PARTE 1:
El cáncer del Estado
fallido
Por Henry C K Liu
Se ha dicho que cuando
la economía se pone seria, esta se vuelve política. El Acuerdo General de
Washington –Washington Consensus-, un término acuñado en 1990 por John
Williamson del Instituto para la Economía Internacional, resume la ideología
sincronizada de economistas del establecimiento de Washington, Reverberó
alrededor del mundo durante un cuarto de un siglo como el verdadero evangelio
de reforma indispensable por lograr crecimiento en una economía de mercado
globalizada.
Inicialmente aplicado a
América Latina y en el futuro a todas las economías en desarrollo, el término
ha llegado a ser sinónimo de neo-liberalismo globalizado o fundamentalismo de
mercado para describir las reglas universales de la política basadas en los
principios de libre-mercado y disciplina monetaria dentro de estrechos límites
ideológicos.
Promueve para todas las
economías el control macroeconómico, libertad de comercio, medidas micro-económicas
pro-mercado, privatización y desregulación en apoyo de una fe ideológica
dogmática en la capacidad del mercado de resolver más eficazmente todos los
problemas socio-económicos, y para afirmar un manto de rechazo de una
contradicción obvia entre la eficacia del mercado y erradicación de la pobreza.
El crecimiento del capital
financiero será para servir a costa del crecimiento del capital humano. El dinero
legítimo, puro a través de la inflación, será logrado manteniendo sueldos bajos
a través de desempleo estructural.
Los bolsones de pobreza
en la periferia son el precio necesario para los centros prósperos. Tales
dogmas garantizan el desempleo y pobreza,
condiciones de desastre económico, respetabilidad conceptual inmerecida.
La intervención del Estado ha venido a enfocarse principalmente en reducir el
poder del mercado de trabajo a favor
del capital en un descarado mecanismo de mercado rapaz.
El juego de reformas
políticas prescrito por el Acuerdo general de Washington está compuesto de 10
proposiciones:
1) la disciplina fiscal;
2) re-dirección del gasto
público hacia campos que ofrecen ingresos económicos altos;
3) reforma del impuesto
para bajar tasas marginales y ensanchar la base del impuesto;
4) liberalización de la tasa
de interés;
5) tipos de cambio
competitivos;
6) liberalización de
comercio;
7) liberalización del
ingreso de inversión directa extranjera
(FDI);
8) privatización;
9) desregulación;
10) asegurar los
derechos de propiedad privada.
Estas proposiciones se suman
a una reducción del papel central de
gobierno en la economía y su obligación primaria de proteger al débil del
fuerte, extranjero y/o doméstico.
Se ven entonces el desempleo
y pobreza como caídas temporales, de transición de la selección de mercado
natural sana, como efectos inevitables de la evolución económica que a la larga
hará la economía más fuerte bien.
Los economistas neo-liberales
defienden que el desempleo y pobreza, plagas mortalmente económicas en el
término de corto plazo, pueden llevar a beneficios macroeconómicos en el
término largo, así como algunos historiadores sostienen perversamente que la
Muerte Negra (1348) tenía efectos beneficiosos de largo alcance en la sociedad
europea.
El resultante, la
escasez obrera en el corto plazo empujo hacia arriba a los sueldos en la mitad
del siglo 14, y el ascenso súbito en la mortalidad llevó a una sobreoferta de bienes
y causando la caída de los precios. Estas dos tendencias causaron la suba del
estándar de vida para aquéllos todavía vivos. Todavía la escasez a corto plazo
de mano de obra causada por la Muerte Negra les obligó a los propietarios a que
dejaran de libres a sus siervos para extraer más mano de obra forzada de ellos.
En reacción, los campesinos en muchas áreas usaron su poder de mercado en
crecimiento para exigir un mejor trato o cargas suaves. Frustrados, los gremios
se sublevaron en las ciudades y los campesinos se rebelaron en el campo. La
Jacquerie en 1358, la Revuelta de los Campesinos en Inglaterra en 1381, la
Rebelión de Cataluña en 1395, y muchas revueltas en Alemania, todas sirvieron para
mostrar cuan seriamente la mortalidad había quebrado las tradicionales
relaciones económicas y sociales.
El neo-liberalismo en el
último cuarto-siglo creó condiciones que se manifestaron en protestas políticas
violentas por el globo, la forma extremista es el terrorismo. Pero al menos la
plaga bubónica fue soltada a través de la naturaleza y no por una fijación
ideológica humana.
Y el neo-liberalismo mantiene
obreros desempleados pero vivos con ayuda del seguro de desempleo, manteniendo
una pileta de obreros siempre lista para impedir a los sueldos subir por cualquier
escasez de mano de obra, eliminando incluso los beneficios a largo plazo
cruelmente derivados de la Muerte Negra.
Se ha caracterizado el
Acuerdo de Washington subsecuentemente como un "aplastar a golpes al Estado" (Informe Anual de los Naciones
Unidas, 1998) y un "nuevo imperialismo" (M Shahid Alam, "Does
Sovereignty Matter for Economic Growth?", 1999).
Pero el daño real del
Acuerdo general de Washington tiene que ser reconocido propiamente: Que es una
regla para generar Estados fallidos alrededor del mundo entre las economías en
vías de desarrollo. Incluso en las economías desarrolladas, el neo-liberalismo
genera un peligroso pero generalmente desconocido síndrome de Estado-fallido.
La
economía del neo-imperialismo
Los Estados Unidos son
el abogado principal de la eficacia de los mercados libres y de los beneficios
económicos de privatización del sector público. Este prescribe medidas políticas
que debilitan agresivamente el aparato estatal y que inevitablemente llevan a
la estadidad fallida. Al mismo tiempo los EE.UU. son los líderes de una super-poderosa
intervención militar en los Estados fallidos alrededor del mundo. El número de
víctimas causadas por el neo-liberalismo, por lejos excede aquéllas causadas
por la disputa étnica en Estados fallidos.
