófico-políticos como los Venecianos, Illuminatti, Hobbistas,
Fabianos, etc.
El
complot, la conspiración ha sido desde siempre el más eficaz método de acceder
al poder y mantenerse en él, enriquecerse y crear más poder todavía para acumular
más riquezas, en un círculo vicioso en donde las Revoluciones más famosas
apenas si han sido cuartelazos donde sólo han cambiado los funcionarios. La
riqueza y el Poder siempre se han mantenido fuera del alcance de las clases
menos favorecidas, es decir, la clase media y la proletaria.
Hay
quienes creen aún que la Democracia tiene los mecanismos y las instituciones
apropiadas para defenderse y evitar ser copada por grupos sin escrúpulos como
el G300, y tienen la tendencia a creer que los gobiernos pueden, como
“representantes” del pueblo, controlar los precios y los salarios por medio de
decretos y leyes; creen que las medidas de “corto plazo” pueden tener éxito
para contribuir a la salud económica de una nación y que los gobiernos
“democráticos” tienen la capacidad y habilidad de manejar los parámetros de las
economías nacionales y, en armonía con otros gobiernos, los parámetros de las
economías del mundo entero. En esta tónica, esta gente un tanto ingenua,
también parece creer que las previsiones y artículos del Tratado de Kyoto
pueden llegar a tener algún efecto sobre las emisiones de dióxido de carbono y
los niveles de este gas en la atmósfera para detener un “no-problema” conocido
como “calentamiento global” y el “catastrófico cambio climático”. Todo parece
indicar que esta gente tiene una fuerte tendencia a creer en los Reyes Magos.
Sigamos
ordenando las piezas del rompecabezas. Los miembros del G300 son dueños de
cientos de fundaciones “filantrópicas” y “sin ánimo de lucro”, que en realidad
son una muy elegante manera de evitar pagar impuestos al gobierno y contribuir
con ese dinero a financiar organizaciones que sigan sus precisas instrucciones
para aumentar y consolidar su absoluto dominio de la economía mundial. También
es el G300 el controlador del Cártel de Banqueros que controla las finanzas
mundiales y dicta las políticas monetarias de los Bancos Centrales de cada
nación del planeta, con excepción de algunos pequeños países fuera del sistema
como Cuba, Laos, o que carecen de importancia en el concierto mundial.
Se
le ha dado llamar “Dinero Mandrake” al dinero que los banqueros, usando la
magia del mago Mandrake, crean a partir de la nada. Esto va en contra de
cualquiera de las leyes de la termodinámica, o de la naturaleza, en cuanto a
que “nada se crea, todo se transforma”, por lo cual sería imposible crear
riqueza de la nada. Pero los bancos sí pueden. El mecanismo es muy sencillo,
pero si lo hace la gente común dará con sus huesos en prisión. Hace siglos los
prestamistas comenzaron a guardar el oro, las joyas y monedas de los ricos en
bóvedas a prueba de asaltos, y a cambio de ese servicio se les recompensaba con
un cierto “interés”. Como la antigua religión Cristiana prohibía a los fieles
prestar dinero a interés, ningún católico sentía deseos de prestar dinero y
arriesgarse a que no se lo devolviesen y que su “amor al prójimo” les llevase a
la ruina. Los cristianos no prestaban dinero, cosa que si hacían los judíos ya
que no tenían esa restricción en su religión. Ellos podían practicar la usura
sin límites mientras no fuese con otro judío, con lo que demostraban ser más
prácticos y más inteligentes que los cristianos. De allí que las dinastías
banqueras tengan un reconocido origen judío.
Los
banqueros también se dieron cuenta de que sus clientes les pedían en devolución
un pro-medio del 10% de las monedas de oro entregadas en depósito, de modo que
comenzaron a prestar el 90% del capital entregado en custodia sin conocimiento
de sus patrocinadores. De esa forma, por ejemplo, prestaban esas 90 monedas de
oro, sabiendo (o esperando) que se las devolverían en tiempo y forma, con un
suculento interés que compensaba la angustia de correr el riesgo de que sus
depositantes supiesen del juego y fuesen hasta su banco para exigir la
devolución de las monedas.
Para
minimizar el riesgo de no contar con las monedas suficientes para devolver en
caso de un reclamo inesperado, rara vez hacían los préstamos en metálico, es
decir las monedas de oro en sí, sino que lo hacían en forma de “promesas de
pago” escritas sobre un papel vistoso, lo que hoy se conoce como “pagaré”,
“cheque”, “billetes de banco” o más comúnmente “papel moneda”. Todas esas
formas financieras de pago no son sino “promesas
de pagar una cierta cantidad de oro cuando sea reclamada”. Con ese
mecanismo, los banqueros podían multiplicar su capital de manera virtual hasta
el infinito porque esas 90 monedas de oro servían para “garantizar”
innumerables operaciones de 90 monedas, de las cuales sólo se les reclamarían
10, de vez en cuando, de acuerdo a la experiencia comprobada.
Así
era frecuente que de las originales 100 monedas de oro, el banquero hubiese
realizado préstamos por un valor de 1.000 o 10.000 o un millón de monedas. Lo
importante era que el deudor pagase en el plazo su préstamo para no correr el
riesgo de no poder entregar el 10% del dinero reclamable por los depositantes.
Se comprueba con claridad que en pocos años de “honesta” actividad bancaria un
capital inicial de 100 monedas de oro se podía convertir en un capital nominal
de un millón de monedas de las cuales 999.990 habían sido creadas de la nada,
pero hechas realidad por los que habían pagado sus préstamos en tiempo y forma.
Es
fácil imaginar que todo el sistema financiero es tan frágil como una pompa de
jabón donde está encerrada esa cosa tan volátil que se llama Confianza,
vigilada muy de cerca por esos hermanos que se llaman Miedo y Pánico.
Normalmente, confianza mantiene a los hermanos "Miedo y Pánico" a
prudente distancia, pero si alguna noticia permite que "Miedo y
Pánico" salten sobre "Confianza", entonces el sistema financiero
mundial, esa pompa de jabón que flota en una selva de alfileres, se desvanecerá
en el aire dejando una hecatombe social en pleno desarrollo. El sistema
bancario, se vendrá abajo como un castillo de naipes.
Las
técnicas financieras fueron variando y perfeccionándose hasta nuestros días, en
que los banqueros hacen que sus pérdidas sean afrontadas por los gobiernos. Los
banqueros tienen “simpatizantes” en los Congresos de todas partes del mundo que
se ocuparon ya en el pasado de emitir leyes que “protegerían” a los
depositantes de los desaciertos de los banqueros, haciendo que el Estado
garantizara los fondos depositados en los bancos. Claro que para eso usan el
dinero de los depositantes, que son quienes forman el Estado. Los banqueros
jamás pierden. Se cobran del dinero de la gente. Toda la nación Argentina lo
pudo comprobar como consecuencia de la crisis financiera de diciembre del 2001.
Los bancos, avisados de antemano, se apoderaron de los depósitos de sus
ingenuos clientes y los enviaron al exterior en efectivo. Contenedores enteros
de dólares en billetes. Cientos de toneladas de billetes. Millones de sueños
argentinos perdidos para siempre. Cuando los jueces hicieron abrir las bóvedas
de los bancos para embargar dinero en efectivo, no hallaron ni siquiera el
queso para los ratones. Quienes tienen la mala suerte de ser asiduos
concurrentes a los casinos lo tienen muy claro: ¡la Banca jamás pierde!
Todo
comienza con la fundación de las dinastías de banqueros en Europa, en especial
las dinastías Rothschild, Baring, Warburg, Lazard, Selignam, Schroder, Speyer,
Morgan, etc. También forma parte de la historia del cartel de banqueros la
creación del Banco de Inglaterra, que necesitaba canalizar las ganancias
logradas por la Revolución Industrial y su incipiente Imperio Colonial, hacia
actividades que consolidaran el Imperio y la dominación de mercados a escala
mundial. El Banco de Inglaterra se creó para financiar las guerras coloniales
de conquista de territorios, y más tarde para las guerras entre estados
europeos, como las Napoleónicas, la Franco-Prusiana de 1870 y la I y II Guerra
Mundial.
Los
banqueros, reunidos en cártel financiero, decidían a quienes apoyar con sus
préstamos y a quienes hundir negándoles su ayuda. Se recuerda que la viuda de
Meyer Amschel Rothschild, el fundador de la dinastía Rothschild, escribió en
1847: “No se preocupe; no habrá guerra en
Europa. Mis hijos no prestarán el dinero para ello.”
El
historiador y analista W. Cleon Skousen describe en su libro “El Capitalista
Desnudo” [[2]],
el desarrollo de las dinastías financieras de J. P. Morgan y los Rockefeller en
los Estados Unidos y la manera en que consiguen crear el sistema de la Reserva
Federal de los EE.UU., y usarlo en su propio beneficio. Se pregunta el autor
“¿Quién controla la Reserva Federal?, ¿Cuáles son las metas de la Reserva
Federal y de los demás bancos centrales? ¿Cuáles son las metas de las familias
de banqueros internacionales que controlan a los bancos centrales?”
Inquietantes preguntas, por cierto, pero mucho más lo son las respuestas. En
cuanto a “quien controla a la Reserva Federal”, Skousen prefiere explicar
primero quien no la controla: el gobierno de los EE.UU., y lo explica: “Según lo hemos señalado antes, en Inglaterra
las dinastías de las 'familias de banqueros' establecieron su control
monopólico sobre las finanzas cuando fundaron al Banco de Inglaterra como una
institución privada con la apariencia de una institución gubernamental oficial.
Se habían creado centros de control financiero similares en Francia, Alemania,
Italia y Suiza.”
Más
tarde nos explica que el sistema de la Reserva Federal está compuesto de doce
“Bancos Nacionales” aunque el único que tiene alguna importancia es el de la
ciudad de Nueva York. Según Skousen, “este
banco fue siempre administrado por alguien que congeniara por entero con los
intereses de los bancos internacionales”. Se refiere al primer presidente
de la Reserva Federal de Nueva York, Benjamín Strong diciendo: “Strong debía su carrera a los favores del
Banco Morgan… en 1914 fue designado presidente del banco Reserva Federal de
Nueva York, nombrado conjuntamente por Morgan y por Kuhn, Loeb y Compañía. Dos
años más tarde Strong conoció a Montagu Norman y en esa ocasión acordaron
inmediatamente colaborar bajo prácticas financieras que ambos reverenciaban.”
[[3]]
Montagu
Norman era entonces el presidente del Banco de Inglaterra, y el mentor de J.P.
Morgan, quien le reverenciaba por haber sido el promotor de su carrera como
banquero. Pero lo inquietante eran las “prácticas financieras reverenciadas”
por la Reserva Federal y los demás bancos centrales. Los banqueros
internacionales querían usar el poder financiero de Estados Unidos e Inglaterra
para forzar a todos los otros países importantes a operar “a través de bancos
centrales libres de todo control político, con capacidad para resolver todas
las cuestiones financieras internacionales mediante mutuos convenios, sin
interferencia alguna por parte de los gobiernos”. [[4]]
Quigley describe las metas de más alto nivel de las dinastías de banqueros de
la siguiente forma: “… nada menos que
crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de
dominar al SISTEMA POLÍTICO de cada país y la ECONOMÍA DEL MUNDO, entendido
como un todo. Este sistema debía controlarse a la manera feudal, con los bancos
centrales del mundo actuando en forma concertada mediante convenios secretos
fijados a partir de reuniones y conferencias frecuentes y privadas”.
El eje del sistema sería el Banco de Pagos Internacionales (BIS) con sede en
Basilea, Suiza, conformado por un banco privado propiedad de los bancos
centrales del mundo y controlado por ellos, los que a su vez constituían
sociedades privadas. En manos de hombres del calibre de Montagu Norman del
Banco de Inglaterra, Benjamín Strong de la Reserva Federal de Nueva York,
Charles Rist del Banco de Francia, y Hjalmar Schacht del Reichsbank, cada banco
central buscaba dominar a su gobierno mediante su habilidad de controlar los
préstamos al Tesoro, manipular divisas, influir en el nivel de la actividad
económica del país y actuar sobre los políticos dispuestos a colaborar por
medio de recompensas en el mundo de los negocios”. [[5]]
También
se pregunta Skousen sobre las metas propias de las familias dinásticas de
banqueros que han conformado el poderoso cartel de banqueros mundial que se ha
adueñado de la economía del planeta. Nos asegura Skousen algo que eriza los
cabellos de la nuca a cualquiera que creía vivir en un mundo donde “el pueblo
elige sus representantes y es soberano en sus decisiones”: “Existe un creciente volumen de pruebas que
corroboran que los altos centros de poder político y económico han estado
forzando a toda la humanidad hacia una sociedad global, socialista, de
orientación dictatorial. Lo más incomprensible es el hecho de que este
desplazamiento hacia la dictadura, con su inevitable destrucción de mil años de
luchas para lograr la libertad, está siendo tramada, promovida e implementada
por los líderes y los súper millonarios de las naciones libres, cuyas
posiciones de influencia los hacen aparecer como los principales beneficiarios
de una sociedad de libre empresa, orientada hacia la propiedad, una sociedad
abierta en la que se ha logrado tanto progreso. Sobre todo, ellos deberían
saber que, para que este sistema sobreviva, deben preservarse la libertad de
acción y la integridad del derecho de propiedad. ¿Por que, entonces, los
supercapitalistas intentan destruir estos derechos?”
