El Factor 'Al-Yamamah' en la destitución de Musharraf

Por Jeffrey Steinberg

 

Cuadro de texto:  
Prince Bandar ibn Sultan
En los días que llevan a la renuncia forzada del presidente de Pakistán, general Pervez Musharraf, en agosto 18, una comisión combinada británica y saudita estaba en la escena, para asegurar que la cabeza de estado en batalla sería removida.  Mark Lyall Grant, director-general del Directorio Político del British Foreign and Commonwealth Office, estaba en Islamabad, junto con una comisión de funcionarios sauditas, todos exigiendo la salida de Musharraf.

 

En contraste severo a estas maniobras anglo-sauditas, Lyndon LaRouche emitió una advertencia dramática, en Ago 15, sobre las consecuencias para Pakistán y la región entera, si Musharraf fuera excavado a la presión y dejara la oficina.

 

"Precisamente es debido a la complicación 'Al Yamamah' que yo insisto en un alto en la marcha para remover al Presidente Musharraf del poder. A la caterva Bandar en Arabia Saudita no se le debe permitir controlar el destino de Pakistán, y eso es exactamente donde nosotros nos vamos si se permite la remoción de Musharraf. Hay un serio factor narco-terrorista para tratar, centrado alrededor del nexo Taliban y al-Qaeda que disfruta continuo apoyo de las pertinentes facciones británicas y sauditas." "Dado una media oportunidad," LaRouche concluyó, "ellos descargarán el estrago en la región entera, y eso no sirve a los intereses americanos o regionales en lo más mínimo."

 

La complicación "Al-Yamamah" citada por LaRouche se refiere al trato de cambio de petróleo -por-armas, hecho entre Gran Bretaña y Arabia Saudita en 1985 que han generado operaciones encubiertas, fuera de-libros, fondo de dinero sucio, estimados por ser más de $100 mil millones. El ex embajador saudita en los Estados Unidos Príncipe Bandar bin-Sultan era uno de los arquitectos importantes del programa Al-Yamamah, y en una biografía autorizada 2006, Bandar alardeó que los fondos encubiertos habían sido usados para bancar el mujahideen afgano del que surgieron el Taliban y al-Qaeda.

 

A pesar de las graves advertencias de los círculos de inteligencia americana sobre las consecuencias de la expulsión de Musharraf, la Casa Blanca Bush no hizo nada absolutamente para detenerlo. En una declaración de ago 20, LaRouche acusó a la Casa Blanca de "otro acto masivo de estupidez estratégica." "La Casa Blanca Bush es completamente indiferente a la situación en la tierra," acusó LaRouche. "Está pareciéndose cada vez más la Casa Blanca ha sido completamente comprada por los sauditas y ha sido juzgado de algunas de las políticas que salen de Bush y compañía."

 

De hecho, uno de los más importantes "actores malos" quién llevó la acusación contra Musharraf es el ex primer ministro Nawaz Sharif. Sharif es conocido por ser bancado por los sauditas (él vivió en el destierro en un palacio Saudita, después de que él fue alejado de poder en un golpe militar liderado hace nueve años por el general Musharraf), y para tomar sus señales de Riad. Él mantiene una base de apoyo entre los mismos fundamentalistas a quienes Musharraf había batallado - fundamentalistas bancados desde Arabia Saudita y de otros estados de árabe del Golfo Pérsico. LaRouche advirtió:

 

"El retiro lamentable del presidente Musharraf sólo hará las cosas peor. Y, para eso, yo tengo por responsable al presidente Bush y la Casa Blanca Bush. Cualquier Presidente americano serio habría levantado su pie, y exigido que los sauditas, y sus aliados británicos, detenga la interferencia en la situación de Pakistán."

 

 

Concurre una voz rusa

 

En ago 19, periodista senior de la televisión rusa, Mikhail Leontyev, pesó esto con una valoración similar la situación post-Musharraf en Asia del Sur, en una transmisión en Canal Uno ruso. Después que su co-ancla repasó el papel de Musharraf quebrando al-Qaeda y el Taliban, y suprimiendo a otros islamistas radicales, Leontyev agregó,

 

"Musharraf era el único líder que podría mantener la estabilidad en un país sumamente complejo como Pakistán, refrenar los Islamistas radicales, y garantizar que el potencial nuclear permanecería bajo control. Los llamados líderes corruptos de la oposición, salidos de un frasco angloamericano, nos odian y son incapaces de asegurar cualquiera de esto. En la vista de los analistas americanos responsables, la bomba paquistaní es mucho más peligrosa que la inexistente iraní. ¿Quién gana y que pasa a esta no baja-prioridad, y no la región menos-poblada? Esto es lo sobre el que los socios europeos de los Estados Unidos deben estar pensando, no sobre el gemir de un fustigado georgiano paranoico."

