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Brasil en clave potencia Brasil ya es un jugador global de primer nivel. En
la década que comienza su ascenso será tan importante que está forzando a su
principal competidor en la región, los Estados Unidos, a diseñar su política
exterior colocando en un lugar destacado la contención de Brasil, un objetivo
que puede desestabilizar a toda la región. "Poco a poco y
silenciosamente, como una tela de araña en la noche, un impresionante cerco
militar amenaza a Venezuela y, a mediano plazo, al conjunto de gobiernos
progresistas de América Latina", escribe Ignacio Ramonet en la edición
de enero de Le Monde Diplomatique. Un reciente estudio del Servicio Geológico de los
Estados Unidos establece que Tanto la lectura de Ramonet como la conclusión
del Servicio Geológico estadounidense se asientan en sólidas bases empíricas.
En efecto, no es la primera vez que se estima que las reservas de crudo
venezolanas son realmente gigantescas, pero ahora la confirmación proviene de
una agencia del Norte y no de funcionarios bolivarianos. De hecho, doblan las
que posee las hasta ahora superpotencia petrolífera global. Por otro lado,
varios hechos producidos en los seis últimos meses avalan el análisis de
Ramonet: en marzo de 2009 se supo que Colombia cedería la utilización de
siete instalaciones militares a Estados Unidos; en junio se produjo el golpe
de Estado en Honduras, donde radica la base estadounidense de Soto Cano; en
octubre el presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, anunció la cesión de
cuatro instalaciones militares al Pentágono. Sumando las bases de Aruba y
Curaçao, islas caribeñas holandesas, son trece bases militares que rodean a
Venezuela sólo por el norte y el este. Ahora se suma la rápida conversión de
Haití en un gigantesco portaaviones incorporado a Apuntando
al sur La intervención es tan desembozada, que el
periódico oficialista chino Diario del Pueblo (21 de enero) se pregunta si
Estados Unidos pretende incorporar a Haití como un estado más de la unión. El
diario recoge un análisis de la revista Time, donde se asegura que
"Haití ya se ha convertido en el 51º estado de los Estados Unidos, y aún
cuando no lo sea es por lo menos su patio trasero". En efecto, en apenas
una semana el Pentágono había movilizado hacia la isla un portaaviones, 33
aviones de socorro y numerosas naves de guerra además de 11 mil soldados. La misma edición de Diario del Pueblo, en un
artículo sobre el "efecto estadounidense" en el Caribe, asegura que
la intervención militar de ese país en Haití tendrá influencia en su
estrategia en el Caribe y en América Latina donde mantiene una importante
confrontación con Cuba y Venezuela. Esa región es, en la lectura de Beijing,
"la puerta de su patio trasero", a la que busca "controlar
estrechamente" para "continuar alargando el radio de su influencia
hacia el sur". Más al sur está toda la región andina, incluida
Venezuela claro, pero también, y sobre todo, Brasil. Está fuera de duda la
importancia que cualquier país del mundo, más aún el que pretende sostenerse
como hegemón, concede al petróleo. Pero eso no quiere decir, como sostiene el
Dipló, que "la clave está en Caracas". En efecto, Venezuela es una
pieza importante. Muy importante si acaso. Pero la clave para la hegemonía
estadounidense está en frenar a Brasil, cuando ya se sabe que no lo puede
cooptar. Algunos datos difundidos en las últimas semanas
dan pistas importantes. El diario británico Financial Times publicó el 10 de
enero una lista de los diez primeros bancos del mundo, por capitalización en
el mercado, en 2000 y en 2009. El cambio producido eriza la piel. En 2000
cinco de los diez gigantes eran de los Estados Unidos: Bank of New York
Mellon, Morgan Stanley, Citigroup, Wells Fargo y Goldman Sachs, en los
puestos, 1, 3, 4 y 5 respectivamente. El segundo lugar lo ocupaba el
británico Lloyds. En suma, entre los diez primeros había cinco bancos
estadounidenses y uno británico. La crema del poder financiero provenía de Apenas nueve años después, el panorama es el que