El
Dr. Quigley, como iniciado y colaborador del G300 da una respuesta tan
asombrosa que parece, a primera vista, virtualmente inconcebible. La lógica se
hace evidente después que se reúnen y se integran todas las referencias
dispersas que existen sobre el tema, es decir, cuando se comienza a distinguir
la imagen siniestra que muestra el rompecabezas a medio armar: “Que la jerarquía mundial de la dinastía de
banqueros y los súper millonarios tiene como meta es apoderarse de todo el
planeta y que lo haría mediante una legislación socialista si viene al caso,
pero sin rehuir tampoco recurrir a una revolución comunista si fuera necesario.”
El
Sr. Skousen dedica una gran porción de su libro a describir la manera precisa
en que las elites bancarias y financieras prepararon el terreno y llevaron al
poder y luego consolidaron a Stalin y Lenin, en Rusia, a Hitler en Alemania y a
Mao Tse Tung en China, ¿Qué podemos esperar de estas personas que llevaron al
poder a los tres más sanguinarios tiranos del Siglo XX y los hicieron
confrontar entre ellos para beneficio de sus negocios y su poder universal. Hay
que reconocer la razón que tenía Víctor Hugo cuando exclamaba en el Siglo XIX:
“Pobre gente! Creen que mueren por la
Patria, cuando en realidad mueren por unos pocos industriales.” Que forman
parte del G300, por supuesto.
Grupos de Influencia
Nos proporciona W. Cleon Skousen una descripción de un grupo de influencia
conocido como el Grupo Bilderberg, según la información que se tenía en 1970.
Nos cuenta que: “…sus conferencias se
realizan todos los años con carácter de cónclave maestro de planificación
internacional. Son secretas y la asistencia se limita a los huéspedes
especialmente invitados. Estos resultan ser unas 100 personas del círculo
interno más alto, que representan las cuatro principales dimensiones del poder,
o sea: las dinastías internacionales de banqueros, sus sociedades involucradas
en grandes emprendimientos internacionales, las fundaciones norteamericanas
exentas de impuestos, y los representantes del establishment que han obtenido
altos cargos de gobierno, especialmente en el de los EE.UU”.
Estas conferencias están siempre presididas por el Príncipe Bernardo de Holanda
quien, junto con su familia, goza de una enorme fortuna en la Royal Dutch Shell
Oil Corporation. Cerca de él se verá siempre a David Rockefeller, que
representa a su familia y especialmente a la Standard Oil de Nueva Jersey, una
de las más importantes estructuras societarias que existen. Resulta interesante
y significativo observar que en las últimas tres décadas, mientras ha habido
revoluciones políticas en distintas partes del mundo, estas dos compañías
terminan casi siempre recibiendo todas las concesiones de petróleo y gas
natural. Esto vale especialmente para África, Oriente Medio, América del Sur y
el Lejano Oriente. Además parece que las instalaciones de estas compañías
figuran virtualmente fuera de los límites de los bombarderos de ambas partes de
cualquiera de las guerras recientes. Mencionamos esto porque el Dr. Quigley parece
estar en lo cierto cuando alega que: “las
fuerzas políticas y económicas de la Tierra se están tejiendo para formar un
gigantesco y monolítico poder global total”. [[6]]
El Club 1001
Existe
una sociedad muy real llamada el Club de los 1001, destinada a coordinar las
acciones de los grupos ecologistas del mundo, fundado en 1971 por el príncipe
Bernardo de Holanda, consorte de la Reina Juliana, de la Casa de Orange. El
número de miembros está restringido a 1001 y sólo se ingresa por invitación.
Todos los miembros pagan una inscripción de 10.000 dólares, los que se
invierten en el fondo de $10 millones y sirve para financiar las operaciones de
la agrupación ultra-ecologista multinacional Worldwide Fund for Nature, fondo
Mundial para la Vida Silvestre, cuyas famosas siglas son WWF.[[7]]
El
Club 1001 donó un edificio de oficinas en Gland, Suiza, donde actualmente tiene
su sede el WWF y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza
(UICN). Los miembros fundadores del club fueron seleccionados por el príncipe
Bernardo y su primo hermano, el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo, consorte
de la Reina Isabel II de Inglaterra. Entre los miembros se encuentran
representantes de las casas reales de Europa, ejecutivos de corporaciones y
bancos de la corona británica, etc. En el club, como no podía ser de otra
forma, figuran también importantes personalidades del crimen organizado. La
lista que sigue es apenas una pequeña muestra de los miembros más notorios:
- Príncipe Bernardo de Holanda (fallecido): Nacido en Alemania el 29 de junio de
1911, como Bernhard von Lippe Biesterfeld, es el primo político de la princesa
Victoria de Hoehenzollern, hermana del emperador Guillermo. En 1933, Bernardo
se afilió al NSDAP, el Partido Nazi de Adolfo Hitler, con ficha de ingreso número
02383009 [*] y fecha
1º de mayo de 1933, renunciando con fecha del partido el 8 de enero de 1937,
para contraer matrimonio con la entonces Princesa Juliana de Holanda. Su
renuncia fue acompañada con una carta de despedida al Führer Adolfo donde
estampa su firma después de escribir “Heil
Hitler”. Fue reclutado por la inteligencia del III Reich e integrado en las
famosas tropas de asalto SS, para posteriormente ser enviado a trabajar en la
compañía química alemana IG Farben, la productora del gas Zyklon-B de las
cámaras de exterminio y que siguió manteniendo negocios con la compañía química
inglesa ICI, Imperial Chemical Industries, durante la II Guerra Mundial.
En
1953, Bernardo fundó la Sociedad Bilderberg (ya citada), que auspicia reuniones
secretas de las élites unimundistas americanas y europeas. En 1961 fue cofundador del WWF
[**] y nombrado primer presidente, ya que
la figura del príncipe Felipe se hubiese visto “demasiado colonial” para
quienes tendrían que sufrir la imposición de parques nacionales que pusieran a salvo (para la corona británica)
los recursos naturales de la mayoría de los países de África.
En 1976 Bernardo fue sorprendido cobrando un soborno de $1.100.000 [***] dólares de la compañía de aviación
Lockheed por sus “gestiones” para la compra de los cazas F104 de la Real Fuerza
Holandesa. Renunció a la presidencia de la Sociedad Bilderberg y al WWF y al
Club 1001, pero siguió cumpliendo funciones importantes tras bambalinas. Visto
su “currículum”, suena algo hipócrita que se le prohibiese al padre de Máxima
Zorreguieta asistir a la boda con el nieto de Bernardo y heredero al trono, por
haber sido Ministro de Agricultura del gobierno de facto del General Jorge R.
Videla, en la década de los 70.
Príncipe Henrik, Presidente del WWF Dinamarca.
Príncipe Sadruddin Aga Khan: Isabel II le dio el título en 1957, cuando dirigía
París Review, publicación cofundada por John Train, ex Administrador de la
Agencia de Protección del Ambiente (EPA) de los Estados Unidos.
- Príncipe Johannes von Thurn und Taxis (fallecido) – se llamaba así mismo “jefe de la inteligencia veneciana” y
heredero de una de las familias principescas más poderosas del Sacro Imperio
Romano. La familia tiene grandes extensiones de tierra en Baviera, Portugal,
Italia y Brasil. Gracias a su papel de administrador de correos del imperio
Habsburgo. Su padre Max fundó las nefastas Allgemeines SS de Hitler y las
hospedó en el castillo de la familia en Baviera.
- Bertolt Beitz: Director de la Fundación Alfred Krupp von Bolen und
Halbach; en 1953 se apoderó de las Industrias Krupp.
- Conrad Black: Presidente de la Corporación Hollinger, conglomerado
de periódicos en Gran Bretaña, Canadá, los Estados Unidos, Israel y Australia.
Después que se reestructuró el grupo de inteligencia británica War Supplies,
Ltd., se le puso el nombre de Corporación Argus y más tarde se le cambió el
nombre a Corporación Hollinger. La corporación es el portavoz de la Casa de
Windsor y fue la que encabezó la campaña de ataques y calumnias en la prensa
contra el presidente Bill Clinton.
- Barón Aubrey Buxton de Alsa: Vicepresidente del Worldwide Fund for Nature de Gran
Bretaña. La familia Buxton ha dirigido el Barclays Bank.
- Peter Cadbury: Presidente de
Preston Publications Ltd., presidente de George Cadbury Trust, la chocolatera
que domina las economías del oriente de África.
- Dr. Luc Hoffman: Vicepresidente
del WWF Internacional, y de la IUCN (1966-1969); director de Hoffman-LaRoche,
la farmacéutica suiza.
- Alexander King: Cofundador del
Club de Roma, en 1968 junto con Aurelio Peccei. Responsable del libro “Los
límites del Crecimiento,” que revivió el argumento maltusiano de reducir
drásticamente la población mundial.
- Jonkheer John H. Loudon: Caballero
de la familia real británica y holandesa. Bernardo lo eligió su sucesor en 1971
para la presidencia en el WWF. Fue director ejecutivo del Royal Duch Shell
Group; presidente de Shell Oil Co. hasta 1976.
- Sir Peter Scott: Caballero del
Imperio Británico (fallecido). Presidente del WWF Internacional desde 1961,
cuando se fundó; presidente de la Survival Service Commission de la IUCN desde
1963; fundador del Wildfowl Trust en Slimbridge, Gloucestershire en 1964.
- Maurice Strong: Vicepresidente del
WWF Internacional hasta 1975. Primer director ejecutivo del Programa Ambiental
de las Naciones Unidas hasta 1975; anteriormente fue secretario general de la
Conferencia de las Naciones Unidas para el Ambiente Humano, por dos años.
Presidente del buró de la UICN. Subsecretario General de las Naciones Unidas de
1985 a 1987. El secretario general de la ONU le encargó dirigir la Cumbre de la
Tierra, la famosa conferencia ecologista organizada por la ONU y celebrada en
Río de Janeiro en junio de 1992. El gobierno Canadiense lo nombró presidente de
Petro-Canadá (1976-78); en 1994 era presidente de Ontario Hydro, la compañía
generadora de electricidad canadiense dueña de varios reactores nucleares.
- Gustavo Cisneros: venezolano
multimillonario, arrimado a la familia Rockefeller y ligado a los círculos
internacionales del lavado de dinero del narcotráfico. A principios de 1994 el
banco de la familia Cisneros, el Banco Latino fue intervenido por el gobierno
de Venezuela. Su hermano Ricardo, uno de los directores del Banco Latino,
estuvo prófugo de la justicia durante mucho tiempo. La familia también manejaba
BIOMA, un grupo ecologista venezolano, clausurado después de armar un escándalo
ficticio contra pescadores venezolanos porque supuestamente mataban delfines.
- D. K. Ludwig: (fallecido) –
empresario que hizo su fortuna depredando los bosques tropicales del Amazonas.
Posteriormente ayudó al gangster Meyer Lansky, jefe de la mafia judía de Nueva
York, a establecer su imperio de lavado de dinero de las drogas en las Bahamas.
- Fred Meuser: El agente que le dio
$1.100.000 dólares al príncipe Bernardo de la Lockheed Corporation.
- Tibor Rosenbaum: (fallecido) –
Primer jefe de logística de la agencia de inteligencia israelí Mossad. Su
Banque de Credit International, con sede en Ginebra, fue identificado por la
revista Life en 1967 como el centro de lavado de dinero de Meyer Lansky. Junto
con el mayor Louis Mortimer Bloomfield (fallecido y miembro del Club 1001), la
red de Rosenbaum financió Permidex, la corporación que el fiscal Jim Garrison
acusó de ser el vehículo encargado del asesinato de John F. Kennedy. La
inteligencia francesa señaló que Permindex lavó 200.000 dólares en el BCI de
Rosenbaum para financiar varios intentos de asesinato contra el general Charles
de Gaulle.
- Robert Vesco: Fugitivo
internacional; se dice que él es “la conexión estadounidense” del Cartel de
Medellín. Comenzó bajo los auspicios de la rama suiza de la familia Rothschild
para apoderarse del Investors Overseas Service (IOS) de Meyer Lansky. La última
vez que se supo donde vivía fue en La Habana, Cuba, protegido por Fidel Castro.
- Antón Rupert: Cofundador del Club
1001 y presidente del WWF en Sudáfrica. Rupert es propietario de la compañía
tabacalera Rembrandt y protegió a Sir Stewart Menzies, jefe del MI-6 británico
durante la Segunda Guerra Mundial.
- Sir Kenneth Kleinwort: propietario
de Kleinwort Benson, uno de los bancos británicos más antiguos.
- Henry Keswick: Presidente de
Jardine Matheson, la compañía comercial británica que creó Lord Palmerston para
encargarse del tráfico de opio al lejano Oriente en el Siglo XIX, Su hermano
John es presidente de Hambros Bank, otra fuente de financiamiento del WWF, y
uno de los directores del Banco de Inglaterra.
- Edmonf Safra: Presidente de Safra
Bank, la anterior propietaria del American Express Bank; fue investigado por
las autoridades estadounidenses y suizas por lavado de dinero del narcotráfico.
- Sir Francis de Guingand: Ex jefe de la inteligencia militar británica; ahora
vive en Sudáfrica.
Una lista de los miembros del Club 1001 de 1987 detallaba los miembros por
países de origen:
|
País |
Número |
|
Estados Unidos |
156 |
|
Gran Bretaña |
129 |
|
Holanda |
101 |
|
Canadá |
64 |
|
Suiza |
61 |
|
Sudáfrica |
59 |
|
Alemania |
53 |
|
Francia |
34 |
|
Otros (42 países) |
344 |
En
los años 90, el WWF y una de las empresas que más lo financian, las Cervezas
Heineken, de Holanda, realizaron una serie de estudios que proponen la
desintegración de los Estados nacionales de Europa, como también cuadruplicar
el número de reservas naturales, parques de fauna y flora y zonas protegidas en
el territorio de la Europa continental. A.
