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Los ciclos geopolíticos de la región Ártica Tiberio
GRAZIANI 10.02.2010
Un primer gran ciclo, que podríamos denominar el
ciclo de las grandes exploraciones y de la primera maritimización ártica,
puede situarse entre 1553, es decir, cuando el navegador Hugh Willoughby
partió en busca del paso del Nordeste, y la segunda mitad de los años veinte
del siglo XIX. Este primer ciclo –durante el cual se lleva a cabo el proceso
de “maritimización” de El acuerdo, firmado en 1826 entre San Petersburgo
y Londres sobre la delimitación de las fronteras entre Lejos de ser la locura de Seward, como fue
definida por el nombre del entonces secretario de Estado norteamericano, la
adquisición de Alaska representaba, al menos para aquella época, el punto de
llegada de la política “nórdica” de Washington. De hecho, los Estados Unidos, que tenían la
intención de proyectar su poder hacia el polo ártico, habían entablado, en
los mismos años, algunas negociaciones con Dinamarca con respecto a la
adquisición de Groenlandia. Como se sabe, los EE.UU. alcanzaron el objetivo
estratégico de controlar gran parte del círculo polar ártico sólo después de Con el ingreso del recién llegado en el club de
las naciones circumpolares comienzan a germinar las fricciones que marcarán
la posterior historia geopolítica de la región Ártica. Es este el ciclo de la
soberanía o de las reivindicaciones territoriales, que empiezan precisamente
en 1826 con una delimitación de las fronteras que termina en 1991, con la
disolución de El tercer ciclo, que podríamos definir de la identidad
regional ártica o del multilateralismo y que podemos situar entre 1990 y
los primeros años del siglo actual, está marcado por el escaso compromiso de
Moscú –geopolíticamente replegado sobre sí mismo tras el colapso del edificio
soviético –en el sostenimiento de sus intereses regionales, por las renovadas
tensiones entre Canadá y los Estados Unidos, por una tímida presencia de Estas últimas, que se basan principalmente en la
común identidad ártica, en la idea del “mediterráneo ártico”, en el respeto
de las minorías y del medioambiente y en el llamado desarrollo sostenible
tienden tanto al refuerzo de la internacionalización del área como a la
atenuación de la tirantez surgida dentro del restringido club de las
naciones circumpolares con respecto a la soberanía. Sin embargo, hay que
observar que en el plano de las relaciones de fuerza reales, en particular
las referentes a los ámbitos militares y geoestratégico, los EE.UU. ostentan,
en el curso de este breve ciclo, la primacía de nación hegemónica de toda la
zona, ya sea directamente, o a través de la alianza atlántica; los otros
actores recitan el papel marginal de simples comparsas. El Ártico
en el escenario multipolar El Ártico es actualmente, en el marco de la
estructuración del nuevo sistema multipolar, una de las áreas más diputadas
del planeta, no sólo por los recursos energéticos y minerales presentes bajo
su banco de hielo, por su particular posición geoestratégica y por los
efectos que el calentamiento global podría producir respecto a su mayor
practicabilidad, sino, sobre todo, debido al retorno de Rusia como actor global.
Considerado durante mucho tiempo de limitado
interés geopolítico, a causa de su inaccesibilidad, el círculo polar ártico,
de hecho, ha llegado a ser –desde el 2 de agosto de 2007, cuando la
tripulación de dos submarinos colocaron la bandera tricolor rusa en los
fondos del Océano Glacial Ártico, a La “reivindicación” rusa del espacio ártico se
inserta, por tanto, plenamente en Moscú, después de haber adquirido nuevamente
prestigio en el Cáucaso y en Asia central, reanudado las relaciones con China
y, sobre todo, limitado, en la medida de lo posible, la descomposición de su
“exterior próximo”, se dirige ahora hacia el Norte. Esto no debe sorprender en absoluto, siendo el
territorio ruso, como nos recuerda Pascal Marchand, el resultado de un
proceso histórico distinguido por dos caracteres geográficos: la
continentalidad, es decir, la expansión en la masa continental eurasiática y
la nordicidad, es decir, la expansión hacia el Ártico. Estas dos directrices, además del impulso hacia
el Océano Índico, marcarán una vez más el destino de Rusia en el nuevo Gran
Juego del siglo XXI. En este marco de referencia el Ártico, la mítica
morada de los pueblos védicos según los estudios efectuados por el político e
intelectual indio Bal Gangadhar Tilak, se convertirá en una de las
principales puestas en juego de los próximos veinte años.
Tiberio Graziani - Director de Eurasia –Rivista di
studi geopolitici – y de la colección Quaderni di geopolitica (Edizioni
all’insegna del Veltro), Parma, Italia. Cofundador del Istituto Enrico Mattei
di Alti Studi per il Vicino e Medio Oriente, Ha dictado cursos y seminarios
de geopolítica en universidades y centros de investigación y análisis.
Docente del Istituto per il Commercio Estero (Ministerio de Asuntos
Exteriores italiano), dictando cursos en distintos países, como Uzbekistán,
Argentina, India, China, Libia. (Traducido por Javier Estrada) |