América indo-latina y Eurasia: los pilares del nuevo sistema multipolar
AUTOR: Tiberio
GRAZIANI
Traducido por Javier
Estrada Martínez
El
aventurerismo estadounidense en Georgia y la profunda crisis
económico-financiera que afecta a todo el sistema occidental han evidenciado
definitivamente la incapacidad de los Estados Unidos para gestionar el actual
momento histórico. Los paradigmas interpretativos basados en las dicotomías
Este-Oeste, Norte-Sur, centro-periferia no parece que sean válidos para
delinear los próximos escenarios geopolíticos. Una lectura continental y
multipolar de las alianzas y de las tensiones entre los actores globales nos
permite identificar en
La incapacidad estadounidense de gobernar
La reciente cuestión georgiana ha supuesto
definitivamente el certificado de defunción del llamado unipolarismo
estadounidense y, sobre todo, parece que ha hecho efectivo un sistema
articulado ya sobre polos continentales, es decir, un sistema multipolar.
Esto no ha sido captado en absoluto por la mayor
parte de los observadores y analistas, que, pese a ser conscientes del crepúsculo
de la “nación indispensable” (según la atrevida definición de la ex
Secretaria de Estado Madeleine Albright), con motivo de la crisis de agosto
entre Moscú y Tbilisi han hecho referencia, reiteradamente, a un nuevo
bipolarismo y a una reformulación de la “Guerra Fría”.
En realidad, estamos muy lejos de la reedición del
viejo sistema bipolar, y no sólo porque las motivaciones ideológicas (entre las
cuales se encuentran las antítesis comunismo-capitalismo y
totalitarismo-democracia), que caracterizaron la posguerra de
No obstante, hay que decir inmediatamente que el declive
del sistema unipolar guiado por los Estados Unidos no significa en absoluto el
fin de la hegemonía de Washington, hasta ahora presente, incluso militarmente,
en amplias áreas del planeta. La hegemonía de Washington es por el momento una
hegemonía reducida con la cual las nuevas entidades geopolíticas tendrán que
enfrentarse todavía durante algunos años. Una hegemonía, hemos de subrayar,
quizás más peligrosa que la pasada para la estabilidad internacional porque
precisamente al resultar oscilante esta hegemonía es, por tanto, susceptible de
ser gestionada por Washington y por el Pentágono con escaso equilibrio, tal y
como la crisis georgiana ha demostrado ampliamente.
La profunda crisis estructural de la economía de
los EEUU (1) ha contribuido sólo a acelerar un proceso de redimensionamiento de
todo el “sistema occidental” que, aunque iniciado a mitad de los años 90, sólo
en los primeros años del siglo actual fue registrado por autores como Chalmer
Johnson y Emmanuel Todd en los respectivos análisis sobre las consecuencias con
que los Estados Unidos acabarían por encontrarse (2), como única potencia
mundial, así como sobre la descomposición del sistema estadounidense (3).
Johnson, profundo conocedor de Asia y, en particular,
de Japón, observaba, entre los años 1999 y 2000, que los EEUU no estarían en
condiciones de gestionar su relación con Asia si continuaban “las reiteradas
tentativas de su gobierno de dominar la escena mundial” (4). Entre los
cambios ya visibles, que en el futuro próximo trazarían un nuevo marco
geopolítico, Johnson situaba su atención en la creciente tentativa de China de
emular las otras economías de crecimiento intensivo de Asia oriental (5). El
mismo autor, refiriéndose al despiadado análisis ilustrado por David Calleo (6)
en el lejano 1987 sobre la disgregación del sistema internacional, consideraba
que los Estados Unidos de finales de siglo eran “una entidad hegemónica
rapaz” “dotada de escaso sentido del equilibrio”.
También el francés Todd, como el americano Johnson,
consideraba que los EEUU, a causa de las guerras en Oriente Medio y en
Yugoslavia, estaban ya convirtiéndose en un elemento de desorden de todo el
sistema internacional; según Todd, además, la interdependencia económica redundaba
en perjuicio de la economía estadounidense, como, indudablemente,
demostraba el crecimiento del déficit de la última década.