H. Heineken, presidente de la junta directiva de la empresa cervecera, es
un viejo colaborador de los esfuerzos del WWF y la UNICN. Durante muchos años
también figuró entre los directivos de la Heineken John Loudon, ex presidente
de la Royal Dutch Shell, presidente del WWF de 1977 a 1981, y miembro del Club
1001.
El estudio preparado por Heineken propone redividir al mapa de Europa en 75
mini-estados con población de no más de 10 millones cada uno. Cada mini-estado
sería gobernado por un integrante de alguna de las casas reales que existen en
Europa. El plan recibió el apoyo de “Ecoropa”,
una de las filiales más importantes del WWF en Europa, fundado por el declarado
“fascista universal”, el finado Dennis de Rougemont, junto con Teddy Goldsmith,
fundador de la revista The Ecologist.
En 1994 el WWF y la UICN hicieron un estudio llamado “parques para la vida” que propone cuadruplicar la extensión de
zonas protegidas en Europa. El plan eliminaría totalmente los actuales
proyectos de construcción de ferrocarriles, sistemas hídricos y demás obras
vitales de infraestructura para el desarrollo Este-Oeste, porque todos serían
interrumpidos por parques naturales. Este plan encaja con el plan Heineken, y
llama a sustituir el sistema de Estados nacionales con una nueva geografía
política basada en “biorregiones”.
Para garantizar el éxito de este esquema, miembros del Club 1001, y los
patrocinadores más ricos del WWF han estado comprando grandes extensiones de
tierras en las regiones identificadas para futuros parques y zonas protegidas.
Si acaso hallaran resistencia a sus planes, el Club 1001 y el WWF cuentan con
un creciente movimiento de partidos verdes por todo el continente, que pueden
soltar contra sus opositores. El movimiento verde Europeo fue creado
precisamente como un proyecto conjunto del WWF y las viejas policías secretas
del bloque soviético, en especial la Stasi de la Alemania Oriental.
La Familia Bronfman y la Liga
Anti-Difamación (ADL)
La familia Bronfman llegó a Canadá en 1889 proveniente de Rumania [[8]],
encabezada por Yechiel Bronfman. Sus primeros negocios fueron el comercio de la
madera, los caballos y finalmente la administración de hoteles (y la
prostitución). Ya millonarios, durante la prohibición Canadiense, los ingleses
los eligieron para importar y distribuir bebidas alcohólicas de contrabando y
luego exportarlas a los EEUU cuando al poco tiempo se promulgó la Prohibición,
o Ley Seca. La operación de contrabando hacia EEUU estuvo organizada por Arnold
Rothstein, quien se había conseguido instalar en el Sindicato del Crimen
Organizado. Cuando Rothstein fue asesinado en 1928, pasó a ser conducido por
John Torrio, hombre de los Bronfman, en la mafia italiana. A Torrio le
sucedieron Lucky Luciano y finalmente Meyer Lansky, quien quizá haya sido el
mayor lavandero de narcodólares en la historia, hasta hoy.
Los Bronfman habían elegido para distribuir y contrabandear alcohol a los EEUU
al mismo sistema y la misma red que se usaba para distribuir el opio
proveniente del Lejano Oriente. Los Bronfman eran una de las muchas piezas de
la organización, cuyo cuartel general estaba en Inglaterra. Los Bronfman
estaban endeudados con las elites inglesas que los financiaban, les proveían de
protección política y de alcohol y opio para su distribución en los Estados
Unidos.
Con el tiempo, la familia Bronfman se apoderó mediante una estratagema del
paquete accionarial y el control de la compañía química DuPont de Nemours, los
fabricantes de, entre muchos otros productos químicos, los Freones, o
cloro-fluoro carbonos usados mundialmente en la industria de la refrigeración.
Hasta la toma hostil de los Bronfman, la DuPont defendía a capa y espada la
inocencia de los freones en el fraude de la disminución de la capa de ozono
–como la historia demostró más tarde, ellos tenían la razón – pero una vez en
manos de los Bronfman, la DuPont se volvió “verde” y prestó todo su apoyo a la
campaña que impulsaba al Tratado de Montreal de reducción y eliminación de tan
útiles gases.
La figura más importante dentro del clan Bronfman es Edgar Bronfman, quien además
es vicepresidente honorario de la ADL,
o Liga Anti-Difamación. La ADL es
una organización sionista que ha tenido varios de sus miembros acusados y
condenados por la Justicia de EEUU por secuestro, asesinato y otras actividades
ilegales, y que se caracteriza por prestar apoyo a miembros relacionados con la
mafia y el narcotráfico sosteniendo que la persecución de la Justicia contra
ellos se debe a prejuicios antisemitas.
El famoso pensador norteamericano de izquierda, Noam Chomski, lingüista del
MIT, relata sus experiencias con la ADL de la siguiente manera: “En los Estados Unidos se ha desarrollado un
sistema bastante efectivo de intimidación para silenciar la crítica… Es una
organización realmente consagrada a tratar de difamar, intimidar y silenciar a
las personas que critican las actuales políticas del Estado de Israel,
cualquiera que sea. Por ejemplo, mi propio caso, fue posible obtener una copia
del legajo que confeccionaron con relación a mi persona a través de una
filtración de información originada en una oficina de la Liga de Anti
Difamación en Nueva Inglaterra. Contiene 150 páginas, similar a un archivo del
FBI, con memorandos cursados entre distintas oficinas avisando mi llegada aquí
y allá, vigilancia de conferencias que he impartido y comentarios y
transcripciones de otras supuestas conferencias que yo no he dado.
Este material ha estado circulando y era enviado a los grupos locales para
extraer material difamatorio, que a su vez se difundía normalmente en panfletos
sin firmas responsables, fuera de los lugares donde yo hablaba. Si hay algún
comentario en la prensa que consideren poco subordinado a la opinión de la
organización, habrá un diluvio de cartas, delegaciones, protestas, amenazas de
retiros de compra, etc. Los políticos, por supuesto, están sujetos a estas
maniobras y también a importantes recortes financieros si no continúan en la
línea trazada por la ADL.
Esta presión aplastante ante la cual se está indefenso, es un sistema muy
efectivo de calumnias, mentiras, difamación y de uso de los fondos en el
sistema político… ha creado una aproximación sumamente prejuiciosa a la
totalidad de la situación.” [[9]]
Edgar
Bronfman es además presidente del Congreso Mundial Judío. Los holdings de los
Bronfman están constituidos por su dominio sobre DuPont y la compañía
Canadiense de licores Seagram. Los vínculos con la Unión Soviética – en plena
Guerra Fría fueron muy activos – Edgar Bronfman y su amigo Dwayne Andreas,
presidente de la empresa de cereales Archer Daniels Midland, tuvieron estrechas
relaciones con el entonces dictador de Alemania Oriental Honecker y con Mikhail
Gorbachov, cuando en 1985 se hizo con el poder en Moscú con la ayuda del G300.
Los
objetivos eran "mejorar la coordinación de la ADL con la KGB para manejar
la propaganda pro-Gorbachov dentro de los Estados Unidos,” e ingresar a los
nuevos y lucrativos mercados de naciones liberadas de la Europa Central en
nombre del crimen organizado. Se afirma que los vínculos de la ADL con los
soviéticos se remontan a mediados de los años ‘30 e involucran a las redes de
espionaje que operaban durante la II Guerra Mundial.
La ADL estuvo involucrada en el
desarrollo del narcotráfico en Sudamérica, a través de varias eminentes figuras
de la organización como Carl Gershman, director de la Fundación Nacional para
la Democracia (National Endowment for Democracy), que era la agencia del
gobierno de EEUU para financiar a los “contras”; el rabino Morton M. Rosenthal,
concluyó un estudio con fondos del NED en el que sostenía que los sandinistas
eran antisemitas, para lograr el apoyo de la comunidad judía a los “contras”;
Kenneth Bialkin, abogado del millonario y traficante de armas internacional
Adnan Khashoggi, usó el dinero de éste para comprar armas para Irán mediante los
buenos oficios del Coronel Oliver North. Como se recordará, esto fue parte de
las estrategia “armas por rehenes” en Teherán. Como se recordará, Oliver North
fue absuelto de culpa y cargo y se postuló más tarde a Senador de los Estados
Unidos llegando a ocupar un escaño en el Congreso, por Obra y Gracia del G300
Dentro
de los Estados Unidos, la ADL de Bronfman y del G300 operaban como 'agent
provocateur' dentro de los grupos comprometidos con los derechos humanos contra
el Ku Klux Klan, los nazis y la ultraderecha paramilitar.
Entre las actividades internacionales están registradas los preparativos antes
y después de atentados y asesinatos políticos de la primera ministra Indira
Gandhi y el primer ministro Sueco Olof Palme. Indira Gandhi fue asesinada en
octubre de 1984. Meses antes del atentado, un grupo “extremista” Sijh la había
amenazado de muerte y había constituido la Organización Mundial Sijh. Esta
organización recibió ayuda de la ADL y se ha mantenido en contacto con ella.
Surghí Singh, presidente del grupo Sijh es amigo personal de Kenneth Bial-Kin,
presidente honorario de la ADL.
En
febrero de 1986, el primer ministro de Suecia, Olof Palme fue asesinado por un
“extremista” desconocido que lo apuñaló en plena calle. Aparentemente todo
indica que se trató de una ejecución destinada a impedir que Palme pusiera al
descubierto el masivo tráfico de armas y drogas que estarían realizando los
servicios secretos de los EEUU, británicos, israelíes y soviéticos. Esto había
llegado a conocimiento de Palme como consecuencia de una redada a un traficante
de armas, ordenada por él mismo y que le había provisto de una importante
cantidad de documentos. Palmer quería poner fin al flujo de armas de la
industria Sueca al Golfo Pérsico, pero fue convenientemente asesinado. La
policía Sueca tenía las pruebas de que la KGB estuvo al tanto del atentado con
anterioridad al asesinato.
Se
repite el esquema de las muertes acontecidas en momentos claves de la historia,
como la del canciller Rathenau, John Kennedy, Enrico Mattei, Omar Torrijos,
Indira Gandhi, para mencionar sólo a los personajes de importancia a nivel
mundial, sin entrar a mencionar a los cientos de personajes menores cuya
desaparición de la escena pública ha sido atribuida a accidentes o enfermedades
repentinas.
Toda la estrecha relación que existe ente el tráfico
de droga, la ADL y sus protectores políticos en los EEUU e Inglaterra está muy
bien descrita en el libro que publicó la organización EIR, Executive
Intelligence Review, Dope, Inc, (Narcotráfico S.A.) que revela con entera
claridad y abundancia de datos, nombres, lugares y fechas, la relación que
existe entre las dinastías de las familias de banqueros y la conspiración
combinada de los servicios de inteligencia de varias naciones, junto a los
círculos del crimen organizado. El tráfico de droga es troncal en lo que
respecta a las actividades del G300, así como el uso de organizaciones
ecologistas como herramienta de utilidad invalorable para mantener el estado de
dependencia que es necesario para que este comercio pueda prosperar. Por ello,
un somero relato de la historia del inicio del “Imperio de la Droga”, o lo que
es lo mismo, el Imperio Británico, arrojará bastante luz sobre este aspecto
oscurecido de la historia. Esta luz será muy útil para iluminar el camino hacia
la Verdad.
De acuerdo a los historiadores que se han
especializado en el tema, el asunto del comercio de la droga a nivel masivo se
remonta al siglo XV, cuando Portugueses y Holandeses realizaban el transporte
de opio desde India, donde se fabricaba, hasta China y otros lugares del
sudeste Asiático, donde era consumido. De acuerdo con EIR: “...para 1659, el comercio de opio seguía en
importancia al de las especias, que servía a su vez como canje para el opio. Ya
en 1750 los Holandeses transportaban más de 100 toneladas anuales de opio a
Indonesia”.El opio era usado principalmente con un objetivo: quebrar la
resistencia y voluntad de los consumidores, que así eran sujetos al trabajo
esclavo en la explotación de recursos naturales que eran enviados a la
Metrópoli a precio muy bajos“.
El objetivo ha sido siempre el control de los recursos
naturales de los países pobres. Entonces, y ahora, las políticas no han variado
sino para ser perfeccionadas. Los ejércitos de ocupación coloniales han sido
reemplazados por embajadores, funcionarios de las Naciones Unidas, del Banco
Mundial, del FMI, del GATT y ahora del IPCC, que trabajan de manera mancomunada
y perfectamente coordinada con una pléyade de ONG ecologistas y de los “derechos
humanos”, como el WWF, la IUNC, Greenpeace, el NRDC, el EDF, el Sierra Club,
Amnesty International, Human Rights Watch y en general con todas las
organizaciones con “Watch” como sufijo.
La Compañía Británica de la Indias Orientales (BEIC –
British East India Co.) comenzó su participación en el narcotráfico abriendo
una oficina en Cantón, China. Cuando Inglaterra convirtió la región de India
conocida como Bengala, hoy Bangladesh, en una más de sus colonias, el negocio
del opio producido allí comenzó a inundar China a través de la oficina de
Cantón. La BEIC no había producido muchas ganancias para la Corona hasta que en
1783 Lord Shelbourne la tomó a su cargo junto con Inglaterra y consiguió que
funcionaran como una sola unidad de explotación del negocio de la droga,
produciendo ingentes recursos para la Corona.
