El Camino de Guerra para Cambio de Régimen

Por Gareth Porter | 6 de noviembre de 2007         

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El Vicepresidente Dick Cheney y sus aliados neoconservadores en la administración George W. Bush, solo empezaron agitando una vez por el uso de fuerza militar contra Irán una vez que ellos habían dejado finalmente la ilusión que el cambio de régimen en Irán sucedería sin esta. Y ellos no lo dieron hasta tarde en 2005, según un ex funcionario de alto nivel del Foreign Service que participó en las discusiones norteamericanas con Irán desde 2001 hasta tarde en 2005.

 

Hillary Mann que fue la directora de personal para Asuntos del Golfo Pérsico y de Afganistán en el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) en 2003 y luego del Staff del Departamento de Estado para Planeamiento Político, dijo al Inter Press Service (IPS) en una reciente entrevista que la clave de la visión política neoconservadora en Irán hasta el 2006 era la firme creencia que una de las consecuencias de un despliegue exitoso de fuerza militar norteamericana en Irak sería agitar los cimientos del régimen iraní.

 

Esa creencia central fue transmitida al redactor conservador Arnaud de Borchgrave del Washington Times en abril de 2002 por prominentes figuras neoconservadoras que le dijeron que la administración Bush "había decidido volver a dibujar el mapa geopolítico del Medio Oriente", él escribió después.

 

La doctrina preventiva de Bush, ellos le dijeron, "se había vuelto el vehículo para conducir a los practicantes del eje del mal fuera del poder". La remoción de Saddam Hussein, acorde a este escenario, traería un Irak democrático que entonces se extendería a través de la región, "trayendo democracia desde Siria a Egipto y a los reinos, emiratos, y monarquías del Golfo".

 

Bajo la influencia de este mito central, después de los ataques del 9/11, algunos de los aliados de Cheney en el Pentágono concibieron el objetivo de remover cada régimen en el Medio Oriente que fuese hostil a los Estados Unidos e Israel.

 

En Noviembre de 2001, el general Wesley Clark, que entonces recientemente se había retirado de su puesto como cabeza del Comando Sur de Estados Unidos, supo de un general que él conoció en el Pentágono que un memorándum reciente había bajado de la oficina del secretario de defensa delineando el objetivo de “bajar” siete regímenes de Medio Oriente durante cinco años.

 

El plan empezaría con la invasión de Irak, y luego designar Siria, Líbano, Libia, Somalia, y Sudán, según un relato en el libro de Clark de 2003, “Ganando Guerras Modernas: Irak, Terrorismo, y el Imperio Americano”.

 

El memorándum indicó que el plan era "volver y conseguir a Irán en cinco años".

 

Los neoconservadores eran particularmente serios sobre ir contra Siria. En las semanas que siguen a la invasión norteamericana inicial de Irak, el Diputado Secretario de Defensa Paul Wolfowitz, el principal arquitecto neoconservador de la invasión de Irak, defendió sin éxito el tomar ventaja del presunto triunfo militar para derrocar el régimen sirio del Presidente Bashar Assad, según una descripción de la revista de inclinación derechista Insight.

 

Pero contrariamente a la noción popular que los neoconservadores creyeron que "los hombres reales van a Teherán", nadie estaba proponiendo todavía que Irán sería blanco militar.

 

En Septiembre de 2003, Cheney trajo a David Wurmser (un amigo íntimo y protegido de Richard Perle y uno de los defensores importantes del plan para el cambio de régimen en Irak) como su consejero en Medio Oriente. Wurmser había articulado previamente ideas muy específicas sobre cómo bajar a Hussein a través de la fuerza ayudaría a desestabilizar el régimen iraní.

 

En un libro de 1999, Wurmser había puesto un plan para usar a la mayoría shi’ita iraquí y sus clérigos conservadores como aliados norteamericanos en la "vuelta regional de fundamentalismo shi’ita"— significando el régimen islámico en Irán.

 

Pero Wurmser también creyó que el régimen baathista en Siria era un obstáculo al cambio de régimen en Irán. Empezando con el memo de 1996 "Clean Break", escrito por Wurmser con la ayuda de otras futuras figuras de la administración Bush como Perle y Douglas Feith para el entonces entrante primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, Wurmser había defendido que una vez que Hussein fuese removido, el próximo paso era bajar el régimen de Assad en Siria.