Todavía mientras los
neo-liberales, junto con sus extraños compañeros de cama los neo-conservadores,
abogan por la intervención militar humanitaria en Estados fallidos, ellos se oponen
a una fuerte intervención gubernamental en mercados fallidos que aceptan el desempleo
como antídoto necesario para la inflación (ver Tackle failed markets, not
failed states, March 26, 2002).
Los neo-imperialistas
identifican estadidad fallada como el resultado natural de antiimperialismo. Históricamente
cuando los vacíos de poder dejados por los Estados fallidos amenazaron a los
grandes poderes la solución inmediata fue la conquista imperialista. Tales
conquistas estaban justificadas como requisito para imponer el orden y la civilización
en lugar del caos y el atraso. Pero el imperialismo perdió su legitimidad como
resultado de una falsa promoción de sentimientos antiimperialistas generados por
los belicosos poderes imperialistas de la Segunda Guerra Mundial. Estos poderes
belicosos fueron compelidos para usar el antiimperialismo como incentivo para
movilizar sus súbditos coloniales para apoyar sus esfuerzos de guerra total. El
imperialismo se volvió una víctima inconsciente de daño conceptual colateral en
la segunda guerra global para acabar todas las guerras.
El orden mundial durante
la Guerra Fría fue un condominio de dos superpotencias que fueron oponentes en
una disputa ideológica como también en un conflicto de intereses geopolíticos
de Estado
Hacia el final de la
Guerra Fría, los conflictos de Estado por intereses geopolíticos estaban
agobiando la disputa ideológica, el manejo comunista de China convergía estratégicamente
con el capitalismo de EEUU contra el imperialismo soviético, en respuesta a la
alianza soviética con la anti-comunista India en contra de China.
Las guerras ideológicas
llevadas adelante por las superpotencias fueron reducidas y los conflictos políticos
locales fueron congelados para evitar una escalada nuclear entre las
superpotencias.
El final de la Guerra Fría
disminuyó ambas: la legitimidad y la capacidad de los Estados satélites de las
dos superpotencias opuestas, de controlar facciones rivales domésticas,
llevando a los fracasos del poder Estatal en varias regiones.
Al mismo tiempo, se
reunieron algunos Estados que habían sido divididos por la geopolítica de las superpotencias
de la Guerra Fría, algunos sólo después de décadas de violencia, como en el
caso de Vietnam, otros apaciblemente con la desintegración de la URSS, como en
el caso de Alemania. Otros Estados divididos todavía no se han reunido, como el
caso de las dos Coreas.
La propia URSS se rompió
en Estados separados, manteniéndose unidos por la Comunidad de Estados Independientes
(CIS) que comprende 12 Estados soberanos que eran anteriormente repúblicas soviéticas.
El CIS se formó en base a la igualdad soberana de todos sus miembros y que los
Estados miembro son sujetos independientes e iguales de ley internacional. El CIS no es un Estado - no tiene poderes
supranacionales. En septiembre de 1993, las cabezas de los Estados de la carta
constitucional firmaron un tratado en el establecimiento de la Unión Económica
en la que ellos desarrollaron el concepto de transformación de la interacción
económica dentro de la comunidad de naciones y tienen en cuenta las realidades
residuales.
El tratado estaba basado
en la necesidad de formación de un espacio económico común en los principios de
movimiento libre de bienes, servicios, obreros y capital; la elaboración de
dinero convenido y crédito, contribuciones, precios, aduana y políticas
económicas extranjeras; el enfoque de los métodos de dirección de actividades
económicas; y creación de condiciones favorables para el desarrollo de
eslabones directos de producción.
Ucrania ha surgido
subsecuentemente como un punto de peligro para la paz regional en su esfuerzo por
librarse de la esfera rusa de influencia y reorientarse hacia el Oeste.
En la ex Yugoslavia, un ex
Estado del bloque soviético, los conflictos étnicos han enrollado a miembros de
la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), primariamente a EEUU en
la intervención humanitaria.
El Medio Oriente continúa
siendo un latente barril de pólvora que amenaza la paz global.
En Asia Oriental, el aventurerismo
americano esta intentando instalar a Taiwán como un Estado separado de China,
esto propone una amenaza a la paz en la región y quizás incluso al mundo entero
convirtiendo una larga y latente guerra civil en una nueva guerra internacional.
Después de la Guerra
Fría, con una nueva forma de imperialismo económico bajo el eufemismo de globalización
neo-liberal que deja exhaustas las economías alrededor del planeta, la posguerra
Mundial II y el congelamiento de la Guerra Fría contra el imperialismo político,
están ahora desmantelándose como desorden en países exhaustos que aumentan más la
amenaza a la única superpotencia restante. EEUU ahora se equivoca en la proeza militar
y económica por la superioridad moral son vistas por él como habiendo
ganado los privilegios de una hegemonía benévola.
Así la fórmula
neo-imperialista para la nueva Pax Americana es una operación de dos golpes:
El primer golpe utiliza
el neoliberalismo para causar la debilidad económica del Estado llevándolo al
colapso y produciendo un Estado fallido
El segundo golpe invade
por la fuerza el Estado fallido para llevarle la libertad como es definida por
el nuevo imperialismo e instala un protectorado y colonia económica de EEUU.
El terrorismo es
solamente una de las amenazas que el Estado fallido presuntamente representa a
la única superpotencia remanente, aunque esta ha tomado el centro de atención
luego de los trágicos y espectaculares eventos de Septiembre 11 del 2001.
Mucho del suministro de
droga ilegal del mundo viene de los Estados fallidos, sea opio de Afganistán o
cocaína de Colombia. Todavía a mitad del siglo 19, cuando Gran Bretaña envió
ilegalmente opio a China desde India británica y los yanquis enviaron opio de
Turquía en violación de la ley china, ni Gran Bretaña ni EEUU fueron condenados
como un Estado fallido. Otros tipos de negocios criminales, como las nuevas
formas de tráfico de esclavos a través del escenario de la inmigración ilegal,
florecen hoy bajo el amparo de lo que se identifica ahora como Estados fallidos
mientras el destinatario, los Estados
fuertes, permanecen inmunes. Además, la economía del sur de EEUU ha sido
construida a través de la esclavitud con una descarada inmunidad.