sigue: entre los diez mayores bancos hay cinco chinos (China Merchants Bank,
China Citic Bank, ICBC, China Construction, en los cuatro primeros, y Bank of
Communications en el sexto), y tres bancos brasileños (Itaú Unibanco en el
quinto, Bradesco en el séptimo y Banco do Brasil en el noveno). El cambio es
fenomenal. Sólo cabe agregar que algunos ex gigantes de la banca global se
hunden muy por debajo. Goldman Sachs cayó al lugar 22 y JP Morgan Chase se
ubica en el 31. Mientras los bancos de Wall Street se hundían, la banca china
duplicó su valor en 2009. "En medio de las turbulencias, también se ha
gestado un giro dramático en el centro de gravedad bancario", concluye
Financial Times. Buena parte de esos bancos, como el Banco do
Brasil y tres de los cinco chinos mencionados, son estatales, lo que completa
este giro copernicano en el mundo de las finanzas, que era el núcleo del
capitalismo con base en Estados Unidos. Para completar esa información,
habría que observar ahora una tabla sobre la vulnerabilidad de los países en
función de la relación entre la deuda pública y privada y el PIB, difundida
en diciembre por el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (leap). El
primer lugar del ranking global de vulnerabilidad, como se sabe, lo ocupa
Islandia, y luego vienen varios pequeños países bálticos y de Europa
oriental, para situarse Grecia en el quinto lugar y España en el sexto. El
noveno y el décimo lo ocupan Gran Bretaña y Estados Unidos, cuya deuda
estatal se acerca peligrosamente al cien por cien del PIB. En el caso de este
último, la suma de deuda pública y privada triplica el PIB anual. Si fueran
países sudamericanos, hace rato hubieran decretado el default de su deuda,
aunque algunos análisis estiman que esa eventualidad no está lejana. Una potencia en el patio trasero ¿Cuanto tiempo durará la amistad entre los
países? Mientras la administración de Barack Obama se
empeña en imponer algún tipo de impuesto a los bancos para que devuelvan por
lo menos parte del dinero público empeñado en el salvataje de 2009, la
consultora Pricewaterhouse Coopers divulgó datos que avalan un "giro
dramático" en el escenario global. Hacia 2020, los países del G7
(Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá),
tendrán un peso económico parejo con los siete emergentes, el recién
bautizado E7 (China, India,
Brasil, Rusia, México, Indonesia y Turquía). Este año la diferencia a favor del G7 será del 35
por ciento (era del doble en 2000), pero en menos de una década ese margen se
habrá evaporado. Más aún, hacia 2030 China habrá superado a Estados Unidos,
que estarán seguidos de India, Japón y Brasil (O Estado de Sao Paulo, 22 de
enero). En suma, entre las cinco primeras potencias habrá sólo dos del Norte
y otras dos de Occidente, siempre que se englobe a Brasil en esa categoría. En ese conjunto de cambios globales, Brasil saldrá
muy bien parado, colocándose en posición inmejorable por su autosuficiencia
energética, tanto en petróleo como en uranio. Dicho de otro modo, Brasil es
una de las escasas grandes potencias globales que cuenta con autonomía
energética, cuestión que ya de por sí otorga a cualquier país del mundo una
posición envidiable. Brasil tiene las sextas reservas de uranio del
mundo (cuando sólo el 25% de su territorio ha sido investigado) y estará
entre las cinco mayores reservas de petróleo cuando se termine la prospección
en la cuenca de Santos (sus reservas probables serían de más de 50.000
millones de barriles). Las multinacionales brasileñas figuran entre las
mayores del mundo: Vale do Rio Doce
es la segunda minera y la primera en
mineral de hierro; Petrobras es la cuarta petrolera del mundo y la quinta
empresa global por su valor de mercado; Embraer es la tercera aeronáutica
detrás solo de Boeing y Airbus; JBS Friboi es el primer frigorífico de carne
vacuna del mundo; Braskem es la octava petroquímica del planeta; Brasil Foods
es la mayor exportadora de carne procesada; Votorantim es la cuarta celulosa
global. El poderoso BNDes
ha venido jugando sus cartas a favor del capital brasileño. Es el mayor banco