Algunos años después, en enero de 2005, un agudo y
brillante observador como Michael Lind, de
Más recientemente (2007), Luca Lauriola (8) ha
afirmado sustancialmente los mismos conceptos, que citamos aquí en palabras de
Claudio Mutti: “Lauriola se propone demostrar algunas tesis que pueden ser
resumidas esquemáticamente en los siguientes términos:
1) los EEUU no son ya la
mayor potencia mundial;
2) la potencia tecnológica
rusa supera hoy la estadounidense;
3) el entendimiento
estratégico entre Rusia, China e India configura un área geopolítica
alternativa a la estadounidense;
4) los EEUU se encuentran
en una gravísima crisis financiera y económica que es el preludio de un
auténtico hundimiento;
5) en tal situación, la
potencia estadounidense está “perdida y enloquecida” de modo que Moscú, Pekín y
Nueva Delhi la tratan pretendiendo no provocar reacciones que podrían causar
catástrofes mundiales;
6) la administración Bush prosigue
impertérrita hacia el precipicio, inventando continuamente mentiras que
justifiquen la función mundial de los EEUU;
7) las condiciones de vida
de gran parte de la población estadounidense son similares a las de muchos
países subdesarrollados;
8) la imagen actual de los
EEUU no es una excepción de su historia, sino que reproduce fielmente la que
siempre ha tenido (desde el genocidio de los Pieles Rojas al terrorismo
practicado en Vietnam);
9) en los EEUU, un función
política eminente es desempeñada por el mismo lobby mesiánico que ya había
destacado en la nomenclatura soviética” (9).
Pero, ¿cómo puede ser que la hiperpotencia estadounidense,
en el breve transcurso de apenas veinte años, esté a punto de colapsar? ¿Por
qué un actor global como los EEUU no ha sido capaz de gobernar e imponer su tan
proclamado “New Order”, democrático y liberal?
Las respuestas a tales cuestiones no han de ser
buscadas solamente en los – al fin y al cabo –fáciles análisis que tanto gustan
a los economistas y/o en las contradicciones políticas dentro del sistema
occidental. A nuestro juicio, hay que buscarlas precisamente en los análisis de
las doctrinas geopolíticas de la potencia estadounidense. Los Estados Unidos de
América – potencia talasocrática mundial –siempre han buscado, desde su
expansión en el subcontinente sudamericano, una praxis geopolítica que en otro
lugar hemos definido “del caos” (10), es decir, la geopolítica de la “perturbación
continua” de los espacios territoriales susceptibles de ser situados bajo
su influencia o su propio dominio; de ahí la incapacidad de realizar un
auténtico y articulado orden internacional, como cabría esperar de quien tiene
por ambición el liderazgo mundial.
Dos geopolíticos italianos, Agostino Degli Espinosa
y Carlo Maria Santoro, en épocas distintas y muy lejanas entre sí,
respectivamente en los años 30 y 90, han constatado una importante
característica de los EEUU, la de estar incapacitados para gobernar, para
administrar.
Escribía en el lejano 1932 Agostino Degli Espinosa;
“América no quiere gobernar,
quiere simplemente poseer de la manera más simple, es decir, con el dominio de
sus dólares”, y continuaba afirmando que gobernar “no significa
únicamente imponer leyes y voluntades: significa dictar una ley a la cual el
espíritu del pueblo o de los pueblos se adhiera de modo que entre el gobierno y
los gobernados se forme una unidad espiritual organizada” (11).
Afirmaba, con una distancia de más de sesenta años,
Carlo Maria Santoro:
“las potencias marítimas […] no
saben imaginar, ni siquiera conceptualmente, la conquista y la administración,
es decir, la subdivisión jerárquica de los grandes Imperios continentales”
(12).
La especificidad talasocrática de los EEUU,
identificada por Santoro, y la incapacidad de gobernar, en el sentido expuesto
más arriba, de manera magistral, por Degli Espinosa, explican mejor que
cualquier otro análisis el declive de
Recientemente también el economista francés Jacques
Sapir ha llegado a afirmar la ineptitud de los EEUU en la gestión del actual
momento histórico. Para el director de
En su momento, cuando las recetas liberales
estadounidenses, canalizadas a través de los dictados del Fondo Monetario
Internacional, fracasaban en Indonesia y, con razón, eran rechazadas duramente
por Kuala Lumpur, fue, significativamente, subraya Sapir, la política económica
responsable que adoptó Pekín lo que aseguró la estabilidad de Extremo Oriente.