 

En una entrevista con The Telegraph en septiembre de 2007, unos meses después de que él había dejado la oficina de Cheney, Wurmser confirmó su creencia que el cambio de régimen en Siria por la fuerza, si necesario, afectaría directamente la estabilidad del régimen de Teherán. Si Irán fuera visto de ser incapaz de hacer algo para prevenir el derrocamiento del régimen en Siria, él sugirió, esto minaría seriamente el prestigio del régimen islámico en casa.

 

De 2003 a 2005, Wurmser y sus colegas neoconservadores estaban en rechazo sobre la realidad en aumento obvia que la ocupación norteamericana de Irak realmente estaba empujando allí la influencia Iraní en lugar de agitar el poder del régimen en casa, según la anterior especialista del NSC, Mann. Ella estaba bien familiarizada con el pensamiento neoconservador de sus asociaciones con el Washington Institute for Near East Policy en los años noventa, y ella le dijo a IPS que ella estaba "pasmada" de oír a neoconservadores en la administración sugiriendo tarde en 2005 que la situación en Irak estaba en huella para ayudar a desestabilizar el régimen iraní.

 

Los neoconservadores habían visto durante mucho tiempo a los reformistas iraníes, liderados por el Presidente Mohamed Khatami, como el obstáculo principal a la revolución popular contra el mullahs para lo que ellos estaban trabajando. Como el francés Frédéric Tellier especialista en Irán notó en un ensayo temprano en 2006, ellos creyeron que las derrotas electorales de los reformistas en 2003 y 2004 también ayudaría a abrir el camino para un levantamiento político revolucionario en Teherán.

 

En una aparición en el show Don Imus el 21 de enero de 2005, Cheney dijo que los israelíes podrían atacar los sitios nucleares de Irán, si ellos se convencieran que los iraníes tenían una "capacidad nuclear significativa". Ese comentario subrayó el hecho que Cheney no estaba pensando en serio sobre un ataque norteamericano contra Irán.

 

Para finales de 2005, sin embargo, los neoconservadores habían finalmente admitido la realidad del fracaso de la intervención militar en Irak de la administración Bush, según Mann. Ella también notó que la victoria electoral de Mahmoud Ahmadinejad, representando una nueva producción de nacionalismo conservador con una masa base de apoyo popular, en las elecciones presidenciales de Irán de Junio de 2005, deletreó la "campana de muerto" al optimismo neoconservador sobre el cambio de régimen en Irán.

 

Mann observa que los neoconservadores nunca habían adelantado el uso de fuerza contra Irán, pero ellos habían defendido que una fuerza menor sería necesaria en Irán que la que se había usado en Irak. Para temprano 2006, sin embargo, esa asunción era desechada por prominentes neoconservadores.

 

Reuel Marc Gerecht del American Enterprise Institute había sido más agresivo que cualquier otro defendiendo que los shiitas de Irak, liberados por el poder militar norteamericano, ayudarían a subvertir el régimen iraní. Pero en abril de 2006, él llamó en un artículo del Weekly Standard, por bombardeo continuo de los sitios nucleares iraníes, hasta que los iraníes dejen de reconstruirlos.

 

Dentro de la administración, entretanto, Wurmser estaba buscando la oportunidad de proponer una opción militar contra Irán. En su entrevista de septiembre de 2007 con The Telegraph, él insistió que los Estados Unidos deben estar dispuestos "a realizar una escalada tan lejos como nosotros necesitemos ir para derrotar el régimen [Iraní] si fuese necesario".

 

Esa oportunidad parecía presentarse en la consecuencia del esfuerzo fallido de Israel por darle un golpe mayor a Hezbollah en el sur del Líbano en el verano de 2006.

 

Los neoconservadores alineados con Cheney defendieron que Irán estaba amenazando la posición dominante norteamericana en la región a través de sus apoderados en Líbano, Irak, y el territorio Palestino, así como con su programa nuclear. Ellos insistieron que la administración tenía que empujar poniendo como objetivo al personal de la Quds Force Iraní en Irak, aumentar la presencia naval en el Golfo, y acusar a Irán de apoyar la matanza de tropas norteamericanas.

 

Aunque la razón ostensible era presionar a Irán para ceder en el problema nuclear, a la luz de las vistas anteriores, parece que ellos estaban esperando usar poder militar contra Irán para lograr su meta original de cambio de régimen.

 

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Gareth Porter es Historiador y analista de política de seguridad nacional.

Su último libro, “Peligros de Dominación: El desequilibrio de Power y el Camino a la Guerra en Vietnam”, fue publicado junio de 2005.