Durante todo un siglo
entero y por la mitad de su historia, EE.UU. estuvo en violación egregia de los
derechos humanos más obvios y fundamentales con su institución de la esclavitud
sin el miedo de ser liberado por un virtuoso poder extranjero.
Cómo
el fuerte define ' el fallido'
En 1919, Woodrow Wilson
presentó sus virtuosos Catorce Puntos de utópica libertad al mundo mientras en
casa pasaban una serie de actos de “cuota de inmigración” basada en la
discriminación racial; la persecución gubernamental y deportación de
izquierdistas se volvió la respuesta inconstitucional e ilegal cuando 4 millones
de obreros se declararon en huelga en 1919 y Nicola Sacco y Bartolomeo
Vanzetti, ambos inmigrantes anarquistas italianos, fueron arrestados, declarados
culpables con evidencia insuficiente y se los ejecutó en 1927; el Ku Klux Klan,
se dedicó a la persecución de negros, católicos y judíos, logró un número de
miembros de 5 millones para 1924 sin que sea proscrito; y la legislación de los
derechos civiles no cambiaria durante medio siglo. Una serie de actos de la
exclusión de chinos que prohibieron toda la inmigración china y negaron el
derecho de estos a naturalizarse ciudadanos americanos no se derogó hasta 1943
cuando EEUU necesitó a China como un aliado contra Japón. Todavía y a pesar de
todo esto, EEUU nunca fue invadido en el nombre de la intervención humanitaria
extranjera.
Hoy, los Estados fuertes
receptores de drogas ilícitas desde débiles Estados fallidos, son por ellos
mismos excluidos del término de Estado fallido aunque las funciones del Estado
para eliminar el dicho tráfico ilícito constantemente fallen.
Generalmente se dicen
Estados fallidos por estar entrampados cada vez más en un ciclo descendente de
pobreza y violencia. Aunque muchos de los males
de los Estados fallidos han sido causados por el fundamentalismo de mercado
neo-liberal globalizado, los neo-imperialistas defienden que la solución es
para la única superpotencia restante y sus aliados subordinados para acudir de
nuevo al imperialismo para el bien del mundo.
La propagación del SIDA
ha sido asociada con el síndrome de Estado fallido. Todavía la responsabilidad
por fallar en contener la propagación del virus en su Estado temprano cae en
las mentiras del presidente de EEUU Ronald Reagan que lo vio como el castigo
virtuoso de Dios para pervertidos pecadores sexuales. En el problema de erradicación
del SIDA, los EEUU han Estado en cada sentido dentro del término de Estado fallido.
Estados fallidos y colapsados
son un rasgo estructural del sistema internacional contemporáneo, y no un
trastorno temporal del orden mundial de Westfalia de Estados soberanos.
Los Estados fallidos no
siempre son Estados débiles. Ellos a veces son Estados fuertes que
voluntariamente han decomisado funciones básicas del Estado como una materia de
ideología, o les permitió que sean usurpadas por grupos de interés especial. Los
Estados fallidos fuertes son Estados que poseen un fuerte poder
militar/policial que impulsa hacia adelante los intereses económicos estrechos
de una clase pequeña de ciudadanos mientras sacrifican un significativo
segmento de la población como victimas del “mercado
fallido”.
En EEUU el darwinismo
socio-económico es famoso como indispensable para la supervivencia de la economía
de mercado, mientras las teorías científicas de la evolución son desafiadas por
el Creacionismo en escuelas públicas. Aquellos que creen que Dios ha creado al
hombre no creen que El ha creado a todos los hombres como iguales. Estas
anomalías estructurales y las inconsistencias conceptuales producen tensiones
en el sistema internacional, con consecuencias serias para economías desarrolladas
e igualmente para las en vías de desarrollo.
En el Tercer Mundo, la noción de "Estados fallido" es problemática
desde que muchos Estados del Tercer Mundo simplemente se derrumbaron después de
la descolonización, porque ellos eran en
primer lugar, estructuras occidentales artificiales y no verdaderos
Estados. Todos Estados fallidos en el Tercer Mundo se localizan en ex imperios occidentales.
Algunos Estados del Tercer Mundo son juzgados como Estados fallidos por la
superpotencia hegemónica si el aparato
estatal es incapaz de levantar un monopolio eficaz de coerción sobre todo su
territorio para prevenir actividades meta-estado juzgadas peligrosas para la
superpotencia.
Tales Estados fallidos carecen
de un efectivo sistema judicial para salvaguardar los derechos de propiedad
privada extranjera y doméstica o son incapaces de cumplir obligaciones internacionales
tal como reembolso de deudas soberanas o privadas a las instituciones
financieras extranjeras, o no puede prevenir crímenes económicos
transaccionales o el uso de la guerra asimétrica por grupos meta-estado contra
los Estados fuertes.
Por otro lado, los
Estados de mercado con economías crecientes no consideran la mayoría de los aspectos
humanos de las sociedades como preocupaciones propias del Estado, tal como la
provisión de un creciente bienestar de sus ciudadanos, que ha sido asignada a
los indiferentes trabajos del mercado pero confinándose a mantener y fortalecer
condiciones de libre-mercado a través de las que se genera la riqueza privada
para el beneficio del fuerte, dejando al débil perecer en una selección
natural.
Las funciones de
distribución de riqueza son asignadas al mercado aunque la mala distribución
estructural del mismo es mantenida por el Estado. Esto se suma a un ejercicio
selectivo de poder estatal de coerción para favorecer un segmento de la
población o un tipo de instituciones a expensas
de todos los otros. La voluntad popular es repetidamente frustrada a través de
inflados derechos de una minoría defendidos por la torcida interpretación
constitucional en la agenda política y cortes desviadas. En ese respeto, pueden
juzgarse también Estados como el EEUU como haber fallado a través de su gobierno
por ley, no de ley.