Lord Shelbourne concretó alianzas con banqueros, entre ellos con el
anglo-holandés Francis Baring, de la banca Baring, la firma que le prestó una
fortuna al tirano de Juan M. de Rosas, y que al no poder devolverla intentó
pagarles con las islas Malvinas, propuesta que los Ingleses declinaron
gentilmente aduciendo que las “Falklands” ya eran suyas. Una vez que contó con
el ingreso del comercio del opio y el apoyo de la monarquía británica, Lord Shelbourne
“compró en 1873 al Parlamento Inglés
íntegro” y consolidó un poder político y económico pocas veces visto en el
mundo.
De acuerdo con EIR, para que Inglaterra recuperase su antigua grandeza, Lord
Shelbourne propuso “ampliar el comercio
de opio y subvertir a los Estados Unidos bajo la bandera del libre comercio. El
primer objetivo tuvo un éxito sin par en la Guerra del Opio en China; el
segundo no triunfó hasta el Siglo XX.” El tráfico de opio fue la política
oficial de la Corona Británica, siendo la compañía Jardine Matheson la
principal encargada del comercio. Como anécdota curiosa se hace notar que la
corona Británica fundó el Hong Kong and Shanghai Bank of Commerce, HSBC, para
canalizar las ganancias de opio hacia Inglaterra. El banco cuyas siglas
mantiene hasta el día de hoy, ha mantenido también su espíritu lavador de
dinero proveniente del narcotráfico.
El emperador de China intentó resistirse a los ingleses, pero Inglaterra le
declaró una guerra que ganó de inmediato y le obligó a firmar un tratado de paz
por el cual Inglaterra se quedaba con el control del puerto “libre” de Hong
Kong, que a partir de ese momento nunca dejó de ser la capital del tráfico de
drogas de Gran Bretaña. La política oficial de Inglaterra de usar la droga con
poder destructivo de la inteligencia y la voluntad para mejorar su comercio,
fue idea de Lord Palmerston, quien la introdujo en 1841 en un memorando al
Gobernador de la India: “...debemos
intentar sin pausa, encontrar en otras partes del mundo nuevas aperturas para
nuestra industria (opio) … Si nuestra expedición China tiene éxito, Abisinia,
Arabia, los países hindúes y los nuevos mercados de China permitirán en un
futuro no muy lejano la ampliación de nuestro comercio exterior”.
En la Segunda Guerra del Opio se repitió el proceso y en octubre de 1860
ingleses y franceses sitiaron a Pekín. Una vez ganada esa guerra, los bancos
mercantiles y las compañías inglesas establecieron el HSBC, que hasta el día de
hoy funciona como cámara de compensación para todas las transacciones
económicas del lejano oriente, vinculadas con el mercado negro del opio y de su
derivado, la heroína. Los ingleses lograron así controlar así los 7/8 del
comercio de opio en China, cantidad que duplicaron nuevamente hacia 1880,
transformando en adicta a la población elegida “para debilitar la salud de la
nación”.
Cuando era necesario utilizaban un ejército de su
propiedad para instalar y proteger el comercio de droga. Y después utilizaban
las ganancias para financiar infraestructuras criminales que permitiese llevar
adelante el comercio.
Los banqueros ingleses crearon rápidamente vínculos
con los banqueros norteamericanos (cuyo ejército les había ayudado en la última
guerra contra los nacionalistas chinos, los Boxers, junto con portugueses, alemanes,
franceses, italianos y japoneses). El plan inglés de introducir la droga en
Estados Unidos como medio de subvertir a su antigua colonia comenzó hacia la
década de 1840 con la introducción en la costa oeste de coolies chinos
transportados por las mismas compañías inglesas que comerciaban con esclavos
desde África. Sólo en 1846 ingresaron a EE.UU 117.000 coolíes, en su gran
mayoría adictos al opio. Aunque ya en 1862 Lincoln había prohibido el tráfico
de coolies, la práctica continuó hasta bien entrado el siglo XX. Para 1875, en
Estados Unidos había 120.000 norteamericanos adictos al opio, además de los
cientos de miles de coolíes chinos.
Cuando los países de occidente se dieron cuenta de que
el problema del opio se había convertido en algo inmanejable y de tremenda
gravedad para la sociedad, se intentó poner fin, o limitar, el comercio de
opio, algo a lo que Inglaterra se opuso con vehemencia. En 1905 se había
firmado en La Haya una convención (que los ingleses evadieron con facilidad) y
en 1923 se presento a la Comisión del Opio de la Liga de las Naciones una
propuesta destinada a lograr una reducción a nivel global del 10% del valor del
opio, ya fuese de producción y de consumo. En 1927 las estadísticas oficiales
de Inglaterra mostraban que el 20% del ingreso de sus colonias en el Lejano
Oriente provenían del tráfico del opio. La salud de la economía Británica
dependía de la adicción de millones de personas al opio.
En 1920, aunque el transporte de las enormes cargas de opio de China e India
hacia Canadá y los Estados Unidos no presentaba problemas, su distribución si
era más compleja. Se hacía necesaria una infraestructura criminal que
distribuyera la droga en las calles de Estados Unidos. Comenzó entonces una
campaña en Canadá y los Estados Unidos para prohibir las bebidas alcohólicas.
La campaña fue iniciada y financiada por las nobles familias norteamericanas
que habían sido atraídas a las redes británicas del tráfico de drogas: los
Astor, Vanderbilt, Rockefeller, Warburg, etc, financiaron a la Unión Cristiana
Femenina de la Templanza (WCTU), y lo mismo hicieron muchas fundaciones
“filantrópicas” de Estados Unidos.
En Canadá la prohibición duró desde 1915 hasta 1919. En ese lapso, la
infraestructura criminal Canadiense de la distribución del alcohol traído de
Inglaterra y Escocia, estaba primariamente en manos de la familia Bronfman,
quienes habían hecho los contactos necesarios con la Comisión Real de Bebidas
Alcohólicas de Londres. Todo anduvo sobre rieles y muy pronto la red de
traficantes de alcohol estuvo establecida en Estados Unidos, siendo Meyer
Lansky una de las figuras clave del proceso. La prohibición del alcohol terminó
en 1933, pero el tráfico y la provisión de droga continuaron intactos e
ilegales.
A
pesar de la inmensa cantidad de dinero que movía la actividad, el narcotráfico
se volvió un negocio espectacular después de la II Guerra Mundial, cuando se
perfeccionaron los mecanismos e instrumentos bancarios y financieros necesarios
para manejar la avalancha de dinero en efectivo ilícito, y se creó el clima
cultural para estimular la adicción a las drogas. Los ingleses se habían
mantenido en las sombras de estas operaciones ilegales de alcohol y drogas, ya
que la heroína que vendieron a Rothstein y Lansky en la década de los 20 había
sido una operación legal. Lo que los compradores de droga inglesa hicieran con
ella no era asunto de los ingleses. También fueron legales la venta del alcohol
a los Bronfman y a Joe Kennedy (padre de John F. Kennedy), ya que el destino
que los compradores dieran al alcohol era un asunto que se encuadraba dentro de
la “libre empresa en acción”.
La cantidad de dinero que maneja el tráfico de drogas es descomunal. La
pregunta que a todo el mundo se le ocurría era: “¿Cómo es posible que $500 mil
millones de dólares ilegales puedan mantenerse fuera del control de la Ley?” No
hay en el mundo un banco lo bastante grande como para manejar tal cantidad de
dinero. De acuerdo a la profunda investigación de EIR “se ha creado un conglomerado bancario y de operaciones financieras
internacionales con el único objeto de manejar al dinero sucio”. La otra
pregunta es ¿quién tiene la capacidad para crear semejante red internacional
bancaria y financiera? Nuevamente EIR aclara las dudas: “La red bancarias británica es la única capaz de manejar el volumen
requerido del tráfico ilegal de cualquier cosa”. Resulta claro que más de
300 años dedicados al comercio de la droga le había dado a la banca británica
la experiencia para hacerse cargo de cualquier operación. Simplemente es una
ampliación de su antiguo negocio en China.
Las
razones que expone EIR para el éxito inglés son:
-
Haber manejado el negocio durante más de 300 años.
-
Ejercer el control de la jurisdicción política de los principales mercados offshore,
cuyos datos contables están vedados a los gobiernos que les dan albergue.
-
Ejercer el control del comercio mundial de oro y diamantes (utilizado para
ocultar las rutas de los flujos ilícitos de efectivo).
-
Las sólidas vinculaciones con el crimen organizado y con los funcionarios
encargados de controlar el cumplimiento de la ley.
-
Sus fluidas relaciones con todos los servicios de inteligencia de todo el
mundo.
Como
es público y notorio, la actividad bancaria offshore se lleva cabo
principalmente en las islas de las antiguas colonias británicas (hoy miembros
de la Commonwealth), como Bahamas y las Islas Caimán que, bajo muy contadas
excepciones, están bajo el control de las familias oligárquicas inglesas. El
dinero obtenido ilícitamente en los EE.UU se lava mediante depósitos en
efectivo en dichos “paraísos financieros”. El lavado lo realiza gente que
manejan enormes cantidades de efectivo, como los casinos, los hipódromos,
clubes deportivos (baseball, basketball, fútbol), cadenas de restaurantes, e
incluso grandes supermercados y shoppings.
Una vez que el dinero es depositado se hace la transferencia electrónica a un
banco en el extranjero, donde se le pierde la pista en un laberinto de
transferencias prácticamente imposibles de localizar, aunque los investigadores
pudiesen tener acceso a los registros de los bancos, cosa que no ocurre.
Un
ejemplo que ilustra claramente en nivel de corrupción e implicación en el
negocio de gente considerada intachable u honorable lo proporciona el informe
de EIR: “Una pequeña línea aérea, que
tiene contratos con la Reserva Federal y a la que le permite entregar cheques
con clearing bancario, era sospechosa de entregar estupefacientes a distintos
centros urbanos del crimen, Debe recordarse que la Reserva Federal de New York
no es una organización del gobierno de los Estados Unidos, sino que es una
organización privada y controlada por el G300 a través de sus testaferros. Este
asunto nos hace recordar al affaire de la línea aérea Southernwinds, de
Argentina, que transportó a Madrid valijas con 40 kilos de cocaína y que está
actualmente en plena investigación. ¿Conseguirá el G300 tapar el asunto? Hay
mucho dinero de por medio y sobre todo, estructuras y equipos de gente que
proteger. Por otro lado, la línea aérea norteamericana, era en parte propiedad
de Airborne Freight, de Seattle, controlada por un banco de New York llamado
Allen & Co. Allen era el apellido del banquero inversor de Meyer Lansky,
Charles Allen. Otro individuo, James H. Carey, Vicepresidente Ejecutivo del
Chase Manhattan Bank, formaba parte del directorio del Airborne Freight.
Anteriormente, Carey había trabajado con Richard Hambro, presidente del Hambro
Bank, principal banco mercantil de Inglaterra, y en seguida se convirtió en
director ejecutivo del First Empire Bank, organización en sociedad entre Hambro
y la gran tienda Macy's. El First Empire fue el respaldo bancario de los
hermanos Jacob, quienes manejaban una rama del lavado de dinero de Meyer
Lansky. Los patrocinantes de Carey en el Hambro Bank, estaban entre los mejor
conectados de la elite inglesa: el ya fallecido Sir Charles Hambro, tío de
Richard Hambro, encabezó el Special Operations Efective (SOE) durante la
Segunda Guerra Mundial.”
Hong Kong, Gran Bretaña y la China
Comunista
El
centro financiero, el cuello de botella del dinero sucio se encontraba en Hong
Kong, donde el gigantesco volumen de dinero sucio comprimía la actividad
económica legítima. EIR estima que el dinero que fluyó por Hong Kong en 1978
suma $10 billones de dólares. Lo que representa casi el doble del total
disponible en esa ciudad. El centro operativo es, como se dijo antes, el HSBC
que crearon los ingleses después de la II Guerra China del Opio. Según los
informes, era el “banco central” semioficial de la Colonia Británica de Hong
Kong, y “regula las condiciones generales del mercado, guardando el exceso de
depósitos de los miles de bancos menores, provee servicios de redescuentos,
etc. El HSBC es el monstruo económico que unifica la producción, el transporte
y la distribución del opio en Asia.”
Una de las tareas del banco es financiar anualmente el cultivo de cada nueva
cosecha y su adquisición. Cubre, no sólo el valor de la semilla de amapola,
sino también el transporte con extensas caravanas de mulas (camellos en Afganistán)
productos químicos precursores para la elaboración de la heroína, contrabando
hasta los puertos de embarque, fuerzas de seguridad privadas y sobornos a
funcionarios según se requiera a cada paso del trayecto. Los cultivadores
reciben $100 la libra, monto que en la frontera tailandesa se ha elevado a $200
la libra; cuando sale del laboratorio, la heroína ya vale $2000 la libra y
finalmente, en las calles de San Francisco o Nueva York llega a alrededor de $2
millones la libra. El HSBC debe asegurarse de que los fondos para pagar cada
nueva provisión anual de heroína estén disponibles en cada lugar antes de que
el producto llegue a los mercados de distribución.
La República Popular
China
Aunque la RPC no forma parte de los G300 (no todavía) ha sido una competidora
de los ingleses en el comercio del opio, desde la asunción de Mao al poder.
China nunca dejó de cultivar y distribuir opio, a pesar de haber prohibido su
uso interno, pero puso la producción y distribución bajo el control del estado.
El periódico de Hong Kong, Liberation Monthly, informaba en 1989 que “la RPC
provee del 80% de la heroína de alta calidad del mercado internacional”. Hacia
1992, se informaba que China era la mayor productora de opio del mundo, con 800
toneladas anuales.
