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EEUU y China: Uno pierde, el otro gana Por James
Petras Rebelión Traducido por S. Seguí Introducción El capitalismo asiático, en particular el de China y
Corea del Sur, está en competencia con EEUU por el poder mundial. El poder
asiático global es impulsado por un crecimiento económico dinámico, mientras
que EEUU aplica una estrategia de construcción del imperio por medios
militares. Lectura
de un número del Financial Times Incluso una lectura superficial de un solo número
de The Financial Times –el del 28 de diciembre de 2009– ilustra acerca de las
divergentes estrategias de construcción del imperio. En la página uno, el
artículo principal sobre EEUU trata de los conflictos militares en expansión
y su "guerra contra el terrorismo", bajo el título "Obama pide
una revisión de la lista de organizaciones terroristas". En contraste, hay dos artículos, en la misma
página uno, sobre China, en los que se informa de la inauguración en este
país del tren de pasajeros más rápido del mundo y de su decisión de mantener
su moneda vinculada al dólar de EEUU como un mecanismo para promover su
dinámico sector de exportación. Mientras que Obama se centra en la creación
de un cuarto frente de batalla (Yemen) en la "guerra contra el
terrorismo" (después de Irak, Afganistán y Pakistán), el Financial Times
informa en la misma página de que un consorcio de Corea del Sur ha ganado un contrato de 20.400 millones
dólares para el desarrollo de centrales nucleares para uso civil, en los
Emiratos Árabes Unidos, superando a sus competidores de EEUU y Europa. En la página dos del FT hay un artículo más largo
sobre la nueva red de ferrocarriles china, destacando su superioridad sobre
el servicio ferroviario de EEUU. El ultramoderno tren de alta velocidad chino
transporta a los pasajeros entre dos ciudades importantes, a China construye un sistema de transporte que une
a los productores y los mercados laborales de las provincias del interior con
los centros de fabricación y puertos de la costa, mientras que en la página
cuatro del FT se describe cómo EEUU sigue aferrado a su política de enfrentar
la "amenaza islamista" en una “guerra sin fin contra el
terrorismo". La ocupación y las guerras contra los países musulmanes han
desviado cientos de miles de millones de dólares de fondos públicos hacia una
política militarista sin ningún beneficio para el país, a la vez que China
moderniza su economía civil. Mientras que la Casa Blanca y el Congreso subvencionan
y satisfacen al Estado militarista-colonial de Israel, con su insignificante
base de recursos y mercado, alejándose de 1.500 millones de musulmanes (FT,
pág. 7), el producto interno bruto (PIB) de China se multiplicó por diez en
los últimos 26 años (FT, pág. 9). Mientras que EEUU asignó más de 1.400 millones de dólares a Wall Street y
los militares, aumentando el déficit fiscal y de cuenta corriente, la
duplicando del desempleo y perpetuando la recesión (FT, pág. 12), el gobierno
chino lanza un paquete de estímulo dirigido a los sectores interiores de las
manufacturas y la construcción que ha producido un crecimiento del 8% del
PIB, una reducción significativa del desempleo y el "relanzamiento de
las economías vinculadas” en Asia, América Latina y África (FT, pág. 12). Mientras EEUU malgastaba su tiempo, recursos y
personal en la organización de "elecciones" para sus corruptos
estados satélites de Afganistán e Irak, y participaba en las inútiles
mediaciones inútiles entre su intransigente socio israelí y su impotente
cliente palestino, el gobierno de Corea del Sur apoyó un consorcio liderado
por la Korea Electric Power Corporation en su exitosa puja de 20.400 millones
de dólares para la instalación de la central nuclear, abriendo con ello el
camino a otros contratos multimillonarios en la región (FT, pág. 13). Mientras EEUU gastaba más de 60.000 millones de
dólares en vigilancia interna y multiplicación del número y tamaño de sus
organismos internos de seguridad en busca de potenciales terroristas, China
invertía más de 25.000 millones de dólares en consolidar sus intercambios
energéticos con Rusia ( FT, pág. 3). Lo que nos relatan los artículos y noticias de
una sola en la edición de un solo día del Financial Times refleja una
realidad más profunda que ilustra la gran división en el mundo de hoy. Los
países de Asia, encabezados por China, están alcanzando el estatus de
potencias mundiales, a base de grandes inversiones nacionales y extranjeras
en la industria manufacturera, el transporte, la tecnología, y la minería y
el procesamiento de minerales. En contraste, EEUU es una potencia mundial en
declive, con un deterioro de la sociedad resultado de su construcción del
imperio por medios militares y de su economía financiera especulativa: 1. Washington busca
clientes militares de menor importancia militar en Asia, mientras que China
amplía sus acuerdos comerciales y de inversión con importantes socios
económicos: Rusia, Japón, Corea del Sur y otros. 2. Washington drena su
economía nacional para financiar las guerras en el extranjero. China extrae
minerales y recursos energéticos para fomentar su mercado interior de trabajo
en la industria. 3. EE.UU. invierte en
tecnología militar para luchar contra insurgentes locales que se enfrentan a
los Estados satélites de EE.UU.; China invierte en tecnología civil para
crear exportaciones competitivas. 4. China comienza a
reestructurar su economía para desarrollar el interior del país, y asigna un
gasto social mayor a la corrección de sus grandes desequilibrios y las
desigualdades, mientras que EEUU rescata y refuerza el sector financiero
parasitario, que saqueó la industria (reduciendo sus activos por medio de
fusiones y adquisiciones), y especula sobre objetivos financieros sin impacto
sobre el empleo, la productividad o la competitividad. 5. EE.UU. multiplica las
guerras y la acumulación de tropas en Oriente Medio, Asia Meridional, Cuerno
de África y Caribe; China ofrece inversiones y préstamos de 25.000 millones
de dólares para la construcción de infraestructuras, la extracción de
minerales, la producción de energía y la construcción de plantas de montaje
en África. 6. China firma acuerdos
comerciales de miles de millones de dólares Irán, Venezuela, Brasil,
Argentina, Chile, Perú y Bolivia, con lo que se asegura el acceso a la
energía estratégica y los recursos minerales y agrícolas; Washington
proporciona 6..000 millones de dólares en ayuda militar a Colombia, consigue
del presidente Uribe que les ceda siete bases militares (para amenazar a
Venezuela), apoya un golpe militar en la pequeña Honduras, y denuncia a
Brasil y Bolivia por diversificar sus vínculos económicos con Irán. 7. China aumenta las
relaciones económicas con las dinámicas economías de América Latina que
representan más del 80% de la población del continente; EEUU se asocia con el
Estado fallido de México, que tiene el peor desempeño económico del
hemisferio y en el que poderosos cárteles de la droga controlan amplias
regiones y han penetrado profundamente en el aparato estatal. Conclusión China no es un país capitalista de excepción.