Es interesante observar que la aceleración del
proceso de reducción económica y política de los EEUU (2007-2008) ha tenido
lugar precisamente cuando a la cabeza del país se encuentra un grupo de poder
que se remite a las ideas de los think tanks neoconservadores. Los neocons,
como se sabe, han impulsado en la mayor medida posible a Washington para que
actúe en los últimos años –al menos a partir de 1998, año en que comienza
la “revolución en los asuntos militares” –con una política exterior agresiva y
expansionista; tal política ha sido llevada a cabo en estricta coherencia con
los principios vetero-testamentarios
( el impulso mesiánico como componente del patriotismo estadounidense y como
constante del carácter nacional) que les distinguen y con la particular
declinación, en sentido conservador, de la conocida tesis trotskista de la revolución permanente. Esta tesis, además de
constituir en cierto sentido el sustrato teórico de la estrategia de la “permanent
war”, definida por el vicepresidente Dick Cheney y puesta en práctica de
forma escrupulosa por
América indo latina y Eurasia
Si, atrapados entre las necesidades de orden estratégico (control de Rusia y de
China en Eurasia, de Brasil , de Argentina y del área del Caribe en su propio
hemisferio) y una profunda crisis económico-financiera, los EEUU parece que
están confusos y oscilan entre una política exterior incluso más agresiva y
muscular respecto al pasado reciente y una reconsideración realista de su
propio papel mundial, los mayores países eurasiáticos, Rusia y China a la
cabeza, y los más importantes países sudamericanos, Argentina y Brasil, parecen
cada vez más conscientes de sus propias potencialidades económicas, políticas y
geoestratégicas.
Esto obliga a los analistas y a los encargados de
las decisiones políticas a utilizar nuevos paradigmas para interpretar el
presente. Los esquemas interpretativos del pasado, basados en las dicotomías
Este-Oeste, Norte-Sur, centro-periferia, no parece que valgan ya. Será
conveniente analizar el presente, con la finalidad de captar los elementos
necesarios para trazar los posibles escenarios geopolíticos futuros, desde la
perspectiva continental y multipolar de las alianzas y de las tensiones entre
los actores globales; en particular, será preciso concentrar la atención sobre
los ejes intercontinentales entre los dos hemisferios del Planeta.
El BRIC (Brasil, Rusia, India y China), el nuevo
eje geoeconómico entre Eurasia y
La reciente cumbre de los Ministros de Asuntos
exteriores de los países del BRIC (mayo 2008, Yekaterimburgo, Rusia) que ha
confirmado la intención de los nuevos países emergentes de entrelazar
ulteriormente las relaciones económicas y políticas, ha sido percibida por los
EEUU como una auténtica afrenta. A esto hay que añadir también la reunión de
los Big Five (Brasil, India, China, Méjico y Sudáfrica) que tuvo lugar
en Sapporo en julio de 2008 en coincidencia con la cumbre de Hokkaido del G8.
Cuando Putin se convierte en primer ministro de
Mientras, el interés de China hacia
Los intereses rusos y chinos en América meridional,
por tanto, aumentan día tras día. El coloso ruso Gazprom (junto a la italiana
ENI) cierra contratos con Venezuela (septiembre de 2008) para la exploración de
las áreas Blanquilla Este y
Además, Pekín y Caracas, después de los acuerdos cerrados
en mayo de 2008, en septiembre del mismo año, alcanzan acuerdos para la
instalación de una refinería de propiedad común en Venezuela y para la
realización conjunta de una flota de cuatro petroleros gigantes y para el
aumento de los envíos de petróleo a China.
Sin embargo, más allá de los siempre importantes y
necesarios acuerdos económicos, comerciales y políticos, para que el nuevo
sistema multipolar pueda desarrollarse adecuadamente, sus dos pilares, Eurasia
en el hemisferio nororiental y
De hecho, para hacer frente a los EEUU –para
encontrar, por tanto, soluciones razonables y equilibradas que reduzcan, a
nivel planetario, sin ulteriores convulsiones, su grado de perturbación –China
y Rusia deben considerar que, actualmente, la ex hiperpotencia es seguramente
una nación “perdida”, pero con todo sigue siendo una entidad geopolítica de
dimensiones continentales, dueña de sus litorales y, todavía, con una potente
flota naval (16), presente en todos los tableros del Planeta. Recientemente,
recordamos, Washington ha reactivado
Con el fin de comprender plenamente los futuros
movimientos de la potencia del otro lado del Océano, Pekín y Moscú harían bien
en tener presente lo que escribía, hace no muchos años, Henry Kissinger:
“Geopolíticamente América es
una isla distante del gran continente eurasiático. El predomino por parte de
una sola potencia de una de las dos esferas principales de Eurasia –Europa o
Asia- constituye una buena definición de peligro estratégico para los Estados
Unidos, con guerra fría o sin ella. Ese peligro debería ser frustrado
aunque esa potencia no mostrase intenciones agresivas, ya que si estas acabaran
por desarrollarse después, América se encontraría con una capacidad muy
disminuida de resistencia eficaz y con una incapacidad creciente de
condicionar los acontecimientos” (18).
