Derrumbe financiero, ¿Crisis
Sistémica?
Respuestas ilusorias y
respuestas necesarias
Por Samir Amin
Global Research,
World Forum of Alternatives
http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=11099
La crisis financiera era
inevitable.
No nos tomó desprevenidos la explosión brutal de la actual crisis que además
había yo evocado hace unos meses cuando los economistas convencionales se
esmeraban en minimizar sus consecuencias, particularmente en Europa. Para
entender su génesis, conviene abandonar la definición corriente del capitalismo
que se suele definir, hoy día, como "neo-liberal globalizado". Esta
calificación es engañosa y oculta lo esencial. El sistema capitalista actual es
dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones
fundamentales en la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son financieros,
constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que son grupos que actúan
en la producción industrial, en los servicios, en los transportes, etc. Su
característica principal es su financiarización. Con eso conviene comprender
que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la
producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de
provechos ocasionados por los productos derivados de las inversiones
financieras. Es una estrategia perseguida deliberadamente no por los bancos
sino por los grupos "financiarizados". Más aún, estos oligopolios no
producen provechos, sencillamente se apoderan de una renta de monopolio
mediante inversiones financieras.
Este sistema es sumamente provechoso para los segmentos dominantes del capital.
Luego no estamos en presencia de una economía de mercado, como se suele decir,
sino de un capitalismo de oligopolios financiarizados. Sin embargo, la huida
hacia delante en las inversiones financieras no podía durar eternamente cuando
la base productiva sólo crecía con una tasa débil. Eso no resultaba sostenible.
De allí la llamada "burbuja financiera" que traduce la lógica del
sistema de inversiones financieras. El volumen de las transacciones financieras
es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB
mundial, sólo es de unos 44 trillones de dólares. Un gigantesco múltiple. Hace
treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese
tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura
de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio
nacional e internacional. La dimensión financiera de ese sistema de los
oligopolios finaciarizados era – ya lo dije – el talón de Aquiles del conjunto
capitalista. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.
Detrás de la crisis financiera, la crisis sistémica del capitalismo
aviejado.
Pero no basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de
ella se esboza una crisis de la economía real ya que la actual deriva
financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. Las
soluciones aportadas a la crisis financiera sólo pueden desembocar en una
crisis de la economía real, esto es una estagnación relativa de la producción y
lo que ella va a acarrear: regresión de los ingresos de los trabajadores,
aumento del paro laboral, alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza
en los países del Sur. En adelante debemos hablar de depresión y ya no de recesión.
Y detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural
sistémica del capitalismo. La continuación del modelo de desarrollo de la
economía real tal y como lo venimos conociendo así como el del consumo que le
va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una verdadera
amenaza para el porvenir de la humanidad y el del planeta.
La dimensión mayor de esta crisis sistémica concierne el acceso a los recursos
naturales del planeta que se han vuelto muchísimo más escasos que hace medio
siglo. El conflicto Norte/Sur constituye por lo tanto el eje central de las
luchas y conflictos por venir.
El sistema de producción y de consumo/despilfarro existente hace imposible el
acceso a los recursos naturales del globo para la mayoría de los habitantes del
planeta, para los pueblos de los países del Sur. Antaño, un país emergente
podía retener su parte de esos recursos sin amenazar los privilegios de los
países riscos. Pero hoy día ya no es el caso. La población de los países opulentos
– el 15% de la población del planeta – acapara para su propio consumo y
despilfarro el 85 % de los recursos del globo y no puede consentir que unos
recién llegados accedan a estos recursos ya que provocarían graves penurias que
pondrían en peligro los niveles de vida de los ricos.
Si los Estados unidos se han fijado como objetivo el control militar del
planeta es porque saben que sin ese control no pueden cerciorarse del acceso
exclusive a esos recursos. Como bien se sabe, China,
Por otra parte, para ahorrar las fuentes de energía de origen fósil, los
Estados Unidos, Europa y otras naciones desarrollan proyectos de producción de
agro-carburantes en gran escala, en detrimento de la producción de víveres
cuyos precios en alza los azotan.
Las respuestas ilusorias de los poderes vigentes.
Los poderes vigentes, al servicio de los oligopolios financieros, no tienen
otro proyecto sino el de volver a poner de pie este mismo sistema. Esas
intervenciones de los Estados ¿qué son sino las que les manda la misma
oligarquía? Sin embargo no es imposible el éxito de esta puesta de pie si las
infusiones de medios financieros resultan suficientes y si las reacciones de
las víctimas – las clases populares y las naciones del Sur – no dejan de ser
limitadas. Pero en este caso el sistema sólo retrocede para mejor saltar y una
nueva debacle financiera, aún más tremenda, será ineludible ya que las
"adaptaciones" previstas para la gestión de los mercados financieros
y monetarios resultan ampliamente insuficientes puesto que no ponen en tela de
juicio el poder de los oligopolios.
Por otra parte, resultan divertidísimas estas respuestas a la crisis financiera
mediante la inyección de fondos públicos astronómicos para restablecer la
seguridad de los mercados financieros: privatizados ya los provechos, en cuanto
resultan amenazadas las inversiones financieras se socializan las pérdidas.