Otros atributos de
Estados fallidos, como privatización de funciones básicas del Estado, encajan en
las tendencias ideológicas en los mercados de Estados super fuertes como los
EEUU hoy. Así la fijación ideológica prevaleciente en los EEUU de hoy, puede verse
como un movimiento de los EEUU hacia un
síndrome de Estado fallido.
Éstos Estados-mercados
tratan de coercer a otros Estados a transformarse en Estados-mercados para prevenir
que ellos ejerciten el control soberano sobre su territorio nacional y protejan
sus economías de los mercados globales estructuralmente rapaces que equivalen a
una tiranía económica, regulan la conducta y vidas de su población para el bien
común y aspiran a ser Estados fuertes en desafío a los fundamentos del mercado de
globalizado que los traban a ellos en una permanente victimización por Estados
mercados fuertes.
El
Estado colapsado
Un Estado colapsado es
un Estado fallido en su fase avanzada. Este es identificable por tres rasgos,
según los neo-imperialistas.
·
El primero es su legado colonial y la inefectiva
construcción del Estado post-colonial.
Estados formados de un
residual gobierno colonial pueden confrontarse con insuficiente amor o lealtad
y de su población artificialmente constituida, con su gobierno local e internacional
basado no en la legitimidad sino en la dominación, lo mismo económica o
policial militar. El proceso histórico de acumulación de poder centralizado en
estos Estados consiste en la subordinación y asimilación que tiende a aumentar
al máximo el resentimiento popular y producen polarización derivada de la
desilusión y descontento por la minoría no autorizada e igualmente por grupos
mayoritarios y sus elites.
Así los
neo-imperialistas consideran a los Estados colapsados como niños ilegítimos del
anti-imperialismo. En cierto modo, los Estados colapsados son los delincuentes
juveniles del sistema internacional salidos del resto del imperialista orden
mundial. La respuesta apropiada a los Estados colapsados es re-colonizarlos, para
sostener a los neo-imperialistas.
·
El segundo rasgo de un Estado colapsado es la retirada de la
protección de la superpotencia.
El orden mundial durante
la Guerra Fría era un condominio de dos superpotencias. Se congelaron las
peleas y conflictos locales para evitar llevar a las dos superpotencias a un
conflicto nuclear. El fin de la Guerra Fría redujo ambas, legitimidad y poder
de los Estados clientes de la superpotencia restante para controlar facciones
rivales domesticas. La solución a este Estado infeliz de asuntos es para la
única superpotencia restante afirmar su poder irresistible imponiendo un nuevo
orden mundial según sus valores superiores, camuflados como libertad y democracia.
Ésta es la agenda
neo-conservadora.
El presidente George W
Bush dice que los Estados libres y democráticos son Estados pacíficos, a pesar
del hecho histórico que la Segunda Guerra Mundial fue lanzada por un
expansionista Tercer Reich alemán nacido de un proceso democrático y la
resistencia por un gobierno de la unión británica nacido por la suspensión de
elecciones.
Eso que Bush realmente quiere
decir es que cuando el mundo entero subscribe a los valores de EEUU y acepta el
poder americano, no sólo por miedo sino también por respeto a su legitimidad respaldando
el poder, el mundo será pacífico.
Adolf Hitler cantó la misma
melodía y falló.
Los EEUU bajo Bush están
intentando un ambiciosa tarea de control ideológico universal que incluso la
Cristiandad bajo el Santo Imperio Romano falló en conseguir con la guerra de
los 30 años, teniendo que terminar finalmente en la Paz de Westfalia de Estados
soberanos.
·
El tercer rasgo de un Estado colapsado es el impacto sobre
él de la globalización neo-liberal.
Diferente a la
globalización en el pasado que se llevó a cabo a través de una estructura de
imperio, la globalización neo-liberal está impuesta a través por una red de
Estados fallidos debilitando la soberanía y el rol del Estado en las arenas
socio-económicas. La globalización imperialista del pasado no reconocía la
soberanía de protectorados o colonias. En contraste, la globalización
neo-imperialista de hoy emplea Estados débiles con derechos soberanos restringidos
como apoderados del gran Estado mercado para dar vigencia a su agenda
explotadora mundial. La ideología neo-liberal es implementada a través de un escenario
de mercados globales integrados, flujo libre de capital y crédito, desregulación
de precios al por mayor y la imposición de condiciones estructurales pro
mercado obligatorias impuestas a economías débiles y pobres.
Esto despoja a los Estados
de su autoridad soberana para intervenir en mercados en nombre de intereses
nacionales y causando un colapso de la autoridad estatal en todas las áreas
excepto en la protección de la propiedad privada extranjera y doméstica.
Los Estados fallidos
dependen fundamentalmente de los mercados globalizados para financiar las
funciones de Estado e inevitablemente caen en un estatus de Estado colapsado
por falta de fondos. En cierto sentido, considerando que la edad de
imperialismo usó los valores cristianos como un pretexto para el imperio, la
edad del neo-imperialismo usa al neo-liberalismo como su profesión misionera.
La relación de los neo-conservadores con los neo-liberales de hoy es similar a
la relación entre el Emperador y la Iglesia en la historia. Los misioneros son
los guantes aterciopelados de las manos crueles de los imperialistas.
Cómo
el fuerte define el éxito
El éxito en el estatismo
es medido por la capacidad de entregar bienes políticos del Estado. La
seguridad exterior e interior, la provisión de esta es un bien político
primario, la cual es una función primaria del Estado.