Margareth Thatcher, cuando era Primer Ministro de Inglaterra, visitó en
septiembre de 1982 al ministro Chino Deng Xiaoping, para consultar sobre el
futuro de la colonia de Hong Kong. Luego voló a Shanghai para entrevistarse con
Sir Y.K. Pao, chino expatriado y caballero del Imperio Británico, miembro del
directorio del HSBC y el Chase Manhattan Bank, que dirige además la compañía
naviera Hong Kong's World Wide Shipping, la flota mercante más grande del
mundo. En su visita a un astillero de Shanghai, Thatcher bautizó un nuevo buque
de la flota de Pao, el World Goodwill. En su discurso dijo: “Esta nave
simboliza la estrecha relación entre China, Gran Bretaña y Hong Kong”.
Ya desde fines de los ‘50 China había integrado deliberadamente sus asuntos
económicos externos con las firmas narcotraficantes británicas más importantes
de Hong Kong y Macao y con las redes chinas de drogas al por mayor y dinero
sucio de todo Oriente. Que Pekín dependía financieramente de Hong Kong no era
un misterio para nadie. En octubre de 1978, el boletín informativo del Chase,
East-West Markets, estimaba que en ese año el flujo financiero hacia el
continente chino vía Hong Kong (excluidos pagos por las exportaciones) llegaría
a la suma de $2.500 millones de dólares. Este sorprendente reflujo financiero
que vuelve a China comunista representa los frutos del programa de Pekín, de
más de veinte años de antigüedad, consistente en circular por las altas esferas
del narcotráfico con el acuerdo de los británicos. La política de la China
actual es la continuidad de la línea seguida por los chinos corruptos,
colaboradores de Inglaterra en el Siglo XIX. China ha mejorado su economía, su
capacidad de importar bienes extranjeros de primera necesidad, maquinas
herramientas, etc, mediante el negocio del opio.
El papel de China en el tráfico de opio fue “descubierto” por Richard Nixon en
su viaje de “apertura a China” de 1972, pero fue encubierto por Henry Kissinger
(su asesor personal). Nixon quiso oponerse a ello, pero al poco tiempo fue
expulsado de su mandato por el famoso y oportuno Watergate. ¿Quién proporcionó
a los investigadores las cintas donde Nixon hablaba sobre su conocimiento de la
operación de espionaje al cuartel general Demócrata? No fueron los Demócratas,
fue Kissinger, quien sigue siendo, el Black Frear de la política
norteamericana, siempre al servicio de la Corona Británica (y al G300, por
extensión). Tanto es así, que la Reina Isabel II le concedió en 1995 el título
de Comendador en la Muy Distinguida Orden de San Miguel y San Jorge, por “los
valiosos servicios prestados a la Corona”.
Ya en 1984, Kissinger había dado una conferencia en el RIIA (Instituto Real de
Relaciones Internacionales), en Chatam House, titulada “Reflexiones sobre una
asociación: actitudes británicas y estadounidenses de la política exterior de
posguerra” En dicha conferencia Kissinger reconoció que durante su etapa en la
Casa Blanca (1969-1977), mantuvo mejor informada a la Corona Británica que al
Departamento de Estado. Kissinger también es miembro del Consejo de Relaciones
Exteriores (CFR), de la Comisión Trilateral y asistente asiduo de las reuniones
del Grupo Bilderberg. [[10]]
Malvinas y Diálogo Interamericano
Otros
personajes de la política de EEUU también recibieron sus títulos, pero resulta
sintomático el título de Sir dado como premio al Almirante Alexander Haig, por
sus notables servicios prestados a Inglaterra durante el conflicto armado con
Argentina por las Malvinas. Haig era el “mediador” entre Argentina e
Inglaterra. Por supuesto, los Estados Unidos dotaron a los cazas Harriers
ingleses con los letales misiles “Sidewinder”, sin los cuales no habría podido
mantener su superioridad aérea en la guerra. También les dio abundante y vital
información satelital para la Task Force. El G300 lo puede todo
Esta traición a los principios de solidaridad Interamericana, de unirse en
guerra con una país agresor a un miembro de la OEA, quebrantando el tratado de
ayuda recíproca conocido como TIAR, le costó a Estados Unidos años de trabajo
diplomático para recomponer las relaciones con sus "amigos"
latinoamericanos que, con toda razón, habían comenzado a desconfiar de la
honestidad de los tratados firmados por el Big Brother del norte. Con tal fin,
el Departamento de estado fundó una organización llamada Diálogo Interamericano
para lo cual reclutó a lo más granado de la politiquería sudamericana. Así se
comprueba que se unieran al plan del Departamento de Estado para
"reconquistar" Iberoamérica personajes de dudosa moralidad como
Gonzalo Sánchez de Lozada, de Bolivia, Henrique Cardoso, Jacqueline Pitanguy,
Roberto Civita, y nada menos que Luis Inacio da Silva (Lula), en Brasil. De
Perú vemos a Javier Pérez de Cuéllar y Mario Vargas Llosa, de Panamá, a Nicolás
Ardito Barletta, de Paraguay a Carlos Filizzola, de Uruguay a Julio María
Sanguinetti y Enrique V. Iglesias; de Chile a Sergio Bitar, Frenando Leniz, y
Gabriel Valdéz; de Colombia a Rodrigo Botero y Augusto Ramírez Ocampo; y por
último, de nuestra pobre Argentina, y esto ayudará a explicar algunas cosas
extrañas, se ve la presencia de Raúl Alfonsín, José Octavio Bordón, Oscar
Camilión, José María Dagnino Pastore y - créanme, la ex diputada Elsa Kelly. [[11]]
Del lado norteamericano estaban personajes que no le iban en zaga a sus amigos
del Sur: Bruce Babbitt, McGeorge Bundy, Jimmy Carter, Henry G. Cisneros,
Maurice Ferré (ex alcalde de Miami) y su hermano Antonio Luis, Abraham F.
Lowenthal, Robert S McNamara, William G. Milliken, Edmund Muskie, Federico
Peña, y una larga lista.
La misión primaria de Diálogo Interamericano era hacer regresar las ovejas al
redil. El asunto de la abundancia y el bajo costo de los recursos naturales de
la región y la facilidad con que eran adquiridos no era algo que se pudiera
poner en peligro. Ya lo había expresado muy claramente en 1824 el Senador
Monroe cuando enunció su famosa Doctrina: "América para los
Americanos", algo que los demás países de América interpretaron como una
invitación al banquete, aunque nadie les dijo que eran la comida. Sucede que
los norteamericanos cuando dicen América se refieren exclusivamente a Estados
Unidos. Lo que a Monroe le preocupaba era la actividad de las flotas inglesas y
francesas en Sudamérica y el Caribe, zonas que los nacientes Estados Unidos
consideraban su "lebensraum", su patio trasero.
La segunda misión de Diálogo Interamericano era la destrucción de las fuerzas
armadas del continente, la debilitación del sentimiento de nación (en total
consonancia con el proyecto de un gobierno Unimundial del G300), lo que
llevaría eventualmente a la paulatina rendición de las soberanías por parte de
los países. Un importantísimo papel en este aspecto lo juega el movimiento
Verde internacional con organizaciones como Survival International y su
proyecto indigenista, Greenpeace, y sobre todo el Worldwide Fund for Nature (WWF)
con su proyecto de creación de Parques y Reservas Naturales, lo que conseguiría
un control sobre la Amazonía Brasilera, Boliviana, Peruana, Colombiana,
Ecuatoriana y Venezolana que se sumaría al que ya existe sobre las antiguas
Guayanas. El repiqueteado proyecto de la Reserva Yanomami, en la frontera
Brasil-Venezuela, es un claro ejemplo que por fortuna no tuvo el éxito que el
Príncipe Felipe de Edimburgo esperaba, quien había firmado convenios con los
dos presidentes responsables de la región: Fernando Collor de Mello y Carlos
Andres Pérez. Curiosamente, ambos personajes fueron expulsados de sus cargos y
juzgados por corrupción. Con esa clase de gente se juntan los miembros del
G300. Dios los cría, y el viento los amontona...
III Parte
El Informe 'Iron Mountain'
El
Informe Iron Mountain toma su nombre del último lugar donde se reunió una
comisión elegida por “alguien” en el Gobierno de los Estados Unidos, aunque no
hay pruebas de que realmente haya sido una operación del Gobierno, sino de los
“topos” del G300 infiltrados en él. Se diferencia de otros informes
similarmente solicitados por la Casa Blanca y otras agencias (como el reciente
caso del informe “solicitado por el Pentágono” advirtiendo sobre una inminente
catástrofe climática), por no haber sido dado a conocer por el gobierno que lo
habría solicitado. El “Grupo de Estudio Especial” comprendía 15 personas que
tardó dos años y medio en completarlo. El tema: “Posibilidad y Conveniencia de
la Paz” [[12]]
El
grupo representaba, de acuerdo al criterio del miembro del establishment que
contrató al equipo de pensadores, los más altos niveles de erudición,
experiencia, capacitación en todas las ciencias físicas y sociales. El
contenido del informe, que pretendía ser “secreto”, se filtró al público gracias
a uno de los miembros del grupo que no le parecieron correctas las conclusiones
del informe. Contactó al editor del libro, el Sr. Leonard Lewin presentándose
con el seudónimo de John Doe, que viene a significar algo así, como Juan Nadie.
John Doe creía que la gente tenía el derecho de conocer el contenido del
informe y lo que se estaba preparando en él.
Iron
Mountain es una localidad del estado de Nueva York donde estaba ubicado el
famoso refugio nuclear subterráneo que algún día usaría el Gobierno de los
Estados Unidos para refugiarse en caso de un ataque nuclear. Fue recientemente
convertido en museo de atracción turística, pero anteriormente cientos de
compañías comerciales e industriales lo utilizaron para poner a resguardo sus
documentos reservados. Además, incluía sitio para sedes alternativas de muchas
compañías, entre las que se destacan famosas firmas del establishment como
Standard Oil de New Jersey, Shell y Manufacturers Hannover Trust.
Uno
de los miembros del grupo, que actuaba como “contacto del gobierno” pagaba a
los otros miembros todos sus gastos de traslado, estadía y otros gastos, con
instrucciones de que no debían informar al IRS (Departamento de Impuestos) de
esos pagos, y que debían mantener secretas las deliberaciones del grupo y sus
conclusiones. La primera reunión fue en agosto de 1963, pero había sido
proyectada ya en 1961 por el equipo del gobierno entrante de Kennedy, y
concretamente por McNamara, Mc George Bundy y Dean Rusk”. La última reunión
ocurrió en marzo de 1966.
Lewin
prologó la publicación del informe haciendo notar que contenía presunciones y
recomendaciones escandalosas y ofensivas para el sentido común de las personas,
en especial de los norteamericanos. El informe contiene nociones sobre que la
pobreza no sólo es necesaria sino que es deseable; que la vuelta a la
esclavitud como institución puede ser conveniente; y que sería necesario
presupuestar el número óptimo de muertes anuales en guerras. El informe dice
que sus conclusiones son prerrogativas legítimas de los gobiernos. Sin embargo,
las verdaderas metas del informe no se detienen ahí sino que se proyectan hacia
la construcción de una sociedad futura bajo un gobierno único mundial, algo que
la actual Globalización está logrando.
La
preocupación de los que encargaron el informe eran los problemas que debería
encarar los Estados Unidos en caso de llegar a una época de no beligerancia, en
donde las guerras ya no representarían el motivo del derroche de recursos que
la banca internacional necesita. El derroche es necesario para que los
gobiernos necesiten dinero (que tomarán de los impuestos y de los bancos si el
de los impuestos no alcanza), lo que hará que los bancos recurran a la mecánica
del Dinero Mandrake, creado de la nada, sólo en base de promesas de pago que
originan otras promesas de pago, hasta el infinito.
Era
necesario saber lo que ocurriría si desaparecían las guerras, porque era vital
para el “equilibrio social”, o la “estabilidad social”. Lo que esta gente
considera la estabilidad social, como claramente lo describe el informe, es “la
existencia necesaria de clases, con una clase pobre siempre en lo más bajo, y
una clase alta, siempre en lo más alto”.
¿Por
qué se consideraba probable el advenimiento de una peligrosa época sin guerras,
que habían sido a lo largo de toda la historia la causa del ascenso al poder
del G300? Las guerras tienen sus funciones económicas y a pesar de que implican
un derroche extraordinario, este derroche había tenido una utilidad social en
la medida que el mismo se encuentra fuera del control de las fuerzas del
mercado, y que por el contrario, está sujeto a un “control central arbitrario”
Ese control se usa, por supuesto para decidir las políticas económicas de los
países proveedores de materias primas y recursos naturales. La preocupación del
G300 era que las guerras se estaban haciendo muy impopulares en todo el mundo,
en especial en los Estados Unidos.
La
guerra de independencia parecía haber dejado a los norteamericanos con un
profundo desagrado por la guerra, y Washington recomendó a su pueblo que se
mantuviesen apartados del as intrigas bélicas europeas, ya que “no tienen lugar alguno en un país nuevo como
el nuestro, que por primera vez en la historia de la humanidad ha sido erigido
para ser gobernado por el pueblo, para el beneficio del pueblo”. Se podría
añadir “no para el beneficio de los que
gobiernan”. Ese era el espíritu con el que fue cuidadosamente redactada por
los “Padres Fundadores” de los EEUU, Hamilton, Jefferson, Franklin, etc.