Bajo el capitalismo chino, se produce la explotación del trabajo, las
desigualdades de riqueza y acceso a los servicios abundan, los pequeños
agricultores se ven desplazados por megaproyectos de embalses, y las empresas
chinas extraen minerales y otros recursos naturales en el Tercer Mundo sin
demasiadas contemplaciones. Sin embargo, China ha creado decenas de millones
de empleos en la industria, y ha reducido la pobreza con más rapidez y para
más personas en el lapso más breve de la historia. Sus bancos financian sobre
todo la producción. China no bombardea, no invade ni saquea otros países. En
contraste, el capitalismo de EEUU se halla enfeudado a una monstruosa máquina
militar mundial que drena su economía nacional y reduce los niveles de vida
del país para financiar sus interminables guerras en el extranjero. El
capital financiero, inmobiliario y comercial socava el sector manufacturero,
y obtiene sus beneficios de la especulación y las importaciones baratas.. China invierte en países ricos en petróleo; EEUU
los ataca. China vende bandejas y tazones para los banquetes de boda afganos;
EEUU bombardea las celebraciones con sus aviones teledirigidos. China
invierte en industrias extractivas, pero, a diferencia de los colonos
europeos, construye ferrocarriles, puertos, aeropuertos y proporciona crédito
accesible. China no financia ni arma guerras étnicas, ni organiza
“revoluciones de color” como la CIA estadounidense. China autofinancia su
propio crecimiento, su comercio y su sistema de transporte; mientras, EEUU se
hunde bajo una deuda de varios billones de dólares para financiar sus guerras
sin fin, rescatar sus bancos de Wall Street y apuntalar otros sectores no
productivos, mientras que muchos millones de personas permanecen sin empleo. China crecerá y ejercerá poder a través del
mercado, EEUU entrará en guerras sin fin en su camino a la bancarrota y la
descomposición interna. El crecimiento diversificado de China está
relacionado con interlocutores económicos dinámicos; el militarismo de EEUU
se ha vinculado a narco-estados, regímenes dirigidos por señores de la
guerra, supervisores de repúblicas bananeras, y al último y peor régimen
racista y colonial declarado: Israel. China atrae a los consumidores del mundo; las
guerras globales de EEUU producen terroristas en el interior del país y en el
extranjero. China podrá hallarse ante crisis e incluso ante
rebeliones de los trabajadores, pero tiene los recursos económicos para
darles solución. EEUU está en crisis y puede enfrentarse a una rebelión
interna, pero ha agotado su crédito y sus fábricas están en el extranjero,
mientras que sus bases e instalaciones militares representan pasivos, no
activos. Hay menos fábricas en EE.UU. que vuelvan a contratar a sus trabajadores
desesperados: un levantamiento social podía mostrar a los trabajadores
estadounidenses ocupando los esqueletos vacíos de sus antiguas fábricas. Para convertirnos en un Estado "normal"
tenemos que empezar desde el principio: cerrar todos los bancos de inversión
y las bases militares en el extranjero, y regresar a América. Tenemos que
comenzar la larga marcha hacia la reconstrucción de una industria al servicio
de nuestras necesidades nacionales, a vivir dentro de nuestro propio entorno
natural, y a abandonar la construcción del imperio en favor de la
construcción de una república socialista democrática. ¿Cuándo vamos a tomar el Financial Times, o
cualquier otro diario, y leer acerca de nuestra propia línea de alta
velocidad que transporte pasajeros estadounidense de Nueva York a Boston en
menos de una hora? ¿Cuándo van nuestras propias fábricas a suministrar
nuestras tiendas de ferretería? ¿Cuándo vamos a construir generadores de
energía eólica, solar y oceánica? ¿Cuándo vamos a abandonar nuestras bases
militares, y vamos a permitir que los señores de la guerra los traficantes de
drogas y los terroristas hagan frente a la justicia de su propia gente? ¿Llegaremos a leer acerca de todo esto en el
Financial Times? En China, todo comenzó con una revolución... |