Esta proporciona una estructura
a través del cual son entregados todos los otros bienes políticos. Los eventos
del 11 de septiembre de 2001, revelaron que incluso el Estado más poderoso no
puede garantizar la protección de sus ciudadanos del terrorismo, un hecho que
fue abiertamente reconocido por la administración Bush. El modus operandi de la
"guerra contra el terrorismo"
y el Departamento de Seguridad Domestica esta basado en la aceptación de espectaculares
ataques terroristas continuados en el futuro y su probabilidad de éxitos repetidos.
El objetivo no es erradicar el terrorismo sacando su causa de raíz, solamente
hacer esto más difícil de implementar. Es una guerra perdida antes de que
empiece.
El neo-imperialismo
destaca la seguridad económica como una de las funciones legitimas del Estado.
La libertad no es considerada una responsabilidad estatal por el
neo-liberalismo. La seguridad financiera es meramente un riesgo de mercado que
debe ser enfrentado por cada participante del mercado individualmente.
Otro bien político provisto
por el Estado es hacer cumplir la ley como está expresada en un sistema de códigos
y procedimientos que justamente regulan los asuntos e interacciones de la
población. El Estado es responsable de poner y mantener normas para la equidad
y conductas aceptables domesticas y de sus relaciones externas.
El Neo-liberalismo
releva al Estado de tal responsabilidad y se la asigna al mercado. Friedrich A
Hayek (1899-1992) escribió El Camino a la Servidumbre (1944) para advertir la
invasión del Estado de bienestar en las vidas privadas de las personas, el
conflicto fundamental entre libertad y burocracia. Hayek y sus compañeros
economistas austriacos vieron la economía de mercado trabajando como el cálculo
de decisiones individuales independientes difieren con Milton Friedman y los
economistas de la escuela de Chicago que pensaron macro-económicamente analizando
la cantidad total de dinero, nivel total de precios, total de empleo, etc., en
agregados y en términos promedio.
El rechazo de Hayek al
pensamiento socialista estaba basado en su vista que los precios son un
instrumento de comunicación y guía que incluyen más información que cada proceso
participante del mercado individualmente. Para él, era imposible de provocar el
mismo orden de precios basado en la división del trabajo por cualquier otro
medio. Semejante, es imposible la distribución de ingresos basada en un vago concepto
de mérito o necesidad. Los precios, incluso los precios de mano de obra, son
necesarios para dirigir a las personas a donde ellos pueden hacer bien lo
mejor. La única distribución eficaz es la derivada de los principios del
mercado. Sobre esa base, Hayek rechazó intelectualmente el socialismo.
En la filosofía social
de Hayek, el valor y mérito son y han de ser dos problemas separados distintos.
Debe remunerarse a los individuos puramente en base al valor y no de acuerdo
con algún concepto de justicia, lo mismo si es ética puritana o igualitarismo.
Hayek fue lejos hasta negar que el concepto de justicia social tenga algún significado,
sobre la base que la justicia se refiere al gobierno de las conductas
individuales. Subsecuentemente ninguna regla de conducta de los individuos
puede determinar cómo deben distribuirse las cosas buenas de la vida, la cuestión
de la justicia está planteada. Puesto que un mercado libre es el resultado
natural de una multitud de decisiones individuales, cómo el mercado decide es
amoral.
De acuerdo con un
espontáneo mercado de trabajo, donde los precios actúan como guías para la
acción, no puede tomar cuenta lo qué las personas necesitan o merecen, porque
este opera de acuerdo a un sistema de distribución neutral que nadie ha creado.
Tal sistema de distribución no puede ser justo o injusto. Y la idea que las
cosas han de ser diseñadas en una "justa" manera significa, en
efecto, que uno debe abandonar el mercado y volver a una economía planeada en
la que alguien decide cuánto cada uno ha de tener. Y el precio por esa justicia
es la abolición completa de la libertad personal.
Las ideas de
libre-mercado de Hayek han sido aplicadas a mucha de la globalización des-regulada
del último cuarto de siglo, y el daño socio-económico es ahora muy visible. No
obstante la repugnante filosofía social de Hayek, incluso sus clamores "científicos"
de efectividad de los mercados libres no ha sido probada por los eventos. La
falacia de Hayek descansa en su fe ciega sobre los precios “espontáneos” que
descuidan el valor potencial a largo plazo a través de una sub optimización
instantánea excesiva.
Otro bien político es la
provisión del cuidado de la salud y la educación universal, el mantenimiento de
una economía vibrante de empleo pleno con sueldos vitales que permitirán a
obreros tener vivienda decente y jubilación segura y un ambiente limpio, sin lo
cual toda la retórica sobre libertad se vuelve irrelevante. La libertad de la necesidad
es una primera libertad que el neo-liberalismo niega al imponer la tiranía del
mercado.
La lógica de un mercado
de seguro de salud segmentado basada en las gradas de perfiles de riesgo está
fundamentalmente agrietada. Asigna premios altos para clientes de alto riesgo,
en lugar de protección universal para todos. ¿Para aquéllos que son saludables,
el hecho que no necesita el cuidado médico ya vale una fortuna; necesitan
también negar apoyo financiero a otros en el fondo común de seguro de aquellos
lo suficientemente infortunados para estar enfermos? Para el sano, no necesitar
cuidado médico es en si mismo el beneficio. ¿Quién desearía estar enfermo simplemente
para recibir el valor de su dinero del seguro? Si el sano en una comunidad no
ayuda al enfermo, ¿quién lo hará? No hay ningún argumento lógico o ético contra
el cuidado de la salud universal.
Para entregar tales
bienes políticos, al Estado se le concede poder policial y poder para emitir
crédito soberano para dirigir la economía hacia actividades gratificantes que
producen tal bien político. Los mercados des-regulados recompensan las actividades
que externalizan tales bienes políticos
de su estructura de costos y desvían del excedente el valor resultante como
ganancia privada.
De hecho, los Estados
fallidos son generados a menudo por mercados fallidos. El Estado tiene la obligación
de conservar y proteger su autoridad de emisión de crédito soberano de ser
usurpado por grupos de interés privados. Los capitalistas usan los mercados
financieros globalizados para inclinar un nivelado campo de juego en el comercio
para crear ganancias privadas de la pobreza pública. Esto se hace a través del control
privado de dinero como oferta legal, a través de un sistema monetario bajo un
régimen de banco central que ideológicamente acepta el desempleo estructural
como el medio inevitable para combatir la inflación.