de fomento del mundo, que "se
transformó en la más poderosa herramienta de reestructuración del capitalismo
brasileño"*. Está siendo el principal agente de las grandes fusiones
con el objetivo de fortalecer al capital nacional privado en condiciones de
competir con el capital internacional. El gobierno Lula ha impulsado una
política consistente en "la
participación activa del Estado en la construcción de nuevos global players
en diferentes ramos de la actividad económica". El BNDes
jugó un papel decisivo en la reciente compra de Quattor por Braskem, pero también en la fusión de Oi con Brasil Telecom, en la de Sadia y Perdigao creando Brasil Foods,
en el crecimiento de los frigoríficos Marfrig
y Bertin y la fusión de éste con JBS
Friboi, y también en la megafusión
de Itaú y Unibanco, dando origen a un coloso global. "La creación de empresas nacionales
fuertes, competitivas, con escala de producción suficiente para darles un
papel relevante en el mercado mundial ha sido uno de los objetivos
principales del BNDes en la era Lula". Por eso puede afirmarse que en una parte
sustancial de las multinacionales brasileñas, "se ven genes estatales en casi todos los pedigrís de la gran empresa
nacional". A esa autonomía energética, que entre las diez
grandes potencias sólo comparte Rusia, debe sumarse que en las dos últimas
décadas Brasil ha construido una lista nada despreciable de multinacionales
donde se entrelazan capitales brasileños y estatales, capaces de competir de
igual a igual con las más importantes empresas del mundo. Esas gigantes
abarcan los más variados rubros, desde las finanzas, la aeronáutica y los
hidrocarburos hasta la minería, la petroquímica y la alimentación. En suma,
Brasil es una potencia madura, capaz de competir en todos los terrenos con
las demás potencias del planeta. No en todos, claro. Su talón de Aquiles son sus fuerzas armadas que deben defender tanto
su rica y codiciada Amazonia como su enorme plataforma marítima donde se
encuentran sus riquezas petrolíferas que convertirán al país en una gran
potencia. Los militares y estrategas brasileños estiman que
la expansión del área marítima, donde se encuentran los yacimientos de
Santos, Espírito Santo y Campos conocidos como "pre-sal" porque se
hallan debajo de una capa de sal, implicará nuevas amenazas para el país.
Salvador Raza, profesor de Para defender sus recursos La inversión será enorme: sólo los cinco
submarinos implican un gasto de 10 mil millones de dólares. Para cumplir con
su misión, Política de contención Brasil no tenía otra opción que fortalecer su defensa,
en la medida que su poder como nación crece sin cesar. Brasil ha comprendido a fondo la estrategia de
los Estados Unidos. El Pentágono ha diseñado para Brasil la misma estrategia
que aplica para contener a China: generarle conflictos en sus fronteras para
desestabilizarla e impedirle despegar. Esa lógica es la que ha trasladado el
centro de gravitación militar de Estados Unidos de Irak hacia Afganistán y
Pakistán. Sobre esa base puede comprenderse mejor lo que viene sucediendo en
América Latina en los últimos meses, cuyo último capítulo es el masivo
desembarco en Haití. Digamos que Haití es la primera gran operación de En Sudamérica, un rosario de instalaciones
militares del Comando Sur rodea Brasil por la región andina y el sur. La
tenaza se cierra con el conflicto Colombia-Venezuela y Colombia-Ecuador, que
tienen la capacidad potencial de incendiar toda la región. La tensión
generada por el ataque de Colombia al campamento de Raúl Reyes en suelo
ecuatoriano tiende a incrementarse con la ocupación de facto de Haití.
Marchamos hacia una creciente militarización de las relaciones
internacionales, algo inédito en esta región que, con la excepción de Brasil,
no está ni psicológica ni materialmente preparada para defenderse. * "La reorganización del capitalismo
brasileño", Instituto Humanitas Unisinos, 11 de noviembre de 2009. - Raúl Zibechi es analista internacional del
semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos
sociales en http://alainet.org/active/37114〈=es |