También
la constitución Argentina contenía esos principios fundamentales de los
Derechos Humanos recogidos por Alberdi y otros (dado que fue copiada de la
norteamericana) pero a lo largo de la historia fue también cuidadosamente
reformada, mutilada y destrozada por los políticos de turno que no soportaban
la idea de tener que “volver al llano”
con las manos vacías y la reformaron a su gusto y medida para aprovechar su “mandato popular” y enriquecerse de la
manera más vil y escandalosa que podamos concebir.
Por
ello, el poder de entrar en guerra con alguien fue confiado al Congreso que
representaba (entonces) a un electorado de muy variadas opiniones. La hecatombe
de la Guerra Civil renovó el odio hacia la guerra de la gente común, para
disgusto de aquellos poderosos que se habían enriquecido con los contratos de
guerra para el gobierno. Fueron necesarias muchas actividades conspirativas
para lograr que los EEUU entraran a la I Guerra Mundial y esta guerra provocó
un repudio mayor todavía que obligó a que los conspiradores tuviesen que trabajar
más duro aún para conseguir el ingreso del país a la II Guerra Mundial. Tras la
Guerra de Corea quedó clara la animadversión de la sociedad civil a implicarse
en aventuras militares. No les convencía el argumento irónicamente expresado
por algunos pensadores sensatos, de que “la
guerra es un buen negocio, por tanto, invierta a su hijo”.
La
guerra de Vietnam dejó bien claro al pueblo de los EEUU el alcance de la
manipulación a la que era sometido y ello fue posible por el aumento de la
conciencia histórica y un mayor acceso a la información y a la educación. La
educación es un peligro enorme para el G300, sobre todo en los países que serán
las víctimas del saqueo de sus recursos naturales. Así es que se infiltraron en
todos los niveles e impulsaron las “reformas
educativas” que llevaron a la destrucción del sistema educativo (efecto
notable en Argentina) con programas de estudio que dificultan el aprendizaje de
las materias básicas, útiles para el uso en actividades productivas,
reemplazándolas con materias de “concienciación
ambiental,” destinadas a allanar el camino al anti-desarrollo, la
anti-industrialización y el retroceso económico.
El
pueblo de EEUU estaba harto de la guerra cuando dio su apoyo para la creación
de las Naciones Unidas en la creencia de que serviría para detener las guerras
en todo el mundo. Sin embargo todos los pueblos del mundo fueron embaucados una
vez más por los poderosos; hoy a todos nos es evidente con absoluta claridad
que las Naciones Unidas no son una institución que busca asegurar la Paz y la
Libertad, sino que está encargada de adquirir poder y control político y
militar sobre los pueblos del mundo en beneficio de las elites de poder que la
crearon. El G300.
El
analista político e historiador G. Edward Griffin, en su libro “The Creature of
Jekyll Island”, de 1994 [2], señala que: “El
Informe Iron Mountain no fue ejecutado por encargo de soñadores en torres de
marfil, sino por gente con responsabilidad oficial. Es hijo intelectual del
Consejo de Relaciones Internacionales (el CFR, de Rockefeller, Kissinger, etc)
Asimismo, es indudable que las maniobras perfiladas en el informe ya se están
implementando. Con tomar al informe en una mano y el periódico del día en la
otra se llega la conclusión de que cada tendencia importante de la vida de los
Estados Unidos se alinea con las recomendaciones contenidas en le informe”.
Tantas
cosas hasta ahora incomprensibles se vuelven claras como el agua; la ayuda
externa, los derroches en materia de gastos, la destrucción de la industria
norte-americana, un organismo para los empleos, el control de las armas de los
civiles, una fuerza de policía nacional, la desaparición aparente del poderío
soviético, un ejército de las Naciones Unidas, el desarme, un banco mundial,
una moneda mundial, la entrega de la independencia nacional mediante tratados y
la histeria ecológica. El Informe Iron Mountain ya ha creado nuestro presente.
En este momento está modelando nuestro futuro.
El
movimiento ecologista no es nuevo, ni tiene sus orígenes en 1970 con la
declaración del Día de la Tierra en Washington. Tampoco lo es el movimiento
“conservacionista” que se atribuye la intención de “preservar” la naturaleza
fuera del alcance de los seres humanos. Algunos creen que el asunto del
conservacionismo se remonta al veneciano Giammaria Ortes, que escribió un
“ensayo sobre la población” del mismo tono sombrío que el de Thomas Malthus,
quien lo plagió sin vergüenza alguna. También influyó Giammaria Ortes sobre el
inglés Bernard Mandeville (1670-1733), quien afirmaba que “la bestialidad y el mal son el estado natural del hombre”, quizás
influenciado por su experiencia personal de convivencia entre la aristocracia
inglesa. Ese enfoque tan poco acertado sobre la naturaleza humana prendió en algunos
pensadores ingleses como Adam Smith, Jeremy Bentham, Thomas Hobbes, John Locke
y por supuesto, en Thomas Malthus.
La
filosofía Ortes-Mandeville-Malthus es la base del pensamiento y la acción de la
Corona Británica desde entonces. Esa filosofía es la que guía a la Sociedad
Mont Pelerin, (fundada por el economista austriaco Friedrich von Hayek), que se
expresa a través de boca de uno de sus guías espirituales, el “católico
conservador” Michael Novak, cuando afirma que “Ningún orden humano inteligente… se puede administrar en base a los
preceptos cristianos… Una economía libre… no puede ser una economía cristiana.
La única posibilidad realista es construir una economía para peca-dores: la
única mayoría moral.
Ni
qué decir que este espíritu era el imperante entre las noblezas de Europa,
desde la rusa, dando la vuelta por Grecia, Rumania, Austria-Hungría, Italia,
España, Francia, pasando por las casas menores hasta terminar en la británica.
La elite real era la que por derecho divino era la dueña del mundo y los
vasallos apenas si tenían una “franquicia” real para realizar sus actividades.
Lo que conocemos hoy como G300 ya se había comenzado a gestar cuando las
familias banqueras se elevaron a un nivel de poder igual al de los reyes y
emperadores, puesto que sin sus préstamos, los reinos e imperios no podían
financiar ejércitos ni guerras.
Inglaterra
ha sido la pionera en el tema “conservación”, entendiendo a este término como
el de “conservar los recursos naturales y materias primas” para uso exclusivo de
la Corona Británica. Ya se vio la manera en que Inglaterra dominó a la China a
través de la introducción del opio en su población, haciendo adictos a millones
de chinos que, con la voluntad quebrada y su resistencia desaparecida, se
convirtieron en mano de obra esclava. En la India como en el resto de las
colonias en el Sudeste Asiático, se trabajaba para recibir la ración de
“ganja”, el producto del cannabis sátiva, la marihuana, o hashis, según su
concentración.
Para
asegurar que la población nativa no consumiese (alimentación, energía, etc)
recursos naturales que no les pertenecían por mandato divino (y decreto de la
reina), los colonizadores se preocuparon de que las poblaciones nativas de sus
colonias no aumentaran en número. En África comenzaron a crear “vedados” o
“cotos de caza” privados a los que sólo los nobles ingleses y demás miembros de
la raza blanca sajona podían ingresar. Sucedía que las poblaciones nativas
habían adquirido a lo largo de miles de años, la pésima costumbre de querer
alimentarse y mantenerse vivos. Para ello debían cazar o recolectar, sembrar y
cosechar, y eso no se podía permitir.
Para
asegurar el mantenimiento de esos “vedados” se constituyó en la metrópoli una
serie de organizaciones destinadas a tal efecto. En 1826, cuando ya la teoría
de Malthus era política oficial del Imperio y de la Compañía de las Indias
Orientales, sir Stamford Raffles fundó a la Sociedad Zoológica de Londres.
Raffles había sido virrey de la India y fundador de Singapur. También inspiró
la creación de las sociedades zoológicas de Nueva York y Francfort. En 1930 se
funda la Real Sociedad Geográfica, (Royal Geographic Society), que patrocinó
importantes expediciones coloniales al África, como las de Livingstone y Sir
Richard Burton. Las juntas directivas de ambas sociedades casi no se
diferencian entre sí y están formadas con abrumadora mayoría de nobles
ingleses. El príncipe Felipe de Edimburgo, dueño y señor del WWF fue presidente
de la SZL en los años 70.
En
1903 se funda la Sociedad de Conservación de la Fauna y la Flora, (su nombre
original era Sociedad de Conservación de la Fauna Silvestre del Imperio) es la
segunda en antigüedad entre las organizaciones conservacionistas del Imperio,
después de de Real Sociedad para la Protección de las Aves, fundada en 1889. Su
protección hacia las aves y otros bichitos no parece haberse extendido a la
especie humana porque junto con la Real Sociedad Eugenésica (la que propugna la
pureza racial y las limpiezas étnicas al estilo Nazi) apadrinaron la fundación
de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y al
World Wildlife Foundation. Desde su fundación su sede estuvo en el Zoológico de
Londres y su patrona es la reina Isabel II.
El
carácter político, lejos del afán conservacionista de estas organizaciones, se
manifiesta en sus jefes y directores: sus vicepresidentes fundadores, lores
Milner, Grey, Cromer, Minto, y Curzon, fueron todos procónsules imperiales, en
África e India. Sir Peter Scott, uno de los fundadores del WWF desde los años 60
hasta su muerte en 1989, presidente de Fauna y Flora, dijo una vez, “Como el Imperio en aquel entonces cubría
cerca de una cuarta parte del globo, lo usamos como punto de partida para la
internacionalización del incipiente movimiento de conservación de la vida
silvestre”.
El
principal objetivo de Flora y Fauna era ampliar a todo el mundo el sistema de
parques nacionales, para conseguir afianzar sus intenciones de dominar el
territorio y preservar los recursos naturales para uso de la Corona. En 1933,
1938 y 1953 realizó conferencias para organizar nuevos parques. Su secretario,
el coronel Stevenson Hamilton fue el creador del Parque Nacional Kruger de
Sudáfrica.
Más
tarde, y con licencia real se creó la organización Conservación de la
Naturaleza (Nature Conservancy), uno de los cuartro organismos de investigación
del Consejo de la Reina. Esta organización fue una de las más poderosas
operaciones encubiertas de posguerra que hiciera la Corona. El secretario
permanente del presidente del Consejo de la Reina, Max Nicholson, redactó la
legislación constituyente del Nature Conservancy. Se encargó también de trazar
las principales estrategias y tácticas del movimiento ecologista mundial para
las décadas siguientes. Fue Nicholson quien inició la campaña contra el DDT que
más tarde popularizara Rachel Carson; redactó la constitución del IUCN;
organizó y presidió la comisión fundadora del WWF en 1961 y eligió como primer
presidente del WWF a sir Peter Scout. En 1970 publicó un libro sobre los
orígenes del movimiento ecologista de posguerra, cuyo subtítulo era muy
sugestivo: “Guía para los nuevos amos de
la Tierra”.
La
IUCN, que por sus siglas en inglés significa Unión Internacional para la
Conservación de la Naturaleza, está formalmente vinculada a las Naciones Unidas
y fue fundada en 1948 por Sir Julian Huxley, con una constitución redactada por
el Ministerio de Relaciones Exteriores Británico (Foreign Office). El WWF se
fundó inicial-mente para proveer la financiación del IUCN y muchas de las
comisiones de la IUCN están controladas por “Flora y Fauna”. La IUCN considera
que su misión principal es la conservación de la “biodiversidad”. Junto con el
UNEP (Programa Ambiental de las Naciones Unidas) y el World Resources
Institute, la IUCN emprendió una “estrategia global de la biodiversidad”, que
inspira y dirige los planes de conservación y entorpecimiento del desarrollo de
muchas naciones.
Quizá
sea una sorpresa para muchos, pero la UNESCO, la Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que fue fundada en 1946 por
Sir Julian Huxley, define en su documento de fundación la doble misión de la
UNESCO: popularizar la necesidad de la eugenesia, y proteger la vida silvestre
mediante la creación de parques nacionales, especialmente en África. Entre las
organizaciones sospechosas de impulsar la eugenesia, el control de la natalidad
obligatorio, la reducción de la población, y otras aberraciones viene a
continuación el Programa Ambiental de las Naciones Unidas (UNEP) formado en la
conferencia de las Naciones Unidas sobre el medio ambiente, de 1972, la nefasta
Cumbre de Río, organizada por Maurice Strong, también fundador del WWF.
La
lista de organizaciones creadas para “proteger, defender, preservar y
conservar” el medio ambiente no tienen relación alguna con la intención o el
propósito de “mejorar la condición humana”, sino con el definitivo propósito de
deshacerse de la mayor cantidad posible de seres humanos, sobre todos de
aquellos que no se encuadran dentro de los términos acotados por la definición
eugenésica de “ser humano” de estas organizaciones. Las declaraciones de los
miembros más conspicuos y respetados del movimiento ecologista a veces causan
escalofríos, pero vale la pena recordar algunos ejemplos.
Del
Príncipe Felipe de Edimburgo se recuerda las siguientes frases:
“Hay que podar la población. El proyecto de la Organización Mundial de
la Salud para erradicar la malaria en Sri Lanka en los años de posguerra,
consiguió ese objetivo. Pero ahora el problema es que Sri Lanka debe alimentar
el triple de bocas, procurar el triple de empleos y de vivienda, energía
educación, hospitales y tierra para poder mantener el mismo nivel de vida. Con
razón ha sufrido el ambiente natural y la vida silvestre de Sri Lanka. El hecho
es que los programas de auxilio con las mejores intenciones tienen culpa de
esos problemas, al menos en parte.”
Esto lo dijo al recibir el título honorario de la Universidad de Ontario
Occidental, Canadá, 1 de julio de 1983.