Banco
central es la política de un Estado fallido.
Un mercado de intercambio-extranjero
globalizado dominado por la hegemonía del dólar es el sitio del superpoder
imperialista financiero de EEUU (vea US dollar hegemony has got to go, April
11, 2002).
El Banco de Pago
Internacional (BIS- Bank of International Settlement) es el régimen de una red
global de bancos centrales cuya función principal es proteger el valor del
dinero privadamente controlado a través del desempleo y sueldos esclavos, es un
orden mundial de Estados fallidos, no de Estados soberanos.
Hegemonía del dólar, el estatus
del dólar como moneda de reserva dominante en el comercio internacional a pesar
de su naturaleza, opera en un mercado extranjero de intercambio globalizado para
robar a los Estados soberanos su derecho y capacidad de emitir crédito soberano
para el desarrollo doméstico, exponiendo sus monedas locales a los ataques del
mercado.
Desde que el control
soberano sobre el sistema monetario y la economía es el pre-requisito sine qua
non de la soberanía, el orden
financiero mundial de Estados fallidos del BIS ha reemplazado al orden mundial
de Westfalia de Estados soberanos a través de la globalización financiera.
Estados,
fuertes y débiles pueden ser Estados fallidos.
Los Estados exitosos son
aquéllos en control total de sus territorios y economías para proporcionar
subida-calidad de bienes políticos a todos sus ciudadanos. Los Estados fallidos
contienen tensiones étnicas, religiosas, lingüísticas, u otras tensiones como
las ideológicas que limitan o disminuyen su habilidad de entregar bienes políticos.
La privatización de la educación,
cuidado de salud y el seguro social es una fórmula para el fracaso estatal.
Estas tensiones ardiendo sin llama, si son desatendidas, eventualmente
explotarán en violentos conflictos abiertos. Algunos Estados fuertes se transformaron
en fuertes fallando. Ellos abdicaron de las legitimas obligaciones normales del
Estado en orden de enfocar los recursos del Estado en construir un fuerte
aparato policial-militar capaz de desarmar la oposición domestica y extranjera para
sus políticas de Estado fallido.
Los Estados fallidos solo
proporcionan bienes políticos inferiores, si es que proporcionan alguno. Los
Estado fallidos débiles involuntariamente pierden, y los Estados fallidos
fuertes lo hacen voluntariamente, la responsabilidad de entregar bienes
políticos, y lo dejan a actores no estatales, ejemplo: el sector privado a través
de mecanismos de mercado.
La privatización del
sector público es más que la tercerización de funciones estatales. Es la venta
de prerrogativas estatales.
En la esfera militar,
esto se manifiesta de dos maneras:
1) el uso de mercenarios
dentro del ejército regular y
2) la postergación de las
funciones de seguridad del Estado y entregadas a contratistas.
La matanza y mutilación del
pasado 2 de abril en Fallujah, una
fortaleza sunnita a 50 kilómetros al oeste de Bagdad, de cuatro personas
americanas de seguridad por contrato - mercenarios en todo menos en el nombre -
testificó el odio y rabia de un pueblo ocupado. Más de 30,000 mercenarios
sirven como guardias de seguridad armados para contratistas privados extranjeros
comprometidos en la reconstrucción de Irak para obtener ganancias y toman del ejército
la responsabilidad de proporcionar seguridad y mantener el orden en una zona de
guerra. Incluso el administrador civil americano L Paul Bremer buscó protección
por personal de seguridad contratado, no por soldados americanos.
Estos mercenarios armados
están oficialmente no comprometidos en operaciones ofensivas y son autorizados
a usar sus armas solo defensivamente si están bajo fuego. La distinción es sólo
técnica, desde que los invasores apenas pueden exigir autodefensa contra fuego
hostil de los invadidos. La sola presencia de invasores es en si misma un acto
ofensivo que naturalmente deduce respuesta hostil de los invadidos.
El uso de mercenarios no
es nada más que la privatización de la guerra, la última epidemia del fundamentalismo
de mercado neo-liberal. Los mercenarios no disfrutan de la protección de la Convención
de Ginebra en los crímenes de guerra y la mutilación no es perpetrada por un
ejército enemigo sino por una turba enfadada en un país bajo ocupación. Las
imágenes de la televisión de los restos quemados de mercenarios americanos,
brutal en un aspecto, fue simbólico de la fallida política americana. Ellos
representan la violencia contra el crimen del cambio de régimen para obtener ganancia.
Irak después de la invasión americana cayó más profundo en la estadidad
fallada.
El fracaso para proveer
seguridad para todos los ciudadanos es el primer signo de un Estado fallido,
como lo es el uso de violencia estatal en sus propios ciudadanos. Entonces hay
una gran población en prisión que es racial o étnica desproporcionada.
Una infraestructura
económica que fallo en entregar ingreso o
riqueza equitativamente es otra señal de un Estado fallido, mensurable
con el coeficiente de Ginni en desigualdad del ingreso.
La ausencia de un
sistema de cuidado de salud universal es otra señal, como lo es un sistema público
de educación disfuncional primariamente reservado para niños pobres.
Una excesiva deuda
nacional per capita es también un signo de estatidad fallida, como lo es la
penetrante corrupción y fraude en el gobierno y los negocios.
Hambre y escasez de
comida para el pobre mientras el sobrante de comida persiste en la economía es
otra señal de estadidad fallada.
Los Estados fallidos
tienen a menudo una minoría muy rica que se aprovecha del sistema fallido con
la bendición del Estado.
Los Estados colapsados
son Estados fallidos con un vacío significativo de autoridad central. Ellos son
agujeros negros políticos con respecto a todos los indicadores de salud
institucional.