¡Cara: gano yo, cruz: tú pierdes!
Las condiciones de una respuesta positiva a los desafíos.
No basta con decir que las intervenciones de los Estados pueden modificar las
reglas del juego, atenuar las derivas. También es necesario definir sus lógicas
y sus impactos sociales. Desde luego, en teoría, se podría volver a fórmulas de
asociación de los sectores públicos y privados, fórmulas de economía mixta como
ocurrió durante los "treinta años gloriosos" (los años 1945/1975) en
Europa y durante la era de Bandung, en Asia y en África, cuando el capitalismo
de Estado dominaba ampliamente, acompañado por políticas sociales fuertes. Pero
este tipo de intervención del Estado no está a la orden del día. Y ¿están las
fuerzas sociales progresistas en medida de imponer una transformación de esta
amplitud? Todavía no, opino yo.
La verdadera alternativa pasa por el derrocamiento del poder exclusivo de los
oligopolios, el cual es inconcebible sin, finalmente, su nacionalización
democrática progresiva. ¿Fin del capitalismo? No lo creo. Creo en cambio que
son posibles unas nuevas configuraciones de las relaciones de fuerzas sociales
que impongan al capital a ajustarse, él, a las reivindicaciones de las clases
populares y de los pueblos. A condición que las luchas sociales todavía
fragmentadas y a la defensiva, en su conjunto, consigan cristalizarse en una
alternativa política coherente. Con esta perspectiva, resulta posible el
comienzo de una larga transición del capitalismo al socialismo. Los avances en
esta dirección, claro está, siempre serán desiguales de un país a otro y de una
fase de su despliegue a otra.
Las dimensiones de la alternativa deseable y posible son múltiples y conciernen
todos los aspectos de la vida económica, social, política. Evocaré a
continuación las grandes líneas de esta respuesta necesaria.
1) - La reinvención por los trabajadores de organizaciones apropiadas que hagan
posible la construcción de su unidad con el fin de trascender su dispersión
asociada a las formas de explotación vigente (paro laboral, precariedad,
informalidad)
2) - La perspectiva es la de un despertar de la teoría y de la práctica de la
democracia asociada al progreso social y al respeto de la soberanía de los pueblos
y no disociada de éstos.
3) - Liberarse del virus liberal fundado en el mito del individuo que ya pasó a
ser tema histórico. Los rechazos frecuentes de los modos de vida asociados al
capitalismo (múltiples enajenaciones, consumismo y destrucción del planeta)
señalan la posibilidad de esta emancipación.
4) - Liberarse del atlantismo y del militarismo que le está asociado, ambos
destinados a hacer aceptar la perspectiva de un planeta organizado sobre la
base del apartheid a escala mundial.
En los países del Norte el desafío implica que la opinión general no se deje
encerrar en un consenso de defensa de sus privilegios con respeto a los pueblos
del Sur. El internacionalismo necesario pasa por el antiimperialismo, no por el
humanitarismo.
En los países del Sur, la estrategia de los oligopolios mundiales lleva consigo
el hacer recaer el peso de la crisis sobre sus pueblos (desvalorización de sus
reservas de cambio, baja de los precios de las materias primas exportadas y
alza de los precios de los productos importados). La crisis ofrece la ocasión
del renacimiento de un desarrollo nacional, popular y democrático auto
centrado, que someta las relaciones con el Norte a sus exigencias, esto es la
desconexión. Lo cual implica:
a) El dominio nacional de los mercados monetarios y financieros
b) El dominio de las tecnologías modernas en adelante posible,
c) La recuperación del uso de los recursos naturales,
d) La derrota de la gestión mundializada dominada por los oligopolios (
e) Liberarse de las ilusiones de un capitalismo nacional autónomo en el sistema
y de los mitos pasadistas.
f) La cuestión agraria, en efecto, está en el centro de las opciones por venir
en los países del tercer mundo. Un desarrollo digno de así llamarse exige una
estrategia política agrícola fundada sobre la garantía del acceso a la tierra
para todos los campesinos (la mitad de la humanidad). En contrapunto, las
fórmulas preconizadas por los poderes dominantes - acelerar la privatización de
la tierra agrícola y transformar la tierra agrícola en mercancía – llevan
consigo el éxodo rural masivo que bien venimos conociendo. Como el desarrollo
industrial de los países concernidos no puede absorber a esta mano de obra sur
abundante, ésta se amasa en las barriadas o se deja tentar por las aventuras
trágicas de una huida en balsa por el Atlántico. Existe una relación directa
entre la supresión de la garantía del acceso a la tierra y el acrecentamiento
de las presiones migratorias.
g) La integración regional, al favorecer el surgimiento de nuevos polos de
desarrollo, ¿puede constituir una forma de resistencia y de alternativa? La
regionalización es necesaria, tal vez no para gigantes como China y
Avances en esas direcciones, al Norte así como al Sur, bases del internacionalismo
de los trabajadores y de los pueblos, constituyen las únicas garantías de la
reconstrucción de un mundo mejor, multipolar y democrático, única alternativa a
la barbarie del capitalismo alicaído.
Más que nunca la lucha por el socialismo del siglo 21 está a la orden del día.