De manera perfectamente especular al caso de
Eurasia, un discurso análogo vale también para
Para el equilibrio del Planeta, sin embargo, hay
que esperar sólo que los EEUU tomen nota razonablemente de su nueva dimensión y
que no busquen, por tanto, insensatas estrategias de revancha.
Notas
1. La actual crisis económico-financiera se remonta,
según algunos especialistas, entre los que se encuentra Jacques Sapir, a la del
trienio 1997-1999. Jacques Sapir, Le
nouveau XXI siècle. Du siècle «américaine» au retour des nations,
Seuil, París 2008, p.11. Recordamos que los EEUU de
2. Chalmer Johnson, Gli ultimi giorni dell'impero americano,
Garzanti, Milano 2001, ediz. orig. Blowback, The Costs
and Consequences of American Empire, Little Brown and Company, Londres
2000.
3. Emmanuel Todd, Après l’empire. Essai sur la décomposition du
système américain, Gallimard, Paris 2002. Ed. italiana, Dopo l’impero, Tropea, Milán 2003.
4. Chalmer Johnson, op. cit., p. 59.
5. Chalmer Johnson, op. cit., p. 58.
6. “El sistema internacional se va disgregando no
sólo porque nuevas potencias agresivas dotadas de escaso sentido del equilibrio
tratan de dominar los países fronterizos, sino también porque las potencias en
proceso de declive, lugar de regularse y adaptarse, tratan de cimentar su
propio predominio inestable transformándolo en una hegemonía rapaz”, David.
P. Calleo, Beyond American
Hegemony: The future of the
7. Michael
Lind, How the U.S. Became the World's
Dispensable Nation in “Financial Times”, 26 de enero de 2005.
8. Luca Lauriola, Scacco matto all'America e a Israele. Fine
dell’ultimo Impero, Palomar, Bari 2007.
9. Claudio Mutti, Reseña a L. Lauriola, Scacco matto
all’America e a Israele, www.eurasia-org, 27 enero 2008.
10. Tiberio Graziani, Geopolitica e diritto internazionale nell’epoca
dell’occidentalizzazione del pianeta, en “Eurasia. Rivista di studi
geopolitici”, 4/2007, p. 7.
11. Agostino Degli Espinosa, Imperialismo USA, Augustea, Roma-Milán
1932-X, p.521.
12. Carlo Maria Santoro, Studi di Geopolitica, G. Giappichelli,
Milán 1997, p. 84.
13. Jacques Sapir, op. cit., pp. 11-12.
14. Jacques Sapir, op. cit., pp. 63-64.
15. Sergio Romano, en relación a la política inglesa
antieuropea, respondía así a dos lectores del periódico “Corriere della sera”:
“El objetivo inglés es una gran
comunidad atlántica, desde Turquía a California, de la cual Londres,por
supuesto, sería el eje y la bisagra”, Sergio Romano, Perché è
difficile fare l' Europa con
16. Informa Alessandro Lattazione de que “la flota de EEUU, hace diez años, poseía 14
portaviones y sendos grupos de batalla. Hoy tiene, sobre el papel, 10
pero sólo 5/6 están operativos”. Alessandro Lattanzio, La guerra è finita?, informe presentado
en el FestivalStoria, Turín, 16 octubre 2008.
17. Alessandro Lattanzio, Il rilancio navale della Russia,
www.eurasia-rivista.org, 1 octubre 2008.
18. Henry Kissinger, L’arte della diplomazia, Sperling &
Kupfer Editori, Milán 2006, pp.634-635.
19. Como se sabe, los analistas subdividen