Es mucho menos costoso
detener un Estado de fallar que reconstruirlo después de que ha fallado o ha
colapsado. Los esfuerzos Neo-liberales apuntados a salvar Estados débiles han
sido principalmente cedidos a las instituciones financieras (bancos y fondos)
que enfocan sus esfuerzos en incentivos de ganancia, beneficios de préstamos e
inversiones o expansión de la exportación para los productores occidentales,
particularmente de agricultura, armas y propiedad intelectual.
Ésta es una cura por permitir
sangre. No hay no sólo ningún premio financiero para el populismo, sino de
hecho también multas pesadas de pérdidas operacionales. La riqueza y mal distribución
del ingreso llevan inevitablemente al derrumbe económico inminente y seguidamente
al colapso estatal. Un sistema de premios y castigos que lleva a un Estado a
políticas más populistas puede ayudar prevenir el fracaso estatal. Las conmociones
financieras frecuentemente causan un Estado fallido, o por lo menos la caída de
su régimen.
Orden mundial en flujo.
El orden mundial contemporáneo
es un orden complejo, disputado e interconectado. Este orden mundial, sus
reglas e instituciones que circunscriben las estructuras de poder están en un
proceso de cambio y ponen tensión en el orden. El orden mundial tradicional
basado en la primacía de relaciones interestatales o geopolíticas está inyectándose
con otros principios ordenantes tales como las políticas de orden mundial y
gobierno global, esta una de tales inyecciones.
La globalización
financiera, económica y de comercio es otra. La voluminosa literatura sobre intervenciones
humanitarias se enfoca principalmente en la seguridad y fuerza. El
humanitarismo económico es abandonado a favor de una "ley natural" de
competencia de mercado. La propensión en aumento de los Estados para intervenir
es, entonces, en una mano ilustrativa de un nuevo orden mundial donde los
Estados ponen principios de derechos-humanos y normas sobre los principios clásicos
de soberanía y no-interferencia en los asuntos interiores de otro Estado. En la
otra mano, el sufrimiento humano doméstico de la explotación económica
globalizada, esta fuera de los límites
de la intervención estatal dentro de su territorio soberano.
El presidente ruso
Vladimir Putin que declaró en 2004 que el derrumbe de la URSS había sido una
"tragedia nacional en gran escala",
esta intentando salvar a Rusia del destino de estadidad fallada revirtiendo las
privatizaciones al por mayor de empresas del Estado y medios de comunicación,
esta siendo acusado por los neo-liberales de tratar de restaurar el poder
central del Estado como si eso fuera una cosa terrible. Su política en Chechenia
es un elemento crucial en la "guerra
global contra el terrorismo" liderada por EEUU, mientras los registros
desastrosos de derechos humanos en la quebrada república entran en conflicto
con los estándares americanos.
Mientras la soberanía es
el principio de organización del orden mundial de Westfalia, la legitimidad de las
acciones internacionales es gobernada por los principios de Wesfalia solo si el
Estado abandona su responsabilidad en asuntos económicos.
Un caso claro de esto es
la manera en que la única superpotencia restante trata a los Estados
productores de petróleo. La nacionalización de la industria del petróleo por
cualquier Estado miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP),
si va junto con una política estatal perjudicial a las necesidades de
importación de petróleo de la única superpotencia, o medidas que perturben la
estructura de precios del petróleo, correrá el riesgo de ser invadido por la
superpotencia.
Visto desde una
perspectiva de desarrollo teórica, el fenómeno de los Estados fallidos esta
basado en la aceptación universal del desarrollo teológico de las sociedades
hacia las metas de desarrollo específicas. Esto implica progresión de un simple
hacia una forma más compleja de sociedad.
Para los teóricos
Occidentales, esto apunta en la dirección de emular al modelo Occidental. Para
los teóricos no-occidentales, est apunta a modelos de desarrollo con características
indígenas.
El
papel del Estado es crucial en estos procesos.
Los Estados fallidos han
atraído sólo interés como parte de una re-evaluación revisionista del
colonialismo, imperialismo y dependencia como bendiciones benignas, pero no
como la parte de una crítica del capitalismo de mercado, de la tonta aplicación
universal de procesos democráticos occidentales y valores sociales, y del
impacto destructivo sobre la cohesión de la comunidad por una fijación de
libertad individual. La intervención de la superpotencia raramente actúa para
prevenir la estadidad fallada en un Estado débil. Más bien, esta interviene
para sacar fuera toda resistencia a la superpotencia instigadora de la estatidad
fallida
De una manera
fundamental, el terrorismo es el arma de último recurso para los resistentes
contra los extranjeros instigadores de la estatidad fallida. Históricamente, el
terrorismo tiende a acabar cuando se concede a los terroristas el
reconocimiento debido de sus agravios legítimos y promesas de reparación justa.
La política de no negociar
con terroristas es un eslogan de propaganda de poca lógica y utilidad.
Desde 1990, las preocupaciones
por los Estados fallidos y en proceso de fallar han ocupado el centro en la política
internacional porque el orden de Westfalia de Estados soberanos ha sido
cambiado para la conveniencia geopolítica de la única superpotencia restante.
Los Estados son puestos
en una posición o bien que no son lo suficientemente fuertes para tratar con
sus propios problemas internos y así se arriesgan a no ser aceptados por otros
Estados como soberanos o son etiquetados como Estados fallidos por violaciones
a los derechos humanos en su intento por mantener la seguridad interior.
La estructura del sistema
internacional de Westfalia está basada en Estados defendiéndose entre si como
actores soberanos. La Intervención –cruzando fronteras- sobre derechos humanos
o problemas económicos está en
conflicto con ese principio, particularmente cuando la opción de intervención
pertenece exclusivamente a los Estados fuertes basados en su fuerza militar que
también demandan el privilegio para definir las normas de derechos humanos y la
equidad económica.