De
manera que, en la visión de Felipe, lo mejor no es realizar programas de ayuda
bienintencionados, sino que lo ideal para el ambiente sería impulsar programas
dedicados a la eliminación de la mayor cantidad posible de seres humanos.
Imbuidos de ese espíritu se lanzaron a la espantosa campaña de prohibir al DDT
que casi había conseguido erradicar la malaria en el mundo, a costa de tener
que alimentar a más gente sana después. Pero, de dónde habré sacado yo esa idea
tan maligna sobre el amor que Felipe le tiene a los seres humanos, en especial
a los de piel marrón oscura?: “En caso de reencarnar, me gustaría volver
como un virus mortífero, y ayudar en algo a aliviar la superpoblación.”
(Felipe de Edimburgo, en su prólogo a People As Animals, de Fleur Cowles,
1986.)
¿Por
qué este espíritu tan poco cristiano? ¿Cuál es la causa para esta ausencia
absoluta de bondad? Bertrand Russell, filósofo inglés ganador una vez del
premio Nóbel de la Paz, (a pesar de haber demandado insistentemente a Winston
Churchill que arrojase la Bomba Atómica sobre Moscú tras terminar la II Guerra
Mundial) en su libro, “El Impacto de la Ciencia Sobre la Sociedad”,
1953, pp. 102-104, nos hace saber que: “Los malos tiempos, como usted los
llama, son excepcionales y se los puede enfrentar con métodos excepcionales.
Esto ha sido más o menos cierto durante la luna de miel del industrialismo,
pero no seguirá siendo cierto a menos de que disminuya enormemente la población
del mundo. La guerra, hasta ahora, no ha tenido un efecto muy grande en este
aumento, que continuó a lo largo de las dos Guerras Mundiales, La guerra ha
sido frustrante a este respecto, pero tal vez la guerra bacteriológica resulte
más efectiva. Si en cada generación se propagase por el mundo una Peste Negra,
los sobrevivientes podrían procrear libremente sin llenar demasiado el mundo.
Quizás el estado de cosas sea algo desagradable, pero ¿y qué? Las personas
verdaderamente nobles son indiferentes a la felicidad, especialmente la ajena.”
¿Será
la “nobleza” del Príncipe Felipe la
que le hace tan indiferente a la felicidad ajena, a pesar de que se preocupe
tanto por la felicidad de los animalitos de la selva? No creo que Felipe se
preocupe por los animalitos de la selva, dado que nunca ha dado pruebas de
hacerlo. El WWF que fundó en 1961 no tiene la intención de salvar animales de
la extinción. En enero de 1961, meses antes de fundar al WWF, el príncipe
Felipe causó una conmoción en los medios conservacionistas tras haber estado
cazando tigres de Bengala en la India, en una expedición del Rajá de Jai-pur, y
pocos días después, haber disparado sobre una rinoceronte con cría, a la que
dejó huérfana y destinada a morir de inanición. Para colmo, la rinoceronte era
de una especie en peligro de extinción, con sólo 250 ejemplares en todo el
mundo.
La
verdadera intención de la creación del WWF fue crear focos de desestabilización
política en África, creando parques nacionales que sirvieran de refugio para
las guerrillas de los diversos países Africanos. Precisamente, los guerrilleros
utus que invadieron Ruanda causando la increíble y espantosa masacre de
1.500.000 de tutsis, partieron de los Parques Nacionales de los Gorilas, en
Uganda, Virunga, (Zaire) y de los Volcanes (Ruanda), donde gozaban de la
protección del WWF y, según acusa el Congreso Nacional Africano, el WWF les
proveyó de material paramilitar (bazookas, AK-47, munición, granadas, etc) que
habían transportado allí “para combatir a los cazadores furtivos de elefantes”.
Hasta
abril de 1994, la población de Ruanda era de unos 7.200.000 habitantes. Para septiembre
habían muerto ya más de cien mil. La Agencia de Desarrollo Internacional de
EEUU calcula que 2,5 millones de ruandeses fueron desplazados dentro de la
propia Ruanda. En esa cifra se incluye a 1,3 millones que se trasladaron a la
antigua zona francesa de seguridad ubicada al sudoeste del país. Otros 2.3
millones están refugiados fuera de Ruanda: 1.5 millones en Zaire, 0.2 millones
en Burundi, 0.5 en Tanzania y Uganda. Es decir, 6 millones de personas, el
80,6% de la población ha muerto o expulsado. ¿Podríamos sospechar que el G300,
Inglaterra y las Naciones Unidas tuvieron alguna responsabilidad en esta
hecatombe?
Ruanda
fue aniquilada, despedazada; su población exterminada, y todo por obra y gracia
de Yoweri Museveni, el dictador de Uganda, y de la Ministra de Fomento de
Ultramar Británica, Lady Lynda Chalker. La tragedia de Ruanda no comenzó con el
asesinato del presidente Juvenal Habyarimana el 6 de abril de 1994, sino con la
invasión de Ruanda que, con el respaldo británico, realizó el alto mando del
ejército Ugandés en octubre de 1990.
Los Parques Nacionales vedados al
Hombre
Examinar
el mapa de sistemas parques naturales de África es una experiencia muy
instructiva. El tamaño total de estos parques y reservas naturales es
sorprendente. El parque Kruger de Sudáfrica, por ejemplo, tiene una superficie
igual a la del estado de Massachussets en EEEUU, mientras que el descomunal
complejo de parques de Zambia es más grande Gran Bretaña. Pero lo significativo
y alarmante es que los parques están situados en las fronteras entre dos y
hasta tres naciones, que se juntan para formar parques bi-nacionales y
tri-nacionales que sobrepasan las fronteras.
Estos
parques no están ubicados en esas regiones por cuestiones estéticas o de
conveniencia ecológica o de conservación. A diferencia de Europa, donde las
fronteras están generalmente demarcadas por regiones montañosas y ríos, las
fronteras de los países Africanos fueron dibujadas arbitrariamente por las
potencias Europeas en sus conferencias imperiales. Inglaterra es conocida por
su afición a crear naciones nuevas y hacer desaparecer las viejas, según su
conveniencia. Dos casos paradigmáticos recientes fueron el Estado de Israel y
Kuwait.
No
hay nada especial en las fronteras de los países Africanos que no se pueda
encontrar al interior de los mismos. La ubicación de los parques nacionales en
las fronteras tiene el propósito bien claro de practicar la desestabilización
de África.
La
creación de parques nacionales y reservas en África muestra dos fases distintas.
La primera fase fue la preservación, con acceso reservado a la élite colonial
blanca bajo el supuesto de preservar el linaje de las especies preferidas para
sus cacerías y trofeos. Las autoridades coloniales desalojaban a las
poblaciones nativas de extensas regiones que declaraban “vedadas a la caza”, y
se impedía a la población nativa que cazara para su subsistencia. Es la
herencia normanda de la realeza inglesa, que recuerda a los bosques vedados de
Sherwood donde Robin Hood supuestamente robaba a los ricos para entregarles a
los pobres. Cuentos para niños. Pero la costumbre existía, y se transplantó a
los nuevos dominios reales de África.
Tras
la II Guerra Mundial se inició la segunda fase: la conservación. La cacería se
fue prohibiendo para todos y la obsesión ritual de la élite colonial por la
caza se reemplazó gradualmente por la “conciencia ecológica” y la adoración a
Gaia. Los”parques nacionales” reemplazaron las “reservas de caza,” y las
Leicas, Rolleiflex y Nikon reemplazaron a los Mauser, Purdey y Holland &
Holland. El 600 Nitro Express dejó paso a las 36 exposiciones, 35 mm, 100
ASA/21 DIN.
Los
acuerdos y conferencias internacionales (realizados en Europa entre las
potencias coloniales) decidieron la suerte de los nativos Africanos y su
derecho a no cazar nada, ya que hasta se les prohibió el uso de redes y trampas
tradicionales incluso fuera de los parques nacionales “vedados”. Al mismo
tiempo, se reafirmó el acuerdo conjunto previo entre las autoridades coloniales
inglesas, alemanas, portuguesas, francesas, holandesas e italianas de
prohibirles a los nativos el uso de las armas de fuego. Los parques y reservas
naturales constituidas por los acuerdos de 1900 y 1933 establecieron legalmente
fronteras internas dentro de las colonias que los nativos no pueden cruzar con
el pretexto de la conservación de la vida silvestre. Estas fronteras internas,
que forman enclaves coloniales, continúan funcionando aún después de que las
colonias obtuvieran su independencia.
Para
poder comprender a fondo la farsa, y el fraude al público que aportó su dinero,
que ha significado la creación y funcionamiento del World Wide Fund, más tarde
Worldwide Fund for Nature, o WWF como protector y salvador de animales en
peligro de extinción, deberían leer el Capítulo 16, de mi libro Ecología: Mitos y Fraudes [*], en este mismo sitio: WWF: World Wide Fraud?[**]. Allí conocerán el Informe Marfil Negro, de un cazador
contratado por el WWF en 1972 para analizar el estado de la fauna de caza en
Kenia y que, una vez entregado le costó tres días de palizas y torturas en la
famosa comisaría de Langatta Road, en Nairobi, porque había descubierto que la
familia del presidente Jomo Kenyatta era la principal involucrada en la cacería
ilegal y el tráfico de marfil y cuernos de rinoceronte a Oriente. Sabrán que
mientras Ian Parker recibía su paliza y amenazas de muerte para mantener la
boca cerrada, el presidente internacional del WWF, Príncipe Bernardo de Holanda
premiaba a Kenyatta con la Orden del Arca Dorada, especialmente creada para él,
“por haber salvado al rinoceronte”.
Podrá
leer las conclusiones del Informe del
Profesor John Phillipson, de la Universidad de Oxford, cuando terminó una
auditoría solicitada por el mismo WWF sobre la efectividad de la organización
para desarrollar su misión “salvadora”. El informe Phillipson, un prolijo
ladrillo de 252 páginas concluye que lo que menos hacía el WWF era “salvar
especies”.
También
sabrá que en 1963, siete años antes de cambiar su informe por una paliza, el
cazador profesional Ian Parker recibió el encargo del WWF de eliminar a 2500
elefantes de una región y de paso liquidar a 4.000 hipopótamos en la misma
operación. La excusa era la maltusiana tesis de que “había que matar a algunos para evitar que la superpoblación acabase con
toda la especie”. Quizás no sabía usted que la African Wildlife Leadership
Foundation, fundada por Russell Train, (ex administrador de la EPA), presidente
del WWF de Estados Unidos, también contrató a Parker en 1975 (tres años después
de la paliza histórica) para que matara prácticamente a todos los elefantes de
Ruanda, con el argumento de que los ruandeses eran incapaces de proteger al
mismo tiempo a los elefantes y a los gorilas de las montañas.
Y
qué diría si usted fuese ecologista (o conservacionista) honesto y bien
intencionado, y se enterase de que el príncipe Felipe y su WWF premiaron en
1986 con una medalla de oro al ex mercenario rhodesiano Clem Coetzee por
supervisar la exitosa matanza de 44.000 elefantes en Zimbabwe, porque el WWF
aducía que era necesario para proteger al ambiente. El director general del
WWF, Dehaes, cuando entregó la medalla dijo que la “obra” de Coetzee era “un
modelo para toda África”. En realidad, la matanza se hizo impulsada por un plan
del FMI para liberar espacio para granjas que producirían carne para el Mercado
Común Europeo. En la primera feria, se descubrió que el ganado estaba enfermo
de aftosa y los planes de la exportación de ganado se esfumaron para siempre.
Pero Zimbabwe se quedó cargando la deuda con el FMI y sin ningún elefante más.
De
los 110 millones de dólares (libres de impuestos) que Felipe y su WWF habían
recaudado hasta 1980 para “salvar al rinoceronte”, sólo habían invertido menos
de cien mil. En ese mismo lapso, la población de rinocerontes se había reducido
en un 95,5% gracias en gran parte, a Jomo Kenyatta, su familia y los guardias
del WWF del cráter del Ngorongoro. El WWF financió un programa de guardias en
el cráter para proteger desde 1964 a los 108 rinocerontes que aún quedaban
allí. Pero para 1981 sólo quedaban 20. Sin embargo ninguna de las tres unidades
de guardias militarizados había capturado a ningún cazador furtivo en años. Ese
mismo año una testigo le dirigió una carta a la African Wildlife Leadership
Foundation de Nairobi, que da algunas pistas sobre adonde fue a para el dinero
del WWF y qué pasó en realidad con los rinocerontes: “La testigo informó en su carta que los guardias del WWF habían matado a
dos rinocerontes machos y malherido a una hembra, “todo a la luz del día”,. Y
concluyó: “¿No está bastante claro lo que pasa en el cráter?”
También
pregunto yo, “¿No está claro lo que pasa
con el WWF del príncipe Felipe, y el movimiento ecologista multinacional?
El
Memorando Estudio de Seguridad Nacional (NSSM) 200
Cabe
ahora mencionar el Memorando
NSSM-200, emitido por Henry Kissinger y
su Consejo de Seguridad Nacional en 1974, titulado “Implicaciones del Crecimiento de la Población Mundial para la Seguridad
y los Intereses de los Estados Unidos”, que recomendaba dirigir un programa
de reducción de la población de 13 países del Tercer Mundo, productores de las
materia primas necesarias para los Estados Unidos. Kissinger indicaba en su
escrito que: “los desembolsos para combatir la natalidad son mucho más rentables que
los destinados a incrementar la producción por medio de inversiones directas en
irrigación, o en proyectos para generar energía y construir fábricas”.