 

LaRouche agregó al cuadro de Leontyev:

 

"La cosa entera era obvia a mí. Era obvio en las discusiones que yo tenía con la gente, que mientras Pakistán ya era un enredo, por esta concesión de descargar a Musharraf, que usted realmente libera todas las inestabilidades en el área. Y, Pakistán es en cierto sentido un poder nuclear, pero la cosa más significativa es que la cosa entera fue hecha por los sauditas. Ése es lo que tiene que ser dicho. Y esta cosa es una operación saudita angloamericano."

 

LaRouche llevan más allá elaborado:

 

"La operación saudita Bandar-Al-Yamamah es lo que importa aquí. Y la región entera está en problemas, porque los sauditas son el centro entero de desestabilización de la región. Es una operación saudita-británica en el que Príncipe Bandar es crucial. La familia Bush está profundamente endeudada, en cierto sentido, a estos tipos sauditas. La corrupción va directo dentro del gobierno de Estados Unidos. La operación Bandar Saudita y las conexiones Bush a eso, es completamente crucial."

 

LaRouche concluyó:

 

"Leontyev tiene razón; él está completamente correcto. Es justo que él deja fuera en esto una parte: que éste es un caso en que la operación Londres-Saudita, una operación conectada a BAE, es el monstruo importante en esta cosa, que es un factor controlante en la conducta americana. Usted no necesita tener un Presidente Barack Obama, porque la Presidencia real es la monarquía Saudita. La Casa Blanca es una dependencia de la monarquía Saudita."

 

Pakistán implosiona

 

Así como advirtió LaRouche, dentro de días de la renuncia anunciada del Presidente Musharraf, ante amenazar una acusación de proceder, la frágil unión gobernante fue desentrañada. Pero más significativo, la salida de Musharraf, y la aquiescencia americana a su desposeimiento, señaló que cualquier obstáculo a una nueva erupción de guerra asimétrica fue alejado.

 

* En Ago 21, los bombarderos suicidas mataron a 59 personas en la Pakistan Ordnance Factory en Islamabad. El Taliban paquistaní, un vástago de la organización afgana, exigió crédito, sólo nueve días después que ellos habían declarado un estado de guerra contra el Estado. En un incidente varios días antes del bombardeo a la fábrica, 14 hombres de la fuerza aérea fueron muertos en un ataque de bombardeo en Peshawar, una ciudad en la Provincia de la Frontera Noroeste que está virtualmente en manos de los insurgentes islamistas.

 

* Entre el ago 19 y 20, se lanzó una serie de ataques de Taliban en Afganistán, incluso haciendo blanco en paracaidistas franceses, y un ataque pleno sobre una base militar americana cerca de la frontera de Pakistán en Khost. Las fuentes de inteligencia americana confirman que la salida de Musharraf, meses siguientes del esfuerzos anglo-saudita para debilitarlo, abre la puerta a una insurrección de largo alcance, basada en las áreas tribales de Pakistán, con target en Cachemira, Afganistán, y las provincias occidentales de China, donde los separatistas uighur están activos.

 

Las insurrecciones que alcanzan Turquía y Africa del Norte son financiados por los beneficios del inmenso comercio de opio afgano que genera unos estimados $160 mil millones al año en réditos, mucho de esto ahora lavado a través de los centros bancarios no-regulados del Golfo Pérsico, como Dubai.

 

La fuente dio énfasis a que algunos de estas ganancias del comercio de opio son entonces canalizadas al Taliban, al-Qaeda, y otros grupos insurgentes, en forma de contribuciones "caritativas".

 

"Ésta no es una situación que se presta a una solución militar," le dijo un oficial senior de una inteligencia americana a EIR. "Esto requiere planificación estratégica seria, y una gama amplia de acciones, incluyendo diplomacia nariz dura. Ésta es una guerra que los Estados Unidos no pueden ganar con las botas en la tierra. La salida de Musharraf significa una entera nueva situación."