La única razón porque
EEUU no ha sido víctima de una intervención humanitaria es su fuerza militar,
no porque este libre de las violaciones de los derechos humanos. La
intervención humanitaria, por derechos humanos o intervención económica
frecuentemente son actos de imperialismo moral por los Estados fuertes.
Los principios del orden
mundial han sido históricamente cruciales poniendo los parámetros de cómo la
intervención de los Estados fallidos se ha racionalizado y se ha dirigido.
Con el fin de la Guerra
Fría, diferentes principios del orden mundial han ganado prominencia como
culturas políticas compitiendo para cómo el poder estatal y los intereses
nacionales serán traducidos en políticas.
Los
principios del orden mundial son productos de culturas políticas.
Ellos forman la
estructura del sistema internacional, proveyendo el contenido para el Estado y
los intereses nacionales y agregan significado ideológico al poder del Estado.
La estructura del
sistema internacional en sus formas políticas y socio-económicas ha puesto históricamente
reglas de juego muy diferentes por cómo se identifican Estados fallidos y como
se trata con ellos.
El Imperio romano se vio
como un modelo para más tarde intentar proporcionar gobernación internacional.
La idea es un sistema hegemónico con poder dominante puede servir mejor como
garante de mundo o el orden regional. El concepto de Naciones Unidas era una
comunidad de Estados soberanos gobernada por un Consejo de Seguridad de poderes
mayores.
En contraste con la
noción estricta de territorialidad detrás del Imperio romano, la Edad Media vio
compitiendo a varias instituciones no-territoriales organizadas: el Santo
Imperio Romano, la Iglesia, y el feudalismo.
En la Edad Media
temprana, se disputó el orden mundial aunque los sistemas no-territoriales
co-existieron. No había ningún concepto claro de soberanía, y las líneas de
autoridad como lo mejor eran mixtos.
Estados fallidos y en
proceso de fallar no tenían sentido real en dicho sistema excepto en un sentido
religioso como defensores de la fe.
Fue con el crecimiento
de la territorialidad que fue construido un orden internacional de Estados
soberanos, con el que los Estados fueron autorizados por el reconocimiento de
otros Estados, en lugar que por la iglesia. La llegada de la era del Estado nación
en los siglos 18 y 19 dio fuerza perdurable
al sistema de Westfalia, con la soberanía estatal en su centro. Esta soberanía
puede verse por tener una dimensión constitucional y funcional. En la una mano,
el Estado es el actor en relaciones internacionales. Este solo tiene la
autoridad política para tratar con otros Estados. Por otro lado, el Estado
tiene soberanía sobre todas las funciones en la sociedad y define las reglas
del juego doméstico. Así los Estados pueden variar en cómo ellos definen sus
arreglos domésticos y cómo ellos exigen su soberanía funcional.
La Tiranía, incluso repulsiva
como se ha vuelto en la sociedad moderna, no ha sido una base para la inhabilitación
de la soberanía estatal.
En esta fundación de
soberanía estatal el sistema de equilibrio de poder se construyó como un
principio ordenante las relaciones internacionales. Puesto que los Estados
entre si son soberanos en relación a otros, ellos deben construir alianzas para
cuidarse contra la dominación del poderoso sobre el menos poderoso. La lógica
de equilibrio-de-poder refleja una lógica sistémica y una realidad histórica en
el siglo 19. En este sistema, Estados fallidos y en procesos de fallar
constituyeron un serio problema.
El sistema tenía una
lógica dual con respecto a Estados fallidos y en proceso de fallar. Fuera del
sistema de equilibrio-de-poder europeo, se subyugaron a los Estados no-europeos
y se hicieron colonias para mantener la
estabilidad. Para prevenir luchas sobre las colonias, la lógica de
equilibrio-de-poder podría aplicarse como esta era con la fundación en 1871 del
Imperio alemán.
El sistema europeo era
un sistema racional que maduró durante la edad de razón cuando los estadistas
hicieron ejercicio de las mecánicas de poder y equilibrio para crear un orden
internacional estable. Más allá de Europa, el sistema estatal se introdujo en
las colonias después de la era del imperialismo, y fue creado de hecho el
sistema internacional y estaba basado en las reglas y funcionalidades del
sistema estatal europeo.
En Asia Oriental, el
orden mundial hasta el advenimiento del imperialismo europeo era uno de Estados
tributarios a China como el reino central cuyas relaciones internacionales eran
basadas en regalos generosos del reino central en respuesta por los magros
tributos de Estados pequeños.
El orden mundial
asiático de un centro próspero y benévolo del que llueven regalos a la
periferia menos próspera era diferente del sistema europeo de imperio del
centro que explotaba a la periferia. Esto era debido al Estado relativo de
avance de la civilización china y el puro tamaño de la economía china que no
necesitó mucho del exterior.
El Oeste tenía que usar la
fuerza para abrir el comercio con China.
El orden mundial,
entonces, era una red de presiones económicas y estratégicas que sostienen un
sistema y reprime a sus miembros para actuar de maneras aceptables a través de
reglas e instituciones normalmente aceptadas. Cuando esas reglas e
instituciones son fijas por un imperio hegemónico, el estatus de Estado fallido
será definido por esas reglas e instituciones. Cuando las reglas de equilibrio
de poder son dominantes, la estatidad fallada es un fenómeno diferente.
Los fracasos estatales
modernos no son asociados con pérdidas en el campo de batalla, sino con luchas
fraccionarias y una crisis de legitimidad que alimenta la lucha, o con la
pérdida de soberanía debido a la globalización. El fracaso del Estado se
conecta inseparablemente con los problemas de autoridad y legitimidad política,
como también con reconocimiento de soberanía. Los principios del orden mundial
definen los cimientos soberanos de legitimidad y autoridad. El tipo de orden
mundial esta conectado directamente a por qué y cómo los Estados fallan, y cómo
se perciben las acciones para remediar fracaso estatal.
LUEGO:
El tsunami de la
privatización
Henry C K Liu es
presidente de de un grupo de inversiones basado en New York.
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