O lo que es lo mismo, aumentar la población de los países del tercer mundo y su
nivel de vida sale caro. Las elites quieren reducir esas poblaciones a un nivel
de mera subsistencia a fin de reducir al mínimo los costos de producir materias
primas en las tierras que quieren usurparles. Todo ello en nombre de la
ecología mundial, por supuesto.
Maurice
Strong y el Fin del Mundo
Larry
Abraham publicó en 1993 un libro titulado The Greening (El Verdecer), donde
realiza unas impresionantes y esclarecedoras revelaciones sobre el movimiento
ecologista y la amenaza que representa para la humanidad e, irónicamente, para
el medio ambiente. Abraham nos habla de gente “peligrosa”. Naturalmente, todos los integrantes del G300 son
peligrosos. No se detendrán ante nada. Jamás lo han hecho. Nos relata Abraham
que Daniel Wood, de la revista West, entrevistó en mayo 1990 a Maurice Strong.
El espíritu de lo dicho en la entrevista se puede resumir en la conclusión que
hace el mismo Strong: “La única manera
de salvar al planeta de la destrucción es que las civilizaciones
industrializadas se derrumben”.
Dice Word que Strong imagina una novela que le gustaría escribir y le describe
su argumento. En la trama de la novela, el Foro Económico Mundial se reúne en
Davos, Suiza. Más de mil jefes de Estado, primeros ministros, ministros de
economía y académicos se reúnen para asistir a reuniones y fijar agendas
económicas para el año entrante. “¿Qué ocurriría” dice Strong, “si un
pequeño grupo de estos líderes del mundo (funcionarios del G300?) llegara
a la conclusión de que el mayor riesgo que corre la Tierra proviene de las
acciones de los países ricos? Y para que el mundo sobreviva, esos países ricos
deberán firmar un tratado que reduzca su impacto sobre el medio ambiente, ¿Lo
harán?”
Es evidente que todo esto nos suena familiar a toda la atmósfera que rodea las
catástrofes anunciadas por la Letanía
Verde; inminentes y espantosos Apocalipsis que exterminarán a la vida sobre
la Tierra, si la humanidad no hace lo que los políticos y científicos a sueldo
del G300 dicen que tiene que hacer: derrumbar la civilización industrial.
Firmar el Tratado de Kyoto. Sigamos oyendo a Wood y su escalofriante entrevista
con Maurice Strong: “La conclusión del grupo es 'no'. Los países
ricos no lo harán. No cambiarán. Así que para salvar al planeta, el grupo
decide que la única esperanza del mundo es que las civilizaciones
industrializadas se derrumben. Así que nuestra responsabilidad es lograr que
eso ocurra”
“Este
grupo de líderes del mundo”, continúa, “forma una sociedad secreta
(¿el G300?) cuyo objetivo es ocasionar un derrumbe económico… No son terroristas,
son líderes mundiales. Se han ubicado en puestos claves de los mercados
mundiales de productos y acciones de la bolsa y maquinado una situación de
pánico por medio de sus accesos a las bolsas de acciones, las redes de
comunicación y el abastecimiento de oro. Acto seguido, impiden que cierren los
mercados de la bolsa del mundo. Atascan el engranaje. Contratan a mercenarios
que toman como rehenes al resto de los líderes del mundo que se encuentran en
Davos. El mercado no puede cerrar, así que los países ricos…” Aquí
Strong mueve sus dedos en el gesto de quien arroja por la ventana a una colilla
de cigarrillo.
Wood permanece hipnotizado frente a Strong. No se trata de un cuentista, Es
Maurice Strong, asiduo de esos líderes mundiales. De hecho, es presidente
adjunto del Foro Económico Mundial. Se sienta en el centro mismo del poder.
Está en condiciones de poder realizar lo que sueña. Es parte del G300 y puede
convencer a sus amigos de hacerlo si lo consideran necesario y es evidente que
lo están haciendo. El Tratado de Kyoto es la muestra.
Abraham llega a la conclusión de que el carácter megalómano de las ensoñaciones
de Strong habla por sí solo; que se ha rodeado de un grupo de gente que cree en
un cercano Apocalipsis y que a su alrededor está apareciendo un culto a la
personalidad. Strong, nos dice Abraham, “forma parte de un grupo de elitistas
terriblemente peligrosos que realmente creen que son los reyes de los filósofos
Platónicos. Sólo ellos son dignos de gobernar al mundo. Al fin y al cabo, sin
su luz conductora 'nada podrá salvar a la humanidad de sí misma.”
CONCLUSIONES
Creo que el mundo podría estar enfrentando realmente un Apocalipsis cercano,
pero no de carácter ambiental, no por un cambio climático debido a un levísimo
calentamiento. Tampoco sería un Apocalipsis debido a un enfriamiento como el
pronosticado para el año 2030, similar al de la Pequeña Edad de Hielo porque el
hombre ha desarrollado tecnologías que le permitirán salir adelante,
alimentando a la población del mundo con menos tierras de las que dispone
ahora, debido a las que se perderán en las latitudes altas por un avance de los
hielos.
El Apocalipsis vendrá, si viene, sólo si los países que ya ratificaron el
Protocolo de Kyoto implementan las reducciones de dióxido de carbono a las que
se han comprometido. Pero el Apocalipsis no será “global” sino Europeo, porque
los países del Tercer Mundo, esos llamados ahora “mercados emergentes” no
tendrán una elevación de sus costos en la producción y abastecimiento de
energía y no perderán competitividad internacional sino que la ganarán ante los
países que hayan decidido suicidarse económicamente, o como lo dice Strong, “derrumben
su civilización industrial.”
El tiempo dirá. Yo creo que no habrá ni un solo país que realmente reduzca sus
emisiones y atente contra sus posibilidades competir en los mercados del mundo.
Nadie se pega un tiro en el pie antes de correr el Maratón si quiere ganarlo.
Pero la conclusión final es que el peligro proviene del G300, ese poder en las
sombras que decide lo que desayunará usted la semana que viene, si es que
deciden que la semana que viene podemos seguir viviendo, que no es poca cosa.
En el Capítulo 2 del libro de Alan B. Jones, “Cómo Funciona Realmente el Mundo”, se analiza el libro escrito por
Carroll Quigley “Tragedy and Hope,” donde afirma: “El capitalismo financiero tiene un objetivo trascendental: crear un
sistema de control financiero mundial en manos privadas capaz de dominar el
sistema político de cada país y la economía del mundo como un todo”.Todo el
problema se reduce a dos palabras: Dinero y Poder y las combinaciones
derivadas, es decir: codicia, avaricia, corrupción, etc.
Resulta
esclarecedor escuchar lo que dijeron algunos Papas al respecto, en diversas
encíclicas. Juan XXIII en su Mater et Magistra de 1961, cuando las
cosas no habían llegado al punto actual dijo: “A la libertad de mercado ha
sucedido la hegemonía económica; a la avaricia de lucro ha seguido la
desenfrenada codicia del predominio; así toda la economía ha llegado a ser
horriblemente dura, inexorable y cruel, determinando el servilismo de los
poderes públicos a los intereses de grupo y desembocando en el imperialismo
internacional del dinero.”
Esto
había sido ya descrito por el papa Pío
XI en su dura encíclica Cuadragésimo
Anno de 1931, que conmemoraba los 40 años de la famosa encíclica de León XIII, Rerum Novarum de 1891. En ambas encíclicas se dice que el capitalismo
es un tipo de economía donde unos ponen el capital y otros el trabajo y en las
que “ni
el capital puede subsistir sin trabajo, ni el trabajo sin capital, lo que no es
condenable en sí, ni tampoco de naturaleza viciosa”. Pero el
capitalismo es condenable, “cuando el abusa de los obreros y de la clase
proletaria con la finalidad y de tal forma que los negocios e incluso toda la
economía se pliegan a su exclusiva voluntad y provecho, sin tener en cuenta ni
la dignidad humana de los trabajadores, ni el carácter social de la economía,
ni aún siquiera la justicia social y el bien común.”
Pío
XI define con claridad total lo que estaba sucediendo en 1931 subrayando que no
es más que una evolución desde la denuncia de León XIII hasta límites
intolerables. Si era intolerable en 1931, ¿qué calificativo debería usarse para
describir el estado actual de las cosas? Decía Pío XI: “dueños absolutos del dinero, gobiernan el
crédito y lo distribuyen a su gusto; diríase que administran la sangre de la
cual vive toda la economía, de tal modo que tienen en sus manos, por así
decirlo, el alma de la vida económica, donde nadie puede respirar contra su
voluntad. La libre concurrencia se ha destruido a sí misma; la dictadura
económica se ha adueñado del mercado libre; al deseo de lucro ha sucedido la
desenfrenada ambición de poder; la economía ha devenido horrendamente dura,
cruel, atroz”.
Finalmente,
Pío XI nos dice que en la lucha por el poder entre las naciones “manan
dos ríos diversos: por un lado el 'nacionalismo' y también el 'imperialismo
económico', y del otro el no menos funesto y execrable 'internacionalismo' o
'imperialismo internacional del dinero', para quien, allí donde se está bien,
se encuentra la patria.” El dominio de las políticas de cada una de las
naciones y su diseño en base a los intereses de la banca internacional se basa
en la aplicación de la llamada Fórmula Rothschild que se atribuye
al fundador de esa dinastía de banqueros Meyer Amschel, “Permítanme emitir y controlar la
moneda de una nación, y no me preocuparé de quien haga las leyes.”
También
el papa Paulo VI se ocupa de este problema que tiende a agravarse con el
tiempo. En su Populorum Progressio habla del capitalismo liberal diciendo: “Por
desgracia, sobre estas nuevas condiciones de la sociedad ha sido construido un
sistema que considera el lucro como el motor esencial del progreso económico;
la competencia, como la ley suprema de la economía; la propiedad privada de los
medios de producción, como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones
sociales correspondientes”.
¿Qué
podemos hacer para salvarnos del G300, de su estructura dominante de las
finanzas mundiales y sus agendas políticas? En verdad, poco y nada. Primero,
porque resulta muy difícil convencer a la gente de la existencia del G300, por
otra parte porque la gente todavía cree que podrá mejorar su nivel de vida de
su familia, o la del país mediante un esperanzado voto que introduce en una
urna. Como dice el Tango, “Despierta, Pierrot”, porque las cosas que no
consigamos nosotros, no nos la regalará ningún politicastro.
Pero
sí podemos hacer que una de las más poderosas herramientas del G300 pierda su
eficacia. Desconfíe del movimiento ecologista, en especial de las poderosas
organizaciones que solicitan donaciones en efectivo para “salvar el mundo” de
inexistentes peligros. Instruya y eduque a sus hijos en el cuidado del
ambiente, en el cuidado y protección de los animales, en la limpieza del
entorno familiar y del vecindario, en respetar a sus semejantes, en especial a
las personas mayores, a los necesitados y los desposeídos. Pero no permita que
le asusten con campañas alarmistas de horribles contaminantes en el aire, con
espantosos cánceres que no tienen relación con los químicos que hay en el
ambiente. En una palabra: desconfíe del “ecologismo de denuncia”, porque no
andan detrás de nuestras billeteras, sino del Poder Mundial Absoluto.
Eduardo Ferreyra,
Presidente de FAEC, Córdoba, 25 de abril de 2005
[1] John
Coleman, 1997, “The Conspirators' Hierarchy: The Comittee of 300,” Editorial
WIR. Joseph Holding
Corp., Carson City, pp. 63, 199.
*
http://www.mitosyfraudes.org/Calen6/Sesgo.html
[2] W. Cleon Skousen, “The Naked
Capitalist”, 1970, edición del autor.
[3]
Carroll Quigley, 1966, Tragedy and Hope, Macmillan, NY. pág. 236
[4] Carroll Quigley, op. cit. pág. 326
[5] Carroll Quigley, op. cit. pág. 324
[6] W.
Cleon Skousen, “The Naked Capitalist”, 1970, edición del autor.
[7] Scott Thompson, “El 'Club 1001': la elite que coordina al ecologismo internacional, Informe Especial, octubre-noviembre 1994 de Resumen Ejecutivo de EIR.
* http://www.mitosyfraudes.org/Articulos/bernardo.html
** http://www.mitosyfraudes.org/INDICE/CAP16-WWF.htm
*** El príncipe Bernardo de Holanda admitió en una entrevista hecha
antes de su fallecimiento el día 1 de diciembre de 2004 y publicada por el
periódico «De Volkskrant», que participó en un soborno en los años ‘70 para
influir en la compra de aviones estadounidenses Lockheed, pero negó ser el
receptor del dinero. El padre de la reina Beatriz, aclaró antes de su muerte a
dos periodistas del citado rotativo que «copió» dos cartas escritas por un
amigo en las que se pedía una comisión de un millón de dólares si el Gobierno
holandés comparaba los aviones. Bernardo aseguró que el dinero fue destinado a
una protectora de animales.
[8] Dope Inc., Executive Intelligence
Review, 3ª edición,
1992. EIR PO Box 1390, Washington D.C. EE.UU.
[9] Dr. Kevin McDonald; “David Irving in
the context of Jewish Intellectual & Political Activism”, The Barnes
Review, Washington, March-April, 2000, pp. 32 y 33.
[10] Robert Gaylor Ross, Sr., Who's Who of
the Elite, RIE, Texas, 1995, pág. 55,105,188,207.
[11] El Complot, 1993, Executive
Intelligence Review, Washington, EEUU, pp. 65-81.
[12] http://www.laeditorialvirtual.com.ar/Pages/Anonimo_InformeIronMountain.htm
* http://www.mitosyfraudes.org/INDICE.html
** http://www.mitosyfraudes.org/INDICE/CAP16